Plan ecologista anti-Trump

Los defensores del medio ambiente se arman legalmente para hacer frente a la embestida del presidente electo y evitar que el nuevo gobierno desmantele el legado de Obama

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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La semana pasada llegó al Departamento de Energía un cuestionario con 74 preguntas enviado por el equipo de transición de Donald Trump. Entre otras cosas, pedía a los jefes de la agencia que identifiquen con nombre y apellidos a los trabajadores que han asistido a conferencias relacionadas con el cambio climático o que hayan trabajado en programas relacionados con el clima. Los responsables de Energía se negaron a aportar los nombres requeridos, pero a nadie se le escaparon las implicaciones de la misiva. ¿Era una táctica intimidatoria? ¿El primer paso para poner en marcha una purga? “Estoy seguro que hay muchos científicos de carrera y otros (funcionarios) que ven esto como un terrible mensaje de miedo e intimidación”, dijo el diputado demócrata, Elijah Cummings.

El cuestionario es otra advertencia más sobre las intenciones del futuro gobierno de Trump, que ha confeccionado un gabinete repleto de aliados de las industrias fósiles, muchos de ellos hostiles como él al consenso abrumador de los científicos sobre el cambio climático. “Vamos a eliminar todas las regulaciones ineficientes que destruyen empleos”, dijo el presidente electo el pasado martes en un mitin. “Cancelaremos las restricciones a la producción de energía estadounidense, incluyendo las que afectan al esquisto (fracking), el petróleo, el gas y el hermoso carbón limpio”. Trump ha prometido crear medio millón de empleos anuales con su nueva política energética.

CAMBIO DE PRIORIDADES

Los ecologistas están alarmados por el cambio de prioridades que se atisba. “Desde la Administración Bush no habíamos visto una banda semejante de negacionistas climáticos. Es preocupante porque en los últimos ocho años Estados Unidos ha pasado de ser el mayor obstáculo en la lucha contra el cambio climático al líder mundial en los esfuerzos para combatirlo”, asegura Javier Sierra, portavoz del Sierra Club. No solo fue la Administración Obama la que impulsó el Acuerdo del Clima de París, sino que las renovables han avanzado notablemente en EE UU bajo su mandato. La energía eólica ha crecido más de un 100% y la solar se ha multiplicado por 20. Las emisiones de dióxido de carbono se han reducido.

Los ecologistas saben que se enfrentan a la batalla de sus vidas, y para hacer frente a la Administración Trump, están redoblando sus equipos legales para litigar en los tribunales, contratando a lobistas y buscando aliados en el Senado para tratar de impedir la confirmación de los ministros de Trump, según varias fuentes consultadas. “Todos teníamos grandes planes para la Administración Clinton, pero ahora estamos a la defensiva, reorganizándonos para evitar que se desmantelen los logros de los últimos años”, dice una fuente de una fundación que financia a organizaciones dedicadas a la conservación de la naturaleza.

AUMENTO EN DONACIONES

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Una de las consecuencias positivas del triunfo de Trump es el aumento espectacular de las donaciones a los grupos medioambientales. “Estamos consiguiendo cifras récord porque la gente tiene miedo a que haya un retroceso en la protección del clima, el agua y el aire”, dice Sierra. También los científicos están tomando medidas. Varios grupos se han enfrascado en una carrera contra el tiempo para copiar décadas de datos sobre la evolución del clima porque temen que la Administración Trump los borre o acabe con el programa de la NASA que se dedica a registrarlos. Al frente de su equipo de transición en la agencia ha puesto a Christopher Shank, un escéptico del calentamiento global que ha criticado a la NASA por publicar informes como aquel que dijo que 2015 fue el año más caliente de la historia.

Los expertos sostienen que Trump no podrá cambiar de un plumazo algunas de las regulaciones impuestas en los últimos años, como la que obliga a las eléctricas a reducir notablemente sus emisiones, una ley que los republicanos han llevado hasta el Tribunal Supremo. Y por más que quiera revitalizar industrias como el carbón se topará con las fuerzas del mercado y los planes ya en marcha de muchas empresas para transitar hacia un modelo energético más sostenible. Pero todos coinciden en que será una batalla cuesta arriba. “Hay muchas cosas que podrá deshacer desde la EPA o Interior, secándo los fondos para la implementación de ciertas regulaciones o dejándolas de defender en los tribunales”, dice el presidente de Amigos de la Tierra, Erich Pica. “No será fácil pero vamos a luchar con todos los medios a nuestro alcance”.