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HISTÓRICO ACUERDO DE PAZ

El Gobierno colombiano y las FARC sellan el final de 52 años de guerra

El comandante de las FARC pide perdón "a todas las víctimas del conflicto" por el dolor causado

Mauricio Bernal

El Gobierno de Colombia y las FARC firman la paz / ATLAS

El Gobierno de Colombia y las FARC firman la paz
El presidente Santos y el líder guerrillero Timochenko se dan la mano en presencia de invitados de todo el mundo, entre ellos el rey Juan Carlos (primero por la derecha).
El rey Juan Carlos saluda al presidente de Cuba, Raúl Castro, a su llegada Cartagena de Indias, donde ambos asisten a la ceremonia de la firma de la paz con las FARC.
Un grupo de víctimas acude a la firma de los acuerdos de paz.

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La guerra entre colombianos desencadenada a mediados de junio de 1964, cuando el Gobierno conservador de entonces lanzó una ofensiva militar contra un grupo de campesinos comunistas alzados en armas y refugiados en la bautizada como República de Marquetalia, en el suroeste del país, terminó oficialmente este lunes, con la firma solemne del acuerdo de paz entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, alias 'Timochenko'. Cincuenta y dos años de una guerra que dejó más de 260.000 muertos,unos 5 millones de desplazados y cerca de 25.000 desaparecidos terminaron con una sentida ceremonia a la que asistieron 2.500 invitados en Cartagena de Indias.

“Lo que firmamos hoy luego de años de negociaciones serias, discretas y difíciles es algo más que el acuerdo entre una guerrilla y un Gobierno para la terminación de un conflicto armado”, dijo Santos. “Es la declaración de un pueblo que dice que está harto del uso de la violencia para resolver las diferencias, de un pueblo que dice fuerte y claro: no más guerra”.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

El presidente colombiano cerró con un discurso emocionado una ceremonia a la que asistieron el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, 15 jefes de Estado de la región y dirigentes de todo el mundo, entre ellos el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini. La responsable europea anunció en Cartagena que las FARC saldrán de la lista de organizaciones terroristas de la UE, y que la Unión aportará 600.000 euros a un fondo fiduciario para la reconciliación. A seis días del crucial plebiscito en el que los colombianos están llamados a refrendar el acuerdo, la comunidad internacional dio un decidido espaldarazo al pacto.

“Cambiar las balas por los votos es la decisión más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo”, dijo Santos. Y enseguida, dirigiéndose a Londoño, declaró: “Defenderé con toda la determinación su derecho a expresar sus ideas dentro del régimen democrático”. El presidente y ‘Timochenko’ citaron en sus discursos el pasaje de ‘Cien años de soledad’ donde García Márquez –un hombre que siempre estuvo dispuesto a mediar con la guerrilla– habla de las estirpes que no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra: ambos consideraron que a Colombia se la han dado, esa oportunidad. Que se la ha dado la firma de la paz.

JUSTICIA SOCIAL Y DEMOCRACIA VERDADERA

El comandante de las FARC hizo un discurso en el que insistió en que el acuerdo debe abrir el camino para “la paz, la justicia social y la democracia verdadera” –palabras que pronunció en varias oportunidades–, además de poner punto final a “la larga historia de luchas y enfrentamientos que han desangrado” históricamente a Colombia. “Nosotros vamos a cumplir y esperamos que el Gobierno cumpla”, dijo. Londoño reservó para el final una de las declaraciones más esperadas: la del perdón. “En nombre de las FARC-EP ofrezco sinceramente perdón –dijo– a todas las víctimas del conflicto, por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra”.

CON UN ‘BALÍGRAFO’

Santos y 'Timochenko' estamparon sus firmas en el acuerdo con un invento local cuya existencia resume la esperanza en el porvenir: un 'balígrafo'. “Es una bala convertida en estilógrafo y habla de la transición de las balas a la educación, al futuro”, había explicado Santos horas antes de la ceremonia. El mandatario colombiano y todos los presentes iban vestidos de blanco, y en todas las astas del Patio de Banderas, donde tuvo lugar el acto, en el Centro de Convenciones de la 'ciudad heroica', ondeaban pabellones del mismo color. El público, a veces apático, a veces emocionado, agitaba pañuelos blancos al grito de “¡Sí se pudo!”. Una vez firmado el acuerdo y antes de estrechar la mano de Londoño, Santos le regaló un broche en forma de paloma que el exjefe guerrillero se ajustó enseguida a la guayabera. De símbolos se construyen las ceremonias.

JORNADA DE FIESTA

Fue un día de fiesta no solo en Cartagena sino en la mayor parte de ciudades y pueblos del país. A la céntrica plaza de Bolívar de Bogotá, núcleo del poder legislativo y judicial de Colombia, acudieron miles de personas para presenciar el Concierto por la Paz y seguir luego la firma del acuerdo a través de dos pantallas gigantes instaladas para la ocasión. Lejos de allí, en el sur, en las Sabanas del Yarí, el escenario de la Décima Conferencia de las FARC que el pasado viernes aprobó el acuerdo de La Habana, unos 3.500 guerrilleros y sus familiares se reunieron para seguir por televisión la ceremonia. Hubo música en vivo. El clima, por doquier, era de celebración.

El alzamiento de aquellos campesinos comunistas en Marquetalia estaba liderado por un tal Pedro Antonio Marín, alias 'Manuel Marulanda Vélez', alias 'Tirofijo'. Marín logró escapar del asedio y dos años después fundó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, pero es allí, en Marquetalia, donde se fecha el comienzo de la guerra. Quedan otros, y su desmantelamiento forma parte del desafío futuro, pero con la firma de Cartagena desaparece el mayor actor de la violencia colombiana. Como dijo al final de su discurso el secretario general de la ONU: “¡Viva la paz, viva Colombia y viva Colombia en paz!”.