nuevos tiempos en la casa blanca

El espionaje de Obama dejó rastro sobre Rusia

Altos cargos de la Casa Blanca se esforzaron hasta el último momento en dejar pistas e información sobre la injerencia rusa

El empeño, revelado por 'The New York Times', respondió al miedo a que se ocultaran o destruyeran pruebas con la llegada de Trump

Obama sube al helicóptero presidencial por última vez.

Obama sube al helicóptero presidencial por última vez. / AFP / JIM WATSON

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En un mundo tan propenso a las sombras como el del espionaje, hay algo cada vez más cristalinamente claro: pocos de quienes formaron parte de la Administración de Barack Obama y de quienes tenían y tienen un papel en los servicios de inteligencia de Estados Unidos tienen fe en Donald Trump y su gobierno, al menos en lo que respecta a la transparencia o al compromiso en la investigación sobre las acusaciones de injerencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos. Y la última exposición de esa desconfianza ha llegado en las páginas de 'The New York Times', donde un artículo ha desvelado los frenéticos esfuerzos que hasta el último momento del mandato de Obama libraron altos cargos de su Casa Blanca para diseminar información sobre las actividades rusas.

El miedo que se extendió en el 1600 de la Avenida de Pensilvania, según revela el 'Times', era que con la llegada de Trump podrían “ocultarse” e incluso “destruirse” algunas de las pruebas acumuladas en las investigaciones sobre las acciones de Moscú, o revelarse fuentes. Y se decidió actuar preventivamente ante esas posibilidades diseminando lo máximo posible la información obtenida.

LOS TRUCOS

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Los métodos eran variados e incluían, por ejemplo, hacer preguntas en los 'briefings' de seguridad sobre el tema ruso sabiendo que las respuestas que se dieran serían archivadas y podrían ser recuperadas en el futuro por investigadores. También se buscó acelerar el proceso que transforma en análisis el material en bruto acumulado por el espionaje, que incluía comunicaciones interceptadas de altos cargos rusos con contactos asociados a Trump, así como información facilitada por británicos y holandeses sobre encuentros similares en ciudades europeas. Los informes se clasificaban con los niveles de seguridad más bajos que se podía para asegurar que los pudiera ver cuanta más gente mejor. Eso permitía, por ejemplo, subirlos a 'Intellipedia', una herramienta secreta que usan los analistas para compartir información.

Obama, según el 'Times', no dirigió esos esfuerzos.