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El Papa en Amatrice: "He esperado a venir a veros porque no quería molestar"

Rossend Domènech

El Papa, en Amatrice.

El Papa, en Amatrice. / EFE / OSSERVATORE ROMANO

“Sigamos adelante, porque un futuro existe siempre”, ha dicho este martes en Amatrice el papa Francisco a los supervivientes del terremoto del pasado 24 de agosto, cuando los Apeninos centrales fueron sacudidos por un seísmo de 6 grados que provocó 300 muertos.

Se ha tratado de una visita privada, para la que el Papa se ha trasladado desde Roma en coche, acompañado solo por el chófer y el jefe de la gendarmería vaticana. Los obispos y párrocos de la zona se han enterado de la visita por las notícias de la radio y el ajetreo de los fotógrafos y las cámaras, que han sido mantenidos alejados del breve paseo del Papa entre las ruinas de la ciudad medieval.

CERCANÍA Y ORACIÓN

“He esperado a venir a veros porque no quería molestar”, ha explicado Francisco a los supervivientes, informados en sus tiendas de que estaba llegando el Papa, a los que ha dicho, hablando a través de un simple megáfono: “Os expreso mi cercanía y oración, es la oferta que puedo haceros”. Tras recitar un Ave María con los presentes, ha recordado a los "muchos seres queridos que nos han dejado, caídos aquí, bajo los escombros”. En el breve e improvisado discurso ha añadido: "Hay que mirar siempre hacia adelante, adelante, con coraje y ayudandonos los unos a los otros, porque juntos se camina mejor y solos no se va a ningún lado”. “¡Adelante! Gracias”, ha terminado.

Acompañado por los bomberos, que son los que dirigen el tráfico de vehículos y personas entre las ruinas, al llegar el Papa ha visito en primer lugar una escuela provisional, levantada a toda prisa por Protección Civil, para que los niños y jóvenes de la ciudad pudieran comenzar el curso regularmente. Los escolares han entregado al Papa los dibujos que tenían en su mesas y que los profesores les invitan a realizar como forma de elaboración interior del drama psicológico que han vivido. Jorge Bergoglio les ha abrazado uno a uno y ha hablado con ellos, pricipalmente escuchando sus relatos, durante unos 20 minutos. Poco después se ha encaminado por lo que fuera la calle principal de Amatrice, acercándose lo más posible a las montañas de escombros y arrodillándose en el suelo cuando ya no podía avanzar más.

“Ha sido un gesto inesperado, que ignorábamos hasta que hemos visto el despliegue de periodistas”, ha explicado Savino d’Amelio, uno de los párrocos de Amatrice, quien ha añadido que  le parecía simbólico que Francisco haya visitado el lugar el día de su onomástica. “Iré a veros”, había dicho pocas horas después del terremoto, explicando que la visita no sería de inmediato: “No quiero estorbar en los trabajos de socorro”, dijo.

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