10 abr 2020

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Marine Le Pen marca el paso

La líder del ultraderechista Frente Nacional logra imponer su agenda en la política francesa pero es improbable que llegue al Elíseo

Eva Cantón

Marine Le Pen.

Marine Le Pen. / REUTERS / CHRISTIAN HARTMANN

Marine Le Pen tiene el viento del populismo a favor y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha dado esperanzas al sueño de los militantes del Frente Nacional de verla instalada en el Elíseo en mayo del 2017.

La líder ultraderechista interpreta la llegada a la Casa Blanca del magnate norteamericano como el advenimiento de un “nuevo mundo” del que serán desterradas las élites políticas que gobiernan de espaldas al pueblo. Sumada al 'brexit', la rebelión anti-sistema del otro lado del Atlántico ofrece a Le Pen la oportunidad de presentarse ante los electores como una opción de cambio creíble.

El contexto internacional y doméstico -marcado por un  profundo descontento social tras años de crisis económica que ha disparado las desigualdades con sus recetas neoliberales- le ha puesto las cosas fáciles. Los temas clásicos del Frente Nacional han impregnado de manera natural la agenda política y quien habla de frenar la inmigración, vigilar al islam o defender los valores de la República ya no es sólo Marine Le Pen.

Los discursos alertando de que Francia puede sufrir una sacudida similar a la de Estados Unidos son moneda corriente a izquierda y derecha. Sin embargo, aunque el Frente Nacional (fundado en 1972 por Jean Marie Le Pen) ha roto el tradicional bipartidismo, sigue siendo rehén de su techo electoral.

Fue lo que pasó en diciembre del 2015. A pesar de tener más de 6 millones de votos y el 28,4% de respaldo a nivel nacional, no logró la victoria en ninguna región francesa, porque el frente republicano cortó en seco sus aspiraciones. Es el escenario que podría repetirse en el 2017 a la vista de las diferencias entre el sistema electoral francés (mayoritario en dos vueltas) y el norteamericano (indirecto a una vuelta).

“Si el pueblo quiere, el pueblo puede”, repite Marine Le Pen, sin querer vislumbrar el escenario de la derrota, en su nuevo cuartel general de campaña bautizado como ‘La escala’ e instalado en una arteria que conduce directamente al Palacio del Elíseo: el 262 del Faubourg Saint-Honoré, cerca del Arco del Triunfo.

UNA ROSA AZUL SIN ESPINAS

Allí ha desvelado esta semana el subversivo logotipo de la campaña, una rosa azul horizontal de tallo largo y sin espinas sobre la que aparece el eslogan ‘Marine presidenta’. Un doble símbolo que expresa la voluntad de superar la frontera ideológica entre izquierda y derecha al unir la tradicional rosa socialista con el color azul, emblema de la formación ultraderechista.

Desde allí seguirá construyendo su imagen de candidata con su equipo de campaña, sin prodigarse mucho en los medios para mantener esa distancia propia de los presidentes ante la batalla política cotidiana. Su objetivo es tranquilizar a los franceses, convencerles de que votar al Frente Nacional no es ninguna anomalía. Pero detrás de la nueva voz sosegada de Le Pen el ideario ultranacionalista, racista y xenófobo, sigue intacto.

Al alinearse con las tesis de Donald Trump y Vladimir Putin, la líder del Frente Nacional no está sola en la escena internacional mientras en Francia sigue atrayendo a los desencantados de François Hollande, lastrado por un pésimo índice de popularidad.