Quién es quién en el culebrón de los correos de Clinton

Captura de pantalla de una web donde el congresista Weiner muestra su torso desnudo.

Captura de pantalla de una web donde el congresista Weiner muestra su torso desnudo.
La candidata demócrata Hillary Clinton junto a miembros de su equipo.
El congresista Anthony Weiner y su esposa Huma Abedin en julio del 2013.
El exdirector del FBI, James Comey.

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IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

La reactivación de la investigación del FBI de los correos de Hillary Clinton ha sacudido la campaña presidencial de EEUU a 11 días de las urnas. Estos son cuatro personajes clave para entender lo que está sucediendo.

ANTHONY WEINER

Los correos que han provocado la reactivación de la investigación de Hillary Clinton se han encontrado en algún aparato electrónico de Anthony Weiner, un antiguo congresista demócrata de Nueva York que ha estado casado con Huma Abedin, la más cercana asesora personal de la candidata demócrata.

Weiner vio frustrada su carrera política en junio de 2011, cuando salieron a la luz fotos explícitas que había enviado por Twitter a una seguidora, un escándalo por el que dimitió.

Dos años después Weiner intentó reactivar su carrera presentándose a las primarias demócratas para la alcaldía de Nueva York pero tuvo que abandonar después de que durante esa campaña estallara un nuevo escándalo al saberse que había seguido haciendo “sexting” bajo el alias Carlos Danger (peligro).

Este verano, The New York Post sacó a la luz nuevas imágenes recientes, incluyendo una en la que retrató sus genitales (con ropa interior) con su hijo de cuatro años tumbado junto a él en la cama. Abedin, que se había mantenido a su lado, anunció que quería separarse de él.

El mes pasado las autoridades federales investigaron nuevas acusaciones, primero reveladas por el Daily Mail, según las cuales Weiner intercambió mensajes lascivos y explícitos con una menor de edad de 15 años. Es en esa investigación donde se habrían estudiado el o los aparatos electrónicos donde se han encontrado los correos vinculados a Clinton.

HUMA ABEDIN

La aún esposa de Weiner forma parte del círculo más cercano a Hillary Clinton y es, de hecho, quien mejor conoce a la candidata en su equipo político, tanto como para haber sido definida como “el disco duro de Hillary Clinton”. A menudo apodada también “la segunda hija” de los Clinton y con un papel múltiple que combina el de asistente, asesora y confidente, Abedin, de 41 años, empezó a trabajar para la actual candidata presidencial en 1996 como becaria en la Casa Blanca tras graduarse en la Universidad George Washington.

Desde entonces Abedin, hija de un indio y de una paquistaní y nacida en Michigan, no se ha separado de su lado y su importante papel ha ido creciendo conforme Clinton pasaba primero por el Senado y luego por la Secretaría de Estado, donde Abedin fue su jefa de personal. “Le ayudaba en todo, desde organizar reuniones y arreglar llamadas a todo el planeta hasta ofreciéndole consejos de moda”, rezaba un perfil reciente en la agencia AP de Abedin, que en la actual campaña presidencial de Clinton desempeña oficialmente el cargo de vicepresidenta.

Abedin decidió inicialmente seguir al lado de su esposo cuando estallaron sus dos primeros escándalos sexuales (Bill Clinton había presidido la ceremonia de su boda en 2010), pero tras el penúltimo (en que incluyó en una imagen lasciva a su hijo de cuatro años) anunció la intención de separarse.

Abedin ha estado también en la diana de los republicanos y de los críticos con Clinton por su papel en varias controversias, incluyendo la del supuesto acceso privilegiado que se dio a donantes de la Fundación Clinton cuando Hillary era secretaria de Estado el posible conflicto de intereses de la propia Abedin al haber trabajado para una empresa de asesoría privada (vinculada a un colaborador de Bill Clinton) cuando aún era funcionaria.

JAMES COMEY

El actual director del FBI ha desatado un auténtico terremoto político al anunciar en una carta a presidentes de comités del Congreso la reactivación de la investigación de los correos de Hillary Clinton. Desde la campaña de la candidata demócrata se ha calificado lo sucedido de “extraordinario” y se ha reclamado a Comey explicaciones sobre qué se está investigando exactamente (“se lo debe al pueblo americano”, ha dicho John Podesta).

El equipo de Clinton no ha sido el único que ha cuestionado el momento elegido por Comey y le han llovido críticas de muchos seguidores de Clinton de estar interfiriendo en las elecciones, aunque otros defienden que de no haber enviado la carta al Congreso podría habérsele acusado de estar encubriendo algo.

En cualquier caso es la última polémica en este caso de Comey, al que muchos ya criticaron por hablar demasiado públicamente de la investigación inicial de Clinton. Y es que Comey sabe bastante de correos electrónicos. Él era el número dos en el Departamento de Justicia durante la Administración de George Bush y fue uno de quienes en 2004 estampó su firma en los argumentos que legalizaban el espionaje de comunicaciones de ciudadanos por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

Obama lo nombró director del FBI en octubre del 2013.

LOS CORREOS DE HILLARY CLINTON

Aunque se suele hablar genéricamente del “escándalo de los correos” de Hillary Clinton, conviene entender que hay varias polémicas diferentes.

La principal tiene que ver con su uso de un servidor privado para sus comunicaciones por correo electrónico cuando era jefa de la diplomacia, algo que desveló primero The New York Times el año pasado y que ella ha reconocido como “un error”. Eso es lo que investigó el FBI, que indagó para ver si había intercambiado información clasificada a través de ese servidor, en principio más susceptible a ser pirateado que los gubernamentales, con lo que habría puesto en peligro la seguridad nacional. El FBI en julio dio por concluida la investigación sin recomendar que el Departamento de Justicia presentara cargos contra Clinton pero asegurando también que ella y su equipo fueron “extremadamente descuidados en su manejo de información muy sensible y altamente clasificada”.

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La segunda polémica tiene que ver con el tema de la transparencia. Al usar el servidor privado, Clinton esquivó el registro formal por el que pasan todos los mensajes gubernamentales. Cuando finalmente facilitó al Departamento de Estado los correos de su servidor privado, dio más de 50.000 pero no 30.000 que borró alegando que eran personales. Investigaciones posteriores, incluyendo la del FBI, han determinado que en esos mensajes supuestamente “personales” había material de trabajo.

Varias organizaciones han sacado a la luz gracias a las leyes de libre acceso a la información correos electrónicos de Clinton y de sus asistentes que han puesto en entredicho que no hubiera conflictos entre su papel como secretaria de Estado y los intereses de la Fundación Clinton y sus donantes, polémica que han alimentado también las recientes filtraciones de Wikileaks de mensajes internos de la campaña de Clinton.