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La carrera hacia la Casa Blanca

Clinton y Trump se entregan al uso del 'Big Data' para identificar potenciales votantes

El encargado por la candidata de ese análisis tiene un poder omnímodo en su campaña

El magnate lo usa para labrar su dominio futuro sobre el campo republicano

Idoya Noain

Uno de los grandes centros de procesamiento de datos de Google en Estados Unidos. / AP / GOOGLE, CONNIE ZHOU

Uno de los grandes centros de procesamiento de datos de Google en Estados Unidos.
Un vídeo para entender cómo funciona el sistema electoral en EEUU.

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En una visita reciente a una oficina de campaña de Donald Trump en Hialeah, cerca de Miami, Blanca Vrotsos mostraba el cuaderno en el que va apuntando a los voluntarios como ella que cada día se acercan hasta allí para hacer llamadas en busca de votantes. “El otro día vino una chica joven e hizo ella sola ¡más de 230 llamadas!”, contaba orgullosa Vrotsos tras rebuscar en las hojas el nombre de la joven (Natalie Rodriguez).

Un vídeo para entender cómo funciona el sistema electoral en EEUU. / FRANCINA CORTÉS

Ese cuaderno, con las anotaciones realizadas a mano, daba una imagen algo rudimentaria de la campaña de Trump, pero no debe llamar a engaño. Aunque el candidato republicano haya renegado públicamente del 'Big Data' (recopilación y análisis masivo de datos), como herramienta electoral, llegando a decir en mayo que está “sobrevalorado”, tiene en marcha un esfuerzo digital importante. Y Trump está construyendo “el aparato subyacente para un movimiento político” con el que en su campo esperan no solo lograr la victoria el 8 de noviembre sino “dominar la política republicana después de eso”. Así lo ha dicho Steven Bannon, el presidente de la campaña de Trump, que ha roto su alergia a las entrevistas y ha hablado con Bloomberg Businessweek.

EL INFLUYENTE CEREBRO DIGITAL DE CLINTON

Según todos los indicios, no obstante, el empeño de Trump está a años luz del de Hillary Clinton, al menos en lo que a la cita inmediata con las urnas se refiere. En el equipo demócrata se han perfeccionado las técnicas y tecnologías de identificación de votantes y objetivos que ya fueron clave en las victorias electorales de Barack Obama en 2008 y 2012. Y frente a esa engrasada maquinaria de 'Big Data' está en el cargo oficial de director de analítica Elan Krieger, que trabajó hace cuatro años en la reelección de Obama y al que el manager de la campaña de Clinton, Robby Mook, ha definido en Politico como “la mano invisible que guía” todo, “del horario al contacto de votantes hasta dónde pasan su tiempo los organizadores”.

Kriegel, que estudió matemáticas y antropología, trabajó como productor para el icono conservador de Fox News Bill O’Reilly y luego cursó un master en métodos cuantitativos en ciencias sociales antes de trabajar para Obama y fundar su propia empresa, BlueLabs, está al frente de un equipo de más de 60 analistas y matemáticos. Fueron ellos quienes, por ejemplo, idearon en primarias un algoritmo que permitía identificar no ya potenciales votantes sino delegados que eran clave para asegurar la victoria sobre Bernie Sanders, dirigiendo la inversión en anuncios con ese nuevo objetivo en mente. Y ya se sabe quién ganó. Según le decía también a Politico Stu Trevelyan, consejero delegado de una empresa que gestiona las bases de datos de votantes que usan las principales campañas demócratas, “es difícil pensar en nadie que haya tenido tanto impacto y sea tan poco conocido”.

PARA TRUMP, MÁS QUE LAS URNAS

Algo similar pasa con Brad Parscale, el joven emprendedor de marketing tejano que empezó a trabajar haciendo por precios irrisorios páginas web para los negocios y las actividades benéficas de la familia Trump antes de que el líder del clan se lanzara a la carrera por la Casa Blanca. Parscale, entregado al hombre que le dio una oportunidad empresarial, se ha acabado convirtiendo en el cerebro digital del candidato republicano. O, cuando menos, es el rostro visible de la gestión de una base de datos, bautizada como Proyecto Alamo, a la que conviene estar atento.

Aunque Trump ha explotado al máximo su tirón mediático, ha hecho inteligente uso de la publicidad gratuita y ha basado buena parte de su estrategia en un mensaje genérico que no parece moverse según la audiencia a la que se dirige, no ha abandonado la operación digital. Y esta tiene su epicentro en las oficinas de San Antonio donde está Parscale.

Allí arrancaron con una base de datos comprada a un proveedor genérico pero luego han ido recopilando información de contacto de quienes pedían entradas para los mítines y quienes donaban en su web. Han contado también con la base de datos que mantiene el Comité Nacional Republicano, en cuya mejora y actualización se han invertido 100 millones de dólares desde que Mitt Romney fue candidato en 2012. Y Trump ha fichado también a Cambridge Analytica, una empresa especializada, en cuyo consejo de Administración se sienta Bannon y entre cuyos inversores figuran dos de los principales donantes de Trump: el multimillonario informático e inversor Robert Mercer y su hija Rebekah.

Todo ese esfuerzo no parece ir principalmente dirigido a la identificación y movilización de potenciales votantes, aunque sí que se presta especial atención a algo más de 13 millones de “persuadibles” en estados bisagra. Lo que se está haciendo, sobre todo, es un esfuerzo por cultivar a la base de apoyo más firme de Trump, con una inversión de 70 millones de dólares al mes, especialmente en Facebook. Esa es una de las cosas que hace que haya aumentado la especulación de que Trump prepara, en caso de derrota, su propio imperio mediático, o la fundación de su propio partido o movimiento político. Pero sea lo que sea, el sentimiento en su campaña es claro, y se resume en unas declaraciones de Parscale a Bloomberg Businessweek. “Desde el principio supimos el valor que tendría esto”, dijo. “Somos dueños del futuro del Partido Republicano”.

Las redes sociales, nueva clave

Ya había precedentes pero la del 2016 se ha confirmado como la campaña reina de las redes. Es un fenómeno que se explica en parte por los avances en la tecnología y el aumento del número de usuarios pero sería incomprensible sin el protagonismo de Trump, una figura con una presencia más fuerte que cualquier otro candidato, con casi 13 millones de seguidores en Twitter y 12 millones más en Facebook (Hillary Clinton tiene 10,1 millones en la red de los 140 caracteres,  75.000 más para su cuenta en español y algo más de 7,6 millones en Facebook).

El cambio se manifiesta en números. Un análisis de The Wall Street Journal ha confirmado que este año, por primera vez en la historia política reciente, se ha roto la tendencia de más y más gasto y ha caído el dinero invertido por campañas, partidos y grupos externos. En concreto, hasta septiembre se han gastado 3.200 millones de dólares en las carreras presidenciales y al Congreso, y eso representa 210 millones menos que en el mismo periodo del 2012.

Las redes, además, se han convertido en herramienta imprescindible de información, especialmente para los jóvenes. Según un estudio reciente del centro Pew un 35% de los estadoundienses de entre 18 y 29 años las consideran la fuente más útil de información política.

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