EMOTIVA REAPARICIÓN DE LA EXCANDIDATA DEMÓCRATA

Hillary Clinton: "No quería volver a salir de casa"

La ex secretaria de Estado comparece por primera vez desde que perdió las presidenciales ante Donald Trump

Clinton,  sin maquillaje y con ojeras muy visibles, ha confesado que ha vivido momentos muy complicadoa, incluido el no volver a salir de su casa. / ATLAS

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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Tras una semana de silencio e introspección, el tiempo transcurrido desde que concedió su derrota en las elecciones del 8 de noviembre frente a Donald Trump, Hillary Clinton compareció por primera vez en un acto público. Lo hizo visiblemente emocionada, luchando una vez más por contener las lágrimas. “Tengo que admitir que no ha sido nada fácil venir esta noche”, dijo la excandidata demócrata durante una gala del Fondo para la Defensa de los Niños, la organización en la que empezó su carrera de abogada tras licenciarse en la universidad. “Ha habido unos pocos momentos durante esta semana en los que todo lo que quería era acurrucarme con un buen libro o nuestros perros y no volver a salir de casa”, confesó el miércoles sin llegar a perder la compostura.

No es difícil imaginar el grado de abatimiento que debe haber sentido la ex secretaria de Estado, una mujer que acarició la nominación demócrata en las primarias del 2008 y la presidencia hace solo unas semanas, cuando llegó a liderar las encuestas por 12 puntos en la recta final de la campaña. Muchos piensan aquí que no fue Trump quien ganó las elecciones, sino Clinton quién las perdió. Apenas hizo campaña en feudos demócratas como Wisconsin y Michigan que acabaron decantándose contra pronóstico a favor del magnate. No logró ilusionar al país con un mensaje convincente de futuro ni quitarse de encima la reputación de política deshonesta. Tampoco fue capaz de adaptar lo suficiente su mensaje al apetito populista de los tiempos.

Al final sacó más votos que Trump, pero perdió claramente en el colegio electoral (306 frente a 232), los votos asignados a cada estado. La diferencia fue mínima en varios de ellos, pero suficiente para enterrar a la dinastía Clinton y retrasar que una mujer ocupe por primera vez el trono republicano de Estados Unidos. La semana pasada, en una teleconferencia con sus donantes, la ex primera dama culpó al director del FBI, James Comey, de su derrota. El mismo Comey que, a 11 días de las elecciones, reabrió la investigación sobre sus ‘e-mails’ sin tener nada tangible que lo justificara y la cerró sin más a dos días de la votación. Aquellas sospechas precipitaron la recuperación ya en marcha de Trump en las encuestas.

"NO OS RINDÁIS NUNCA"

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“Yo sé que muchos estáis decepcionados con el resultado. Yo también lo estoy, mucho más de lo que puedo expresar”, dijo Clinton el miércoles. “Sé que en la última semana mucha gente se ha preguntado si EEUU es el país que creían que era”. Pero “tenéis que creer en vuestro país, luchar por vuestros valores y nunca rendiros”, les dijo a sus seguidores. Miles de personas no han dejado de protestar en las calles contra Trump desde hace una semana, una protesta que, siendo legítima, no deja de ser contra la esencia de la democracia, ese orden que asigna a la soberanía popular la potestad de elegir quién gana.

Al igual que ha hecho el presidente Barack Obama, Clinton ha evitado escarbar en la discordia, aunque en su discurso mandó un mensaje inequívoco a Trump. “Ningún niño debería tener miedo de ir al colegio porque es hispano, afroamericano, musulmán o discapacitado”. En su partido, el examen de conciencia ha comenzado y también los intentos de recalibrar el mensaje. “Hemos escuchado al pueblo estadounidense”, dijo ayer Charles Schumer, el nuevo líder de la minoría demócrata en el Senado. “Sentían que el gobierno no estaba funcionando para ellos. En muchos lugares sintieron que la economía estaba amañada en su contra y que el Gobierno estaba demasiado hipotecado por el dinero y los intereses especiales”. Eso es lo que se hartó a decir Bernie Sanders durante la campaña. No le hicieron caso.