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Alepo: La batalla que decidió el curso de la guerra en Siria

Aunque nadie sabe cuándo acabará el conflicto, lo que parece claro es que Bashar el Asad no va a perderlo y que Rusia e Irán se convierten en superpotencias en la región

Antonio Baquero

Combatientes progubernamentales hacen la señal de la victoria, ayer en una calle de Alepo.

Combatientes progubernamentales hacen la señal de la victoria, ayer en una calle de Alepo. / AFP

Alepo, la ciudad mártir de Siria, escenario de un asedio medieval perpetrado con armamento del siglo XXI, ha caído  en manos del régimen de Bashar Al Asad. Según las autoridades rusas, el Ejército sirio controla ya toda la urbe.  La victoria del dictador sirio en la que fuera localidad más poblada y próspera del país deja una orden de cosas difícilmente revertible: aunque el final del conflicto no parece próximo, está claro que Asad ya no va a perder la guerra. Frente a unas victoriosas tropas del régimen, el bando rebelde, desmoralizado, se bate en retirada.


    La batalla por esta ciudad, que ha terminado cuando la guerra entra en su sexto año, consolida al presidente sirio y a sus dos grandes aliados, Rusia Irán, como los grandes ganadores del conflicto. Y a los rebeldes, TurquíaArabia Saudí EEUU, como los perdedores.
    El régimen de Asad ha pasado en apenas año y medio de estar al borde del derrumbe a conseguir tener en sus manos la mayor parte de la llamada ‘Siria últil’ (el resto del país es desierto) y a arrinconar a los rebeldes a zonas aisladas y, con excepción de su bastión de Idleb, sin impacto estratégico.
    El conflicto, del que la ONU ya no cuenta las víctimas y que según oenegés sobre el terreno ha producido casi medio millón de muertos, sigue activo a la espera de que una negociación de paz a la que los rebeldes acudirán casi sin opciones finiquite la victoria del régimen.


LOS GANADORES

RÉGIMEN SIRIO

Del abismo a saborear la victoria

El dictador sirio, Bashar el Asad, y su régimen son los grandes vencedores de la batalla de Alepo. «Con la caída en sus manos de esa ciudad, el régimen ya controla la mayoría de grandes núcleos urbanos: Damasco, Alepo, Homs,… La ‘Siria útil’ está ya en sus manos, consiguiendo relegar a los rebeldes y a zonas marginales y semidesérticas», señala Ignacio Álvarez-Ossorio, arabista experto en ese país árabe y autor del libro Siria. Revolución, sectarismo y yihad.
    El éxito en Alepo supone una enorme inyección de moral para el Ejército sirio y sus milicias afines, que se sienten cerca de la victoria final. La guerra está lejos de acabar pero lo que ya está claro es que, dure lo que dure, Asad no va a perderla. Su victoria refuerza su figura en la escena internacional, donde hace un año se le consideraba un apestado. De cara a unas posibles nuevas negociaciones de paz, el régimen está en posición de fuerza. El requerimiento de la oposición y de las potencias occidentales de que el futuro del país pasa por la renuncia de Asad es hoy una quimera, a menos que a Rusia le convenga, por su propio interés, su salida.

OMAR SANADIKI / REUTERS

Un cartel con la foto de Asad a la entrada de Alepo.

RUSIA

Apuesta exitosa que la convierte en potencia regional

En septiembre del 2015, Vladimir Putin se lanzó al rescate de Asad e inició así la mayor operación militar de Rusia fuera de su zona de influencia desde la caída de la Unión Soviética. Y la jugada no ha podido salirse mejor. «El 2016 ha sido el año de Rusia. Su estrategia le ha salido perfecta. Ninguna potencia ha querido o ha sido capaz de aguantarle el pulso», señala Álvarez-Ossorio.
    La intervención ha sido tan intensa que, como señala Álvarez Osorio, «el liderazgo militar en Siria lo están llevando Rusia e Irán, que mandaban sobre el mando sirio».  Un año después, Rusia es el actor principal de la guerra en Siria, incluso con un papel más decisivo que el propio régimen sirio. La ausencia de una opinión pública rusa capaz de criticar unos bombardeos que han acabado con la vida de miles de civiles ha dejado las manos libres a Putin para actuar sin piedad --ha empleado bombas incendiarias y antibunker-- y facilitar no solo la supervivencia del régimen si no su victoria militar. 
    Además de sostener en Siria a un régimen aliado, su intervención en el país ha permitido a Rusia convertirse en potencia dominante en Oriente Próximo, una región donde hasta hace poco era marginal. No solo ha ampliado sus bases militares en Siria, donde tiene desplegados a miles de militares, sino que ha puesta a prueba y mejorado su aviación de combate e incluso ha logrado doblegar la voluntad de Erdogan.

