Suecia reabre la investigación del asesinato de Olof Palme

Las pesquisas pasan a manos de un fiscal estrella, famoso por resolver casos difíciles

Olof Palme, en 1984, dos años antes de ser asesinado en Estocolmo.

Olof Palme, en 1984, dos años antes de ser asesinado en Estocolmo. / AFP / TOBBE GUSTAVSSON TT

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Josep Saurí
Josep Saurí

Periodista

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El asesinato de Olof Palme sigue siendo, más de 30 años después, una cuenta pendiente de Suecia consigo misma. Por el trauma que causó la desaparición del entonces primer ministro, un referente mundial --más que en su propio país-- de compromiso democrático y con los derechos humanos, y por ello mismo coleccionista de poderosos enemigos; pero también por lo desastroso de una investigación policial que, ya fuera por incompetencia o por mala fe, fue incapaz de aclarar el crimen. Por complicado que parezca que las respuestas que no se han hallado en tres décadas puedan revelarse ahora, la justicia sueca ha decidido reabrir la investigación. Y no solo eso, sino que la ha puesto en manos de un fiscal estrella, Krister Petersson, famoso por haber resuelto casos enormemente complejos durante sus 20 años al frente de la fiscalía de Estocolmo. "Me siento honrado y acepto la misión con la mayor de las energías. Es una tarea interesante e importante", afirmó en un comunicado.

Fue Petersson quien dirigió con éxito la investigación sobre el asesinato, en el 2003, de la ministra de Asuntos Exteriores, Anna Lindh, apuñalada en un supermercado de la capital sueca por un individuo con problemas mentales cuatro días antes del referéndum sobre la entrada del país en la zona euro. Asímismo, lideró las pesquisas sobre John Ausonius, conocido como el 'asesino del láser', quien a principios de los 90 intentó asesinar a 11 inmigrantes, de los que uno murió.

UN SOLO ACUSADO

La noche del 28 de febrero de 1986, Palme fue asesinado a tiros a sangre fría en pleno centro de Estocolmo. Había ido al cine con su esposa, Lisbeth, y volvían a casa a pie y sin escolta. La policía no fue capaz de hallar ni al asesino, ni el arma homicida –que nunca apareció–, y ni siquiera los casquillos –los encontraron unos transeúntes días después–. La investigación avanzó a trompicones, dando bandazos, siguiendo muchas pistas pero dejando sin explorar otras muchas. Hasta llegar a (otro) Christer Pettersson, un politoxicómano a quien la viuda de la víctima identificó como autor de los disparos. En 1989 fue declarado culpable, pero meses más tarde fue absuelto por un defecto procesal y falleció en el 2004 en extrañas circunstancias. 

Durante estas tres décadas han sido interrogadas cerca de 10.000 personas, e incluso ha habido 134 que se han declarado autoras del magnicidio. Los documentos relativos a la investigación ocupan 250 metros de estanterías. Hasta ahora, para nada.

LAS TEORÍAS

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Pettersson fue "muy probablemente" quien apretó el gatillo, decía en el 2009 a EL PERIÓDICO el periodista Ramon Miravitllas al presentar su libro 'Pero ¿quién mató a Olof Palme?'. en el que detallaba el rosario de teorías más o menos conspiratorias desgranado a lo largo de todos estos años. Porque de lo que se trata es de quién estuvo detrás. La lista de candidatos es tan larga como la de aquellos para quienes el visionario líder socialdemócrata, impulsor del Estado del bienestar en su país y radicalmente pacifista e igualitarista en política internacional, era incómodo: la CIA, por supuesto –un exagente llegó a reconocer su implicación–, pero también el KGB, y el Mosad, y los servicios secretos del Chile de Pinochet y la Sudáfrica del 'apartheid', independentistas kurdos y ultraizquierdistas alemanes, sin olvidar a la extrema derecha de su país, que le consideraba un peón de Moscú, y a sectores vinculados a la industria armamentística.

Miravitllas cerró su libro con estas palabras del entonces secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar: "Yo hice que Palme presidiera la comisión para la prohibición de la venta de armas a Irán e Irak durante la guerra. Cuando le reeligieron primer ministro le dije: 'Sé que ahora tendrás compromisos que no te permitirán seguir, por tanto te relevo'. Pero me respondió: 'No quiero dejarlo'. Yo no se lo tenía que haber permitido nunca. Nunca".