China, líder medioambiental por abandono

Pekín no variará su compromiso con el cambio climático a pesar de la renuncia estadounidense y confía su futuro económico al desarrollo del sector de las energías renovables

Dos chicas se protegen de la contaminación en Pekín, en una imagen de archivo.

Dos chicas se protegen de la contaminación en Pekín, en una imagen de archivo. / AFP / GREG BAKER

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Sólo en un mundo con Donald Trump, China, el país más contaminante y contaminado, puede erigirse en el paladín contra el cambio climático. El presidente electo ha roto la saludable bicefalia que había consagrado el acuerdo de París del pasado año. Las dos potencias habían lastrado los avances durante décadas al entender que cualquier recorte le daba ventaja a su rival. El comunicado conjunto sobre sus compromisos en las vísperas del G-20 finiquitaba la desconfianza y resucitaba un acuerdo que ya se deslizaba hacia el fracaso de Kyoto.

Llegó Trump y mandó parar. El cambio climático es un invento chino para embridar la industria estadounidense, dijo el millonario neoyorquino, sin atender a que Ronald Reagan ya empezó a tomarse el asunto en serio. Su delirante elección para la Agencia de Protección Medioambiental de un negacionista del cambio climático y afín a la industria petrolera revela que, al menos en materia ecológica, cumplirá su palabra. “Si Estados Unidos es deshonesta, dañará a todo el mundo y disminuirá la presión moral al resto de países en un momento en que son necesarios planes más veloces y profundos”, señala por email Isabel Hilton, experta en medioambiente chino y editora de la web especializada 'China Dialogue'.

La renuncia estadounidense habría precipitado la de China en aquella vieja lógica competitiva. Pero Pekín ya ha anunciado que nada cambiará su hoja de ruta y que liderará en solitario la batalla. Pekín pretende alcanzar su pico de emisiones en 2030 y los expertos opinan que podría conseguirlo incluso a principios de la década de 2020. Los esfuerzos no han sido escasos ni tibios. La industria pesada sobre la que descansaban algunas economías regionales ha sido diezmada en un doloroso proceso que ha disparado el desempleo. La jubilación de un modelo basado en el carbón no se discute.

CENTRALES EÓLICAS

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China contamina más que Estados Unidos y Europa juntos, pero también invierte más que ambos en energías renovables. El pasado año gastó 103 mil millones de dólares en renovables, instaló la mitad de las centrales eólicas del mundo y produjo un tercio de la energía solar. A China le sobran las razones para dar el paso adelante: una calamidad medioambiental causado por el desarrollismo hiperbólico que urge reparar, el lustre a su turbia reputación global que conferirá la ecología y, sobre todo, la economía. “China está bien posicionada para asumir el liderazgo desde el punto de vista financiero, moral y tecnológico”, añade Hilton.

El último Plan Quinquenal prevé que China se convierta en el líder mundial de las energías renovables. Es un sector sin el monopolio de patentes occidentales y con un amplio margen para la innovación. Pekín quiere ocupar ese vacío para producir y exportar los paneles solares y plantas nucleares que necesita el mundo. Las energías renovables ya emplean a 3,5 millones de trabajadores en China, por apenas 769.000 en Estados Unidos. El sangrante contraste revela los nuevos tiempos: Pekín fía su futuro económico al sector de las energías limpias mientras Trump pretende generar empleo resucitando la industria pesada.