NUEVOS TIEMPOS EN WASHINGTON

El Congreso de EEUU abre la 'era Trump' con bochorno

El presidente electo logra con dos tuits frenar el intento de algunos republicanos de desmontar una oficina anticorrupción

Las Cámaras más conservadoras en décadas se estrenan con una ambiciosa agenda y con el foco en anular la reforma sanitaria

Juramento de la nueva Cámara de Representantes.

Juramento de la nueva Cámara de Representantes. / AFP / JIM WATSON

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17 días de que Donald Trump tome posesión del cargo de presidente de EEUU, su era ha arrancado ya con la inauguración este martes del 115° Congreso, dominado por los republicanos y con la más ambiciosa agenda conservadora en décadas. Y aunque la apertura de la nueva etapa de dominio republicano en Washington podía servir para escenificar el momento triunfal de la derecha estadounidense, ha debutado con un bochornoso episodio de desacuerdos intestinos que se ha solucionado tras un rapapolvo en dos tuits del presidente electo. Es, posiblemente, la primera muestra de una época políticamente esquizofrénica, tanto como se podía anticipar.

Una estructura de poder conservador con pocos precedentes recientes se ha creado con la futura Casa Blanca en manos de Trump y el Congreso salido de las urnas en noviembre, donde  los republicanos disfrutan de mayoría pese a haber perdido dos senadores y seis representantes en la Cámara baja. Y ese combo que pareció insostenible en muchos momentos de la campaña electoral, marcada por las desavenencias públicamente aireadas entre Trump y congresistas y líderes republicanos, ahora empieza a amoldarse y a prepararse para dar un giro conservador a Washington y al país.

LA REFORMA SANITARIA, EN EL PUNTO DE MIRA

La agenda la lidera la promesa compartida por Trump y su Congreso de deshacer la reforma sanitaria de Barack Obama. Y aunque ese asalto a un programa que ha dado cobertura médica a 19 millones de estadounidenses que no tenían seguro se anticipa largo y complejo (complicado aún más por la ausencia de una auténtica alternativa republicana), corona un empeño con el que los republicanos han tenido fijación incluso desde antes de que se aprobara el llamado Obamacare.

La embestida contra la reforma sanitaria se realizará con una herramienta legislativa, denominada “reconciliación presupuestaria”, que permite a los republicanos actuar con mayorías simples. Y ese no es el único de los logros del presidente saliente demócrata que los republicanos tienen en su diana y para los que también han encontrado distintos procedimientos legislativos que les permiten imponerse con 51 votos en el Senado (donde ocupan 52 escaños) o 218 en la Cámara de Representantes (donde son 241). Entre sus objetivos está, por ejemplo, debilitar la reforma financiera, rehacer el código fiscal y relajar regulaciones, anulando muchas de las que Obama ha estado impulsando usando su poder ejecutivo. En especial, cerca de 200 medidas adoptadas por la actual Administración desde junio y que cubren desde medidas medioambientales y salariales hasta normativas sobre tabaco y comidas en las escuelas.

VODEVIL CON LA OFICINA DE ÉTICA

La que debía ser una exhibición de la toma conservadora de Washington, no obstante, se ha oscurecido por una pesadilla, cuando menos de imagen, para los republicanos. El lunes, 119 de ellos decidieron en una sesión secreta en la Cámara baja empezar a dar pasos para desmontar la Oficina de Ética del Congreso, un órgano independiente establecido en el 2008 por un Congreso entonces dominado por los demócratas y que ha tratado de atajar y controlar la corrupción de los legisladores. La medida, a la que mostraron su oposición líderes republicanos como el propio jefe de la Cámara de Representantes,  Paul Ryan, confirmado este martes en su cargo, recibió inmediatamente críticas de los dos partidos y de grupos tanto progresistas como conservadores. Dio alas a líderes demócratas como Nancy Pelosi para afirmar que “evidentemente, la ética es la primera víctima del nuevo Congreso republicano”. Y también –lo que se ha acabado demostrando más importante– enervó a Trump.

Consciente de la abrumadora desconfianza ciudadana hacia el Congreso, y azotado personalmente por las sombras de sus conflictos de intereses, el presidente electo había hecho campaña prometiendo “drenar la ciénaga” de Washington. y el paso dado el lunes por los 119 republicanos lanzaba un mensaje de cualquier cosa menos limpieza, por lo que decidió enmendarles la plana. Lo hizo este martes usando, como acostumbra, Twitter, en dos mensajes en los que, pese a asumir que la Oficina de Ética pueda ser “injusta”, amonestó a los congresistas por errar en sus prioridades. “¡Pongan el foco en la reforma fiscal, la sanidad y tantas otras cosas de mucha más importancia!”, escribió Trump antes de cerrar el mensaje con “#DTS”, el acrónimo en inglés del “drenar la ciénaga”.

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Una vez más, el método sin precedentes de Trump le dio resultados. Poco después de esos tuits los republicanos se reunieron de nuevo y anunciaron que abandonaban los esfuerzos iniciados contra la entidad anticorrupción. Según han contado algunos de los presentes, en la reunión se mencionó la oposición del presidente electo. En un día tan señalado, era un recordatorio para los legisladores conservadores de que Trump pretende ser algo más, mucho más, que quien estampe la firma en sus iniciativas

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