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El veto de Trump es un asunto personal para Silicon Valley

Facebook, Google, Microsoft y Twitter se movilizan legalmente a la causa contra el cierre de fronteras para los refugiados y millones de musulmanes

RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

La página de Google.

La página de Google. / AP / JOERG SARBACH

El cofundador de Google, Sergei Grin, nació en Moscú. La consejera delegada de Oracle, Safra Katz, en Holon (Israel). El padre de Steve Jobs (Apple) era sirio. El padre del cofundador de Reddit, Alexis Ohanian, un refugiado armenio. La lista sigue y sigue. En Silicon Valley, el veto inmigratorio de Donald Trump es algo más que una controvertida decisión política. Es una afrenta personal que afecta además al bolsillo de una industria que vive de reclutar a las mentes más brillantes del mundo. En los últimos siete años, según un estudio del investigador Vivek Wadhwa, el 43% de todas las compañías creadas en el valle de Silicio tuvo al menos a un inmigrante como fundador, datos que ayudan a entender la oposición frontal que están mostrando al cierre fronterizo de Trump.

Noventa y seis compañías tecnológicas se han unido para presentar legalmente sus objeciones al veto migratorio de la Administración Trump, una medida que cierra temporalmente las puertas del país a los refugiados y los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. El decreto está suspendido desde el viernes y su futuro más inmediato se decidirá en un tribunal federal de apelaciones con sede en San Francisco. Es ante ese tribunal donde las tecnológicas han presentado su opinión, a pesar de que no son parte del litigio. El ‘amicus curiae’ lleva la firma de todos los grandes del sector, como Google, Apple, Microsoft, Facebook, Intel o eBay. Amazon no está entre los firmantes porque forma parte como testigo de la demanda que presentaron los estados de Washington y Minnesota y que provocó la suspensión cautelar del decreto de Trump.

"RUPTURA CON LOS CRITERIOS DE JUSTICIA"

“La orden ejecutiva representa una ruptura significativa con los criterios de justicia y previsibilidad que han gobernado el sistema inmigratorio de EE UU durante más de 50 años”, dice la opinión legal de los titanes de Silicon Valley. “La orden impone un daño significativo a las empresas estadounidenses, a la innovación y, por lo tanto, a su crecimiento”, continúa antes de añadir que los inmigrantes y sus descendientes fundaron “más de 200 empresas de la lista de Fortune 500”, donde aparecen las principales compañías del país.

El “veto musulmán”, como muchos han bautizado al arbitrario decreto de una Casa Blanca repleta de ilustres islamófobos como como Steven Bannon o Michael Flynn, ha roto la pasajera sintonía que el nuevo presidente estableció con los capos de la industria tras atacarlos durante la campaña. Poco más de un mes después de ganar las elecciones, Trump invitó a una decena de ellos a su palacio de cristal para tratar de enmendar las relaciones y, más tarde, incluyó a Elon Musk (Tesla) o Travis Kalanick (Uber) en su consejo de asesores empresariales.

Pero el idilio no ha durado mucho. El pasado viernes Kalanick presentó su dimisión como presidente del Consejo de Política y Estrategia, donde se sientan también los ejecutivos de Wall Mart o General Electric. Y pequeñas, pero significativas protestas se sucedieron en la bahía de San Francisco. Los empleados de Google dejaron de trabajar unas horas para protestar contra el veto. Para la más globalizada de las industrias estadounidenses, la mentalidad de sitio de Trump, que ha justificado el veto como una medida para prevenir el terrorismo, es casi una amenaza existencial.

VISAS H-1B

De los 274.000 visados que EE UU concedió a trabajadores cualificados en 2013, las llamadas visas H-1B, el 60% fueron para empleos relacionados con la computación y las nuevas tecnologías. Algunos de esos inmigrantes viven ahora en un limbo y la ansiedad recorre los pasillos de una industria repleta de rostros asiáticos, eslavos, persas y mestizos.