SANA / AP

Evacuación de civiles de Alepo.

IRÁN

Un corredor chií hasta las puertas de Israel

El régimen iraní, antes incluso que Rusia, apostó por mantener a Asad en el poder. Irán, la gran potencia del chiismo, no quería arriesgarse a la caída del régimen aliado chií en Damasco. Por eso, se proporcionó financiación, armas, mandos militares y miles de combatientes. Irán ha desplegado en Siria a un descomunal ejército de 70.000 milicianos chiís. Hay libaneses de Hizbolá, iraquís de las Milicias de Movilización Popular, iranís del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní y del propio Ejército de Irán, así como a afganos de la División Fatimí, e incluso paquistaní y palestinos.
    Irán ha gastado en los casi seis años de guerra de siria casi 90.000 millones de euros y ha instalado en ese país, que casi gestiona como un protectorado, 13 bases militares. Pero la inversión está funcionando. Con la victoria en Alepo, Irán se convierte en la potencia regional más poderosa, por delante de Turquía o Arabia Saudí, pues controla en la sombra los Gobiernos de Bagdad y Damasco. Y sobre todo porque ha logrado establecer un corredor terrestre que, sin obstáculo alguno, comunica Irán, con el norte de Irak y Siria hasta el Líbano. Es decir, hasta la frontera de Israel. 

AFP / STRINGER

Una familia siria huye de Alepo.

LOS KURDOS

Oportunidad para un territorio autónomo

Los kurdos, la comunidad más maltratada durante décadas en la región, han aprovechado la oportunidad que le ha ofrecido la guerra de Siria. Han consolidado varias zonas en el norte del país, un territorio que han bautizado como Rojava, y que funcionan al margen del régimen, con el que mantienen un pacto de no agresión. Los kurdos no pretenden derribar a Asad y, a cambio, este no les ataca. Su posición antiyihadista los ha convertido en aliados imprescindibles de EEUU en Siria, que los utiliza de punta de lanza contra el Estado Islámico. Así, las Unidades de Protección Popular, que así se llaman las fuerzas kurdas han obtenido sonadas victorias contra los yihadistas. Los kurdos son mayoría también en las Fuerzas Democráticas Sirias, una milicia kurdoárabe patrocinada por EEUU, para combatir a los yihadistas y que está llamada a jugar un papel principal en la toma de Raqqa, la capital del EI.

REUTERS / ABDALRHMAN ISMAIL

Bombardeo sobre Alepo.

LOS PERDEDORES

REBELDES SIRIOS

Desmoralizados y derrotados

La miríada de grupos rebeldes que desde el 2011 luchan contra Bashar el Asad han quedado damnificados por esa derrota. Al perder Alepo pierden la principal ciudad donde estaban establecidos y se quedan sin un símbolo de la resistencia. El golpe moral es enorme y se impone la sensación de que la guerra se ha perdido. Ahora, los rebeldes ya solo aguantan en zonas aisladas entre sí y desde donde su capacidad de poner en jaque al régimen es casi nula. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los rebeldes ya solo controlan el 15% del territorio sirio. 
    Su última plaza fuerte es la provincia de Idlib, en el noroeste del país, donde impone su ley el Ejército de la Conquista, una alianza de grupos rebeldes islamistas, que colabora con los yihadistas de Fatah el Sham, la antigua filial de Al Qaeda en Siria. Esta provincia aún mantiene las vías de comunicaciones abiertas con Turquía, de donde reciben la mayor parte de suministros.  En el sur del país, en  Deraa, la ciudad donde nació la revuelta, los rebeldes aún controlan algunas localidades. Así mismo, se mantienen firmes en Ghouta, un suburbio de Damasco.

