Ir a contenido

Análisis

Otra «insurrección electoral»

Fillon procede del gaullismo social y se alinea con la derecha más tradicional

JOSÉ A.SOROLLA

François Fillon, en una rueda de prensa.

François Fillon, en una rueda de prensa. / Gonzalo Fuentes (REUTERS)

Los electores franceses de derecha y de centro que participaron ayer en las primarias abiertas cometieron lo que Hubert Védrine llama una «insurrección electoral». El exministro de Asuntos Exteriores socialista y excolaborador de François Mitterrand se refiere sobre todo a lo ocurrido en EEUU con Donald Trump y en otras democracias occidentales, pero el feliz hallazgo sirve también para esta elección interna en Francia. Acudieron a las urnas cuatro millones de votantes, que es toda una lección para elegir un candidato de la derecha a las presidenciales cuando en otros países y partidos funciona la democracia digital, de dedo, claro.

Esos electores se rebelaron contra lo que estaba programado -victoria de Alain Juppé, seguido de Nicolas Sarkozy— y eligieron, con más de 15 puntos sobre el primero y más del doble de votos que el segundo, a François Fillon. Fue primer ministro de Sarkozy, aunque el presidente más de una vez le despreció llamándole simplemente «colaborador». Ahora, el colaborador ha acabado con la carrera política de su jefe. La derrota inapelable de Sarkozy es la otra noticia de la noche electoral porque no ha sido capaz de llegar a la segunda vuelta ni con el dominio del aparato del partido Los Republicanos, a cuya presidencia volvió tras su regreso a la política después de haberla abandonado al perder frente a François Hollande en el 2012. Sarkozy repitió en esta primaria la política de confundirse con el Frente Nacional para robarle electores y parar su ascenso. Fracasó con esta estrategia en el 2012 y ha vuelto a fracasar ahora.

Juppé, por el contrario, basó su campaña en la idea opuesta de que para derrotar a Marine Le Pen en las presidenciales de mayo próximo -todo el mundo da por supuesto que la hija de Jean-Marie pasará a la segunda vuelta—, lo mejor es alejarse de su populismo y su xenofobia, ampliar el campo y ganar votos en el centro y entre los decepcionados por Hollande. Hasta ahora, los sondeos daban a Juppé ganador con diferencia sobre Le Pen, mientras que el duelo Sarkozy-Le Pen era más igualado. Los electores, sin embargo, han preferido a Fillon, que será el ganador el próximo domingo si no se produce un nuevo vuelco, ya que Sarkozy ha pedido el voto para él. Sin fijarse tanto en Marine Le PenFillon se ha presentado como el candidato de la «verdadera» ruptura, con un programa liberal thatcheriano (descenso de 110.000 millones de euros en el gasto público, jubilación a los 65 años, fusión de pensiones públicas y privadas, regreso a la semana de 39 horas), aunque el concepto liberal siempre hay que ponerlo en cuarentena en Francia, donde todos los partidos son intervencionistas y partidarios del Estado fuerte. El mismo Fillon procede del gaullismo social, se alinea con la derecha más tradicional en su oposición, por ejemplo, al matrimonio homosexual y en política exterior defiende concepciones gaullistas como el acercamiento a Rusia. Su triunfo de ayer es determinante porque, si lo confirma el domingo, con la izquierda dividida e incapaz de pasar a la segunda vuelta en mayo, será probablemente el próximo presidente de Francia.