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CUMBRE EUROPEA

El fiasco del acuerdo comercial con Canadá asesta un nuevo golpe a la UE

Valonia mantiene el veto al CETA pese a la presión de los Veintiocho y el Gobierno de Trudeau da por fracasadas las negociaciones

Silvia Martinez

Protesta en Bruselas contra el tratado comercial euro-canadiense CETA.

Protesta en Bruselas contra el tratado comercial euro-canadiense CETA. / REUTERS / FRANCOIS LENOIR

Los líderes europeos tenían la esperanza de desbloquear este fin de semana el tratado de libre comercio con Canadá (CETA en inglés) pero el Ejecutivo canadiense ha dicho basta y ha anunciado que de momento tira la toalla. Su ministra de Comercio, Chrystia Freeland, no seguirá negociando con el Gobierno de Valonia, la región de Bélgica que sigue vetando el pacto. “Parece evidente que la Unión Europea no está en disposición de tener un acuerdo internacional con un país que tiene valores tan europeos como Canadá. Canadá está decepcionada”, anunciaba entre lagrimas este viernes. 

Desde que el Parlamento valón –las regiones belgas tienen competencias en política comercial– rechazara el viernes de la semana pasada dar plenos poderes al gobierno federal belga para aprobar el tratado, los teléfonos no han dejado de sonar y las reuniones se habían multiplicado. Entre el gobierno de Valonia y el Gobierno federal, que lidera el liberal francófono Charles Michel y que está de acuerdo con el contenido del pacto. Entre Valonia y Canadá. Y entre Valonia y la Comisión Europea, la institución encargada de negociar los acuerdos comerciales internacionales en nombre de los Veintiocho. 

Política comercial europea

La nueva crisis amenaza con complicar el desbloqueo del debate que lleva años en la mesa del Consejo: cómo modernizar las reglas comerciales europeas y reforzar los instrumentos de defensa ante la competencia desleal de algunos países. La UE, según la Comisión Europea, recibe el 15% de las importaciones mundiales –solo por detrás de EEUU– pero sus medidas de defensa comercial representan el 7,8% de las que se aplican en todo el mundo y afectan a solo el 0,21% de las importaciones. Según Bruselas, la normativa actual no permite actuar de forma contundente contra el 'dumping' ni las distorsiones generadas por algunos países, lo que hace urgente renovar la legislación.

Pero ninguna de las aclaraciones incluidas en la declaración interpretativa anexa al pacto ha conseguido diluir las reticencias valonas. Ni las garantías en materia de agricultura ni sobre licitaciones públicas han sido suficientes para que el ministro presidente valón, Paul Magnette, aceparae dar vía libre provisional a un acuerdo cuya firma se ha empeñado en posponer. Según argumentaba este viernes, los avances siguen siendo insuficientes, especialmente en relación con los tribunales de arbitraje independientes destinados a resolver potenciales conflictos entre los estados y las multinacionales, un mecanismo que de todas formas no entraría en vigor ahora.

EL PROBLEMA DE LOS TRIBUNALES DE ARBITRAJE

“Mañana, cuando haya conflictos entre los estados y las multinacionales, ¿quién decide?. ¿Las jurisdicciones nacionales o los mecanismos que, tal y como están descritos, no están claros?”, advertía durante una intervención en el Parlamento valón. “La cuestión es si aceptar a ciegas aunque haya algo que potencialmente puede ser un problema”, añadía. “Si no podemos llegar a un acuerdo comercial con Canadá no veo con quién sería posible cerrar acuerdos”, respondía un “boquiabierto” Jean-Claude Juncker, “sorprendido por el hecho de que celebramos un acuerdo comercial con Vietnam, que es mundialmente conocido por aplicar todos los principios democráticos” y se bloquee “un acuerdo con Canadá, esa dictadura como todos sabemos”, ironizaba.

Aunque el luxemburgués asegura no haber perdido la esperanza de cerrar un acuerdo en “los próximos días”, el primer ministro belga, Louis Michel, es mucho más pesimista. “No quiero echar leña al fuego” pero “no estoy tranquilo porque tengo la sensación de que ha habido una radicalización de las posturas del Gobierno valón”, admitía este viernes. Su sensación se confirmaba horas después.

“Durante el último mes hemos trabajado duramente con la Comisión Europea y muchos estados miembros, incluidos AlemaniaFranciaAustriaBulgariaRumanía [estos dos últimos tenían reservas que han levantado]. Canadá ha trabajado mucho y yo personalmente he trabajado mucho”, decía entre lagrimas Freeland. “Hemos decidido regresar a casa y estoy muy triste. Lo único bueno que puedo decir es que mañana estaré en casa con mis tres hijos”, añadía sin aclarar si es realmente el fin de las negociaciones. El primer ministro Justin Trudeau tenía previsto acudir el próximo jueves a Bruselas a firmar el pacto, pero la visita ha quedado en el aire.

PRESIÓN DE LOS VEINTIOCHO

Durante todo el día, los 28 jefes de Estado y de Gobierno de la UE han asistido desde la barrera a esta negociación in extremis pero con la confianza de que terminarían encontrando un texto de compromiso que responda a las preocupaciones expresadas por los valones. “Estamos preparados para decidir sobre algunas interpretaciones que esperamos que ayuden a los políticos de Valonia a llegar a un acuerdo” porque “este acuerdo es importante para nosotros. La economía canadiense es tan grande como la rusa, así que imagínense lo que significa para la UE”, indicaba la presidenta lituana, Dalia Gribauskaite.

Pese al nuevo fracaso, en la Comisión Europea no están dispuestos a tirar por la borda el trabajo de siete años y no dan las negociaciones por terminadas. “Estoy muy triste por el hecho de que las conversaciones se hayan detenido. Todavía espero que podamos encontrar una solución”, anunciaba en su cuenta de Twitter la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström.

May promete "espíritu constructivo" hasta que el Reino Unido salga de la UE

La primera incursión de la británica Theresa May en un Consejo Europeo no ha servido para dar muchas pistas sobre los términos en los que se desarrollará la negociación de salida de Reino Unido de la Unión Europea. Es más, pese a las buenas palabras de acogida dirigidas por el presidente Donald Tusk, en dos días de cumbre la primera ministra británica solo ha tenido cinco minutos para exponer sus planes y todo lo que ha recibido es la callada por respuesta.

Aun así May no se arredra. Es consciente de que las negociaciones llevarán tiempo, de que “habrá momentos difíciles” y de que será “un dar y tomar”, pero insiste, en clave británica, en que su objetivo es lograr el mejor acuerdo posible para su país, al que aspira a convertir en un estrecho aliado europeo. “No estamos pensando en adoptar el modelo de relación comercial de nadie. Queremos una nueva relación” y “el mejor acuerdo comercial posible en bienes y servicios”, ha dicho. Hasta que llegue ese momento, aspira a seguir tomando parte en todas las decisiones. “Que quede claro, seguiremos jugando nuestro papel hasta que salgamos”, indicaba, prometiendo actuar con "espíritu constructivo".

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