AFP / GEORGE OURFALIAN

Un tanque del régimen sirio avanza en Alepo.

ESTADOS UNIDOS

Influencia menguante por incomparecencia

Durante décadas, EEUU ha sido la potencia dominante en Oriente Próximo. La guerra de Siria ha liquidado ese papel. La tibieza mostrada por Barack Obama, que por no meterse en el avispero sirio evitó apostar por el derribo de Asad, acabó permitiendo que otras potencias –Irán y Rusia- ocuparan ese espacio.
    Ahora, EEUU juega un papel marginal en el conflicto. No ha podido ejercer ninguna influencia para frenar las sucesivas masacres de civiles que han perpetrado Rusia y el régimen sirio. Washington solo cuenta en lo que se refiere al combate contra el Estado Islámico. Su presencia militar se reduce a entre 200 o 300 hombres que operan en apoyo de la milicia kurdoárabe.  Además, el presidente electo, Donald Trump, por lo que ha anunciado hasta ahora, va a apostar por sumarse a la estrategia de Rusia y no descarta incluso apoyar a Asad.

AFP / GEORGE OURMALIAN

Soldados de régimen en la ciudad de Alepo.

TURQUÍA

Obsesionada con el cinturón kurdo

El Gobierno de Turquía ha visto como los rebeldes, a los que ha apoyado y con quien incluso ha enviado a luchar a militares turcos, se han hundido. Ankara se ha quedado ahora sin referentes en el país. Turquía, a la que se acusa de haber hecho la vista gorda con la entrada a Siria a través de su territorio de miles de voluntarios yihadistas que querían unirse al Estado Islámico, ha apoyado a los rebeldes turcomanos y a distintas facciones de rebeldes árabes -muchas de ellas islamistas- primero derribar a Asad y ahora para, esencialmente, frenar el avance de las fuerzas kurdas. La obsesión de Ankara era evitar que los kurdos lograran unir los tres enclaves que controlan en el norte de Siria, y a los que acusan de servir de base para el PKK, y crear así un cinturón y una región semiautónoma. Por el momento lo han conseguido, pero el hundimiento rebelde amenaza con que ese ente kurdosirio, que está apoyado además por EEUU, puede hacerse realidad. Sin los rebeldes, su capacidad de ser un actor influyente en Siria, un país vecino, se ha diluido, lo que deja a Ankara a merced de acontecimientos que gestionan rivales regionales como Rusia e Irán.

MSF / KARAM ALMASRI

Un niño de cinco años tras ser herido en un bombardeo del régimen.

ARABIA SAUDÍ Y CATAR

Petrodólares sin impacto

Los petrodólares procedentes de Arabia Saudí y Qatar han sido durante todos estos años la principal fuente de financiación de la mayor parte de facciones de los rebeldes sirios. La aspiración de Riad y Doha era hacer caer el régimen chií de Asad y que este fuera reemplazado por un Gobierno dominado por los sunís.
    En el tablero regional de Oriente Próximo, donde el sunismo –abanderado por Arabia Saudí y Qatar- y el chiísmo –por Irán- se enfrentan en una guerra a muerte por conseguir la primacía, Siria era el enclave estratégico que podía hacer bascular la región a un lado u otro. Y lo sunís han perdido. Por ello, Arabia Saudí, liderando una coalición de países sunís, se han embarcado, por el momento sin éxito, en la guerra de Yemen, para frenar al movimiento Huzi, que también es chií. 

AFP / YOUSSEF KARWASHAN

Decenas de civiles intentan huir de Alepo.

UNIÓN EUROPEA

Otra prueba de incapacidad exterior

La guerra de Siria ha demostrado, por enésima vez, la incapacidad de la Unión Europea de ser un actor influyente en la comunidad internacional. Sin agenda, sin aliados, sin información sobre el terreno, la UE no ha existido como actor en un conflicto que sí ha tenido graves consecuencias como son la oleada de refugiados y las acciones terroristas de Francia y Alemania, ordenadas desde las bases del Estado Islámico en Siria.

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