Trump conquista la Casa Blanca

El republicano da la sorpresa y se impone a Hillary Clinton en una agónica noche electoral

Trump hace el signo de la victoria, en su discurso tras proclamarse vencedor de las elecciones. / AP

Trump hace el signo de la victoria, en su discurso tras proclamarse vencedor de las elecciones.
Donald Trump se ha convertido en el nuevo presidente de los Estados Unidos de América. Las encuestas vaticinaban, con un margen muy ajustado, que sería Hillary Clinton, la candidata demócrata, la que iba a convertirse en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos.
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Una pantalla muestra los resultados.

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Terremoto político en Estados Unidos: Donald Trump será presidente. En contra de todas las predicciones de las encuestas, el candidato republicano le ha dado la vuelta al mapa electoral imponiéndose a Hillary Clinton en una noche larga y de infarto. Una victoria que se ha cocinado él solo, sin el apoyo del partido, sin una estructura de campaña digna de ese nombre y con todo el ‘establishment’ del país en su contra, desde los medios de comunicación a los peces gordos de Wall Street. Su discurso, trufado de insultosdemagogia y miedo, ha convencido a la mitad del país. Los estadounidenses han apostado por el cambio. Un cambio radical que cuestiona principios básicos de su sistema y que llevará al populismo xenófobo hasta el epicentro del poder mundial.

Antes incluso de que el ‘Trumpxit’ se consumara, los mercados internacionales reaccionaron con caídas ante la perspectiva de una presidencia del magnate inmobiliario, que cuestiona el libre comercio y está dispuesto a embarcarse en una guerra comercial con potencias como China y México. La incertidumbre será la norma de los próximos días. La revuelta del presentador de reality shows, quien se hizo famoso despidiendo a los concursantes, ha sido impulsada desde las zonas rurales y los estados industriales del Medio Oeste, una región que no votaba republicano desde los tiempos de Reagan.

Esa es la América abandonada por el tren del progreso, una América que se siente maltratada por la globalización y los cambios tecnológicos. El proletariado blanco le ha ganado la batalla a las minorías. Después de décadas de indiferencia, se ha echado en brazos del único que les ha dicho lo que querían escuchar y ha hecho causa por ellos. La bofetada a las élites ilustradas y el entramado institucional del país es sonada.  

Trump ha conquistado FloridaOhioCarolina del Norte y lleva ventaja en otros estados decisivos como Pensilvania y Michigan a falta del recuento definitivo. Los encuestadores deberían buscarse otro trabajo. Y los analistas también. Los márgenes han sido muy apretado, lo que evidencia la fractura del país en dos mitades, pero suficientes para conquistar los 270 votos electorales, el número mágico que garantiza la Casa Blanca.

La victoria de Trump irá acompañada por el más que probable control republicano de las dos cámaras del Congreso, lo que garantizaría cuatro años de rodillo absoluto si el magnate es capaz de pacificar la guerra civil de su partido. Pero no acaba ahí la cosa porque los conservadores podrán decantar el equilibrio ideológico del Tribunal Supremo llenando la vacante de Antonin Scalia. El golpe para la América progresista podría ser brutal. Derechos como el aborto o el matrimonio homosexual podrían retroceder décadas en el tiempo.   

En la sede de la campaña de Clinton todo eran caras alicaídas, como si una plaga de langostas hubiera arrasado el país y esas esperanzas de devolverle la unidad pisoteada durante la tempestuosa campaña. Poco después de que la tragedia empezara a tomar forma, Clinton publicó un tuit abrazando a una niña que sonaba a lamento y despedida. “Este equipo tiene mucho de lo que sentirse orgulloso. Pase lo que pase, gracias por todo”. EE UU ha sido capaz de elegir a un afromericano, pero le ha vuelto a cerrar la puerta a una mujer.

Con Trump, el futuro es completamente imprevisible, pero el mundo debería esperar un cambio fundamental de prioridades. El millonario neoyorkino niega el cambio climático, simpatiza con los regímenes autoritarios, cultiva la islamofobia, quiere reactivar Guantánamo y considera a la OTAN una institución “caduca”. Vladimir Putin es el vencedor colateral de estas elecciones. Barack Obama el gran perdedor.

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En el plano interno, su presidencia puede ser traumática para amplios sectores de la población. Trump ha prometido deportar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que hay en el país. Cuestiona las leyes de la libertad de prensa, ha prometido enjuiciar a Clinton y revocar la reforma sanitaria de Obama. Los economistas auguran una recesión si pone en práctica sus políticas comerciales. Cuesta pensar que llevará a cabo sus propuestas más extremistas, pero si los republicanos mantienen el poder del Congreso, la responsabilidad de frenarlas recaerá en sus correligionarios, un partido que hace mucho tiempo que se alejó de la moderación. Es de presumir también que la contestación en la calle sea mayúscula, teniendo en cuenta las protestas que han deparado los mítines durante la campaña.

En los próximos días, Estados Unidos tendrá que hacer un serio examen de conciencia. Trump es producto de muchas cosas, pero lo ha elegido su población. Millones de estadounidenses se despertarán mañana con esperanza. Millones más con miedo. El futuro ya está aquí. Los bárbaros han reventado los salones de la fiesta.