06 jun 2020

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La paz en Colombia

Colombia de aquí en adelante. Historias de reconciliación

Colombia vive un momento histórico. Se acercan los capítulos finales del conflicto armado más largo de América Latina

La firma de la Paz, el último 26 de septiembre, ha sido un paso decisivo hacia el fin de más de cincuenta años de guerrillas en este país

MARCEL CARRASCO/RUTH DE LA ROSA/GIULIANA IPPOLITI

Colombia de aquí en adelante. Historias de reconciliación

RUTH DE LA ROSA GARCIA

Los colombianos tienen muchas dudas. Algunos quieren darle una oportunidad a la paz, pero otros desconfían del proceso liderado por el presidente Juan Manuel Santos. Sin embargo, hay quienes ya han empezado a construir la paz. Son víctimas ex victimarios de la guerra, como LuisWilsonLeidyTanaJulitsaAnderson y Antonio.

Ellos se dieron cuenta de que el perdón es un proceso personal e individual, que no depende de un acuerdo político. Ellos decidieron no esperar para poder perdonar y demuestran que el camino de la reconciliación es posible y real.

TANA Y LEIDY: RECONCILIARSE CON UN PUEBLO

Güintar es uno de los tantos territorios abandonados por el Estado.  Un cementerio es lo primero que se ve al entrar y al salir en la única vía de tierra que da acceso en este pueblito de Antioquia. Pegadas a las lápidas se ven extremidades de maniquís que apuntan al cielo, como si quisieran salir de la tumba. A lo alto, una escultura de la virgen.

Tana y Leidy, originarias de Güintar, son amigas pero no siempre lo fueron. Leidy era guerrillera de las FARC, en el mismo frente que asesinó al padre y a dos de los hermanos de Tana. "Mi hermano mayor se unió a las FARC y luego desertó. Le dijeron que tenía que matarme por ser gay, y con eso les demostraría fidelidad".

Ruth de la Rosa García

Tana se maquilla con la ayuda de Leidy durante un encuentro en Güintar, su pueblo natal.

En consecuencia, Tana tuvo que marcharse a Medellín y pasó a formar parte de los más de seis millones de desplazados internos que hay en Colombia, según ACNUR.

Leidy se unió voluntariamente a las FARC a los 13 años. Confiesa que la inestabilidad en su núcleo familiar fue lo que la motivó. "La guerrilla ya formaba parte del pueblo, era una salida". Perteneció a la brigada de los explosivos durante el atentado más grande perpetrado por el grupo, en una iglesia de Bojayá, donde murieron cientos de personas. "Yo no estuve cuando asesinaron a la familia de Tana, pero la gente en el pueblo igualmente me llamó asesina".

Leidy se desmovilizó hace algunos años y trata de seguir con su vida, pero integrarse a la vida civil en una localidad donde todos conocen su historia, ha sido un proceso. Tana ha perdonado a Leidy pero no a las FARC. "El perdón empieza con entender a la persona. La cadena de la violencia se ha de romper". Asegura que el Estado abandonó a su pueblo: “En aquél entonces la ley era de quien tuviera el arma encima".

En la plaza de Güintar hay una iglesia con la fachada blanca. El párroco fue quien tuvo la idea de la escultura del cementerio: En honor a las víctimas de la violencia de la guerra.

LUIS y WILSON: DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Luis abre la puerta del taxi con una sonrisa y ayuda a su amigo a bajar. “Wilson es como un hermano para mí”, dice mientras le saluda con un abrazo. Wilson monta el bastón plegable que lleva en sus manos llenas de cicatrices, mientras baja del coche. Hoy han quedado en la Fundación para la Reconciliación en Bogotá.

La discapacidad visual de Wilson, ex policía, es la secuela del atentado  bomba que sufrió en el 2004, de la mano de las FARC. “Me quedé inconsciente cinco días, cuando me desperté, mis compañeros ya habían sido enterrados”, recuerda. La acción la ordenó Luis, quien afirma que: "en las FARC cuando te mandaban a matar te estaban dando una orden, no preguntaban si querías”.

Ruth de la Rosa García

Luis y Wilson en la Fundación para la Reconciliación en Bogotá

Se conocieron por casualidad, diez años después del atentado. Compartían habitación durante un curso fuera de la ciudad. Luis solo sabía que Wilson era ex policía y una de las 200 mil víctimas con algún tipo de discapacidad física que existen según la Agencia Colombiana para la Reconciliación. Wilson solo sabía que Luis era uno de los más de 60 mil desmovilizados que abandonaron las armas en los últimos 13 años. “Cuando me enteré quién era Luis pensé: Estoy durmiendo con el enemigo”.

Hoy ambos colaboran en las escuelas del perdón. Imparten charlas usando su propia historia como ejemplo. “Para mí el perdón es sanación”, dice el ex guerrillero siempre con gestos firmes y mirada decidida. “El perdón es algo muy bonito, le da paz al corazón, esta es una guerra inútil”, confiesa Wilson siempre tranquilo, mientras recuerda el día en que se reconciliaron: “Nos dimos el abrazo del perdón y lloramos juntos”.

Luis lleva la mano al hombro de Wilson y guía a su amigo hacia el interior de la fundación. Los dos se preguntan por las respectivas familias y hacen bromas sobre el otro: “Te veo más gordo” bromea Wilson. “Yo a ti te veo más feo paisano”, contesta Luis.

VICTUS: EL ESCENARIO DEL PERDÓN

En el teatro, sumergido en una oscuridad casi absoluta, víctimas y victimarios caminan entre el público con dirección al escenario.

Cuando se está por presenciar Victus, la obra de teatro ideada por la actriz colombiana Alejandra Borrero, se tiene conciencia de que lo que se verá, será a un grupo de ex combatientes (FARC, ELN, Paramilitares) compartiendo el mismo espacio con un grupo de víctimas. Lo que desconoce es que la obra no muestra “etiquetas” sino cualidades humanas.

“Ella es Julitsa, es Chocó, alegría, entrega y perdón”. El público aplaude calurosamente a la mujer que acaba de presentar a su compañera.

Ruth de la Rosa García

Julitsa (en el centro) y Antonio (al fondo), durante un ensayo del Proyecto Victus en Bogotá

Ignoran que Julitsa estuvo secuestrada por los Paramilitares, que fue torturada y abusada sexualmente. Ella pertenece a las más de tres millones de mujeres que han sido afectadas por el conflicto, según cifras oficiales del gobierno colombiano. Confiesa que fue difícil afrontar el proyecto y pensó en abandonarlo: “A veces tu dolor te ciega tanto que piensas que  la única que ha sufrido eres tú.  Asegura que el perdón es la capacidad de tener delante a tu agresor y no sentir odio.

Anderson, el menor del grupo, fue secuestrado por el ELN cuando tenía 7 años, vivió la niñez y la adolescencia en la guerra. Como él, uno de cada tres niños han sido víctimas del conflicto. Tiene 18 años. “No siento rencor con aquellos que me llevaron”.

Antonio forma parte de las cifras oficiales que registran más de 40 mil secuestros a causa de la guerra.  Pertenecía a las Fuerzas Armadas Colombianas cuando fue secuestrado por el ELN. Pasó tres años en cautiverio en la selva. Hoy, tiene la convicción de que el perdón es “saber entender que todos somos humanos, hay que hablar, comprender al otro, abrazarnos y juntos… caminar”.

Quienes forman parte del proyecto Victus le dan un mensaje al pueblo colombiano, de lo que esperan que pase De Aquí en Adelante: “Soñamos un país donde podamos darnos las manos los unos a los otros”.