08 abr 2020

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Los contactos rusos de Flynn disparan las turbulencias en la Casa Blanca

Trump está disgustado con su asesor de seguridad nacional, que mintió y pudo violar la ley

Su frustración con el tumultuoso arranque de su mandato se extiende a su jefe de gabinete y su portavoz

Idoya Noain

Trump, Flynn y Bannon, reunidos en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Trump, Flynn y Bannon, reunidos en el Despacho Oval de la Casa Blanca. / REUTERS / JONATHAN ERNST

Para el mundo exterior, las tres primeras semanas de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos han sido un torbellino, una ráfaga abrumadora de espectaculares y controvertidas acciones y declaraciones diseñadas en una especie de réplica de la doctrina militar del 'shock' y pavor, del dominio rápido. La estrategia, no obstante, no se ha aplicado con particular éxito. También dentro de la Casa Blanca se viven intensas turbulencias. Y la principal, pero no la única, es la crisis generada por Michael Flynn, el general retirado que es asesor de seguridad nacional de Trump y que tuvo contactos polémicos y potencialmente ilegales con altos cargos de Rusia antes de la toma de posesión, sobre los que además mintió.

Trump está particularmente disgustado con Flynn después de que la semana pasada 'The Washington Post' confirmara que el asesor se reunió antes de la toma de posesión con Sergey Kslyak, el embajador de Moscú en Washington. Lo hizo en la víspera de que Barack Obama impusiera sanciones a Rusia por sus ciberintrusiones para influir en el proceso electoral y, en una aparente violación de la ley Logan, que impide a ciudadanos llevar a cabo actividades diplomáticas, llegó a sugerir que la Administración entrante podría anular los castigos.

Para Trump, que de momento mantiene públicamente un silencio extraño en su estilo, lo peor en el 'caso Flynn' no parece ser el polémico contenido de esas conversaciones, partes de las cuales fueron grabadas por los servicios de espionaje estadounidenses, que tienen en su radar a diplomáticos extranjeros. El motivo de su indignación es que su asesor mintió asegurando primero que se había centrado en meras gestiones para preparar una llamada entre Trump y Putin y arrastró con esa mentira al vicepresidente Mike Pence; al jefe de gabinete, Reince Priebus, y al portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, que repitieron la versión de Flynn en distintas declaraciones.

UN PROBLEMA Y UN DILEMA

Todas las fuentes de la Casa Blanca que han hablado con los medios estadounidenses en los últimos días apuntan a que Flynn es visto como “un problema” por Trump, pero señalan también que el presidente está atrapado por un dilema. Y mientras los demócratas intentan que suspenda o revoque al general los poderes que le dan acceso a información y material clasificado, Trump baraja opciones, porque cree que despedir a Flynn podría interpretarse como una asunción de que se ha equivocado. El viernes Flynn habló dos veces con Pence y el fin de semana ha acompañado al presidente a Mar-a-Lago, donde también ha mantenido al menos una reunión con Steve Bannon, el estratega jefe de Trump.

Las fuentes han hablado en prácticamente todos los casos desde el anonimato, mostrando temor a represalias y dejando entrever que en la Casa Blanca de Trump se respira un ambiente de extrema tensión. Y aseguran que la frustración del presidente va más allá de los problemas planteados por Flynn. Está enfadado por el accidentado arranque de su presidencia, y en especial por los problemas que ha afrontado el veto a refugiados e inmigrantes de países musulmanes, que estuvo en vigor solo una semana antes de que lo frenaran los tribunales, habiendo llegado a quejarse de que sus asesores “no le dieron buen consejo” y le obligaron a acelerar la firma de la orden ejecutiva.

Trump está también descontento con algunas de las acciones de Sean Spicer, su portavoz, al que ha llegado a cuestionar directamente incluso por detalles. Y tiene también en su punto de mira a Priebus. Según 'Politico' en la Casa Blanca se está preparando una lista con nombres de potenciales candidatos a reemplazar a su jefe de gabinete, aunque, como en el caso de Flynn, Trump tiene dudas de si un relevo tan trascendental podría ser interpretado de una forma que no desea, como señal de que ha cometido un error en algo tan vital como la formación de su equipo más cercano.