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COMICIOS PARLAMENTARIOS

El oficialismo multiplica las iniciativas para empujar al voto en las elecciones de Rusia

La falta de interés en la campaña y la sensación de que todo está decidido de antemano predominan entre el electorado

Marc Marginedas

Mitin del líder ultranacionalista Vladímir Jirinovski en Moscú.

Mitin del líder ultranacionalista Vladímir Jirinovski en Moscú. / MAXIM ZMEYEV (REUTERS)

En las porterías de cada una de las viviendas de Moscú existe un tablón de anuncios oficiales donde se comunica a los residentes información básica acerca del inmueble, tal como próximas reparaciones, o advertencias de cortes en el suministro de los servicios. En estos días previos a los comicios legislativos del 18 de septiembre, que renovarán los 450 escaños de que se compone la Duma Estatal (Cámara Baja del Parlamento ruso), muchos de estos espacios han sido ocupados por pasquines invitando a los electores a acudir el próximo domingo a los colegios electorales y a votar por el partido gubernamental, Rusia Unidauna actuación considerada por muchas voces críticas como de dudosa legalidad. 

La apatía de los ciudadanos ante una cita con las urnas donde todo parece haber sido decidido de antemano se respira en estos días en las calles de Moscú, tras una campaña electoral que apenas ha despertado interés. Ante esta patente falta de movilización ciudadana, el Estado y el partido oficial multiplican, en este esprint final, iniciativas como la de colgar publicidad electoral en los portales de las casas para así incentivar a los votantes a acudir a los colegios.

El sentir general es que al día siguiente de la votación, Rusia seguirá enfrentándose a los mismos problemas: la corrupción, el aislamiento internacional y una crisis económica sistémica sin viso alguno de acabar, entre otros. "Sé que habrá falsificación" de los resultados, adelanta Anna Sudar. "Los rusos somos un pueblo muy tranquilo; no somos muy inclinados a salir a la calle a quejarnos; la protesta en nuestro país se acaba en la cocina", continúa. Su estima por los políticos que se han sentado durante los últimos cuatro años y pico en el voluminoso edificio que durante la era soviética ocupaba el Gosplan (el antiguo Ministerio de Planificación) no es muy elevada. "Hay políticos que intentan cambiar las cosas, pero por lo general trabajan para sí mismos, para enriquecerse".

Tras una legislatura en la que los ciudadanos han visto cómo se constreñía ostensiblemente el margen para criticar a sus autoridades, muchos han optado por desempolvar reacciones y modos de hacer de la era soviética, diciendo cosas entre líneas y guardándose sus opiniones para sí: "No he tenido tiempo de seguir la campaña, por lo cual no voy a ir a votar", apunta Yúlia. "¿Que qué es lo que pienso del presidente Putin? Que es una buena persona.... probablemente", continúa.

PRESIONES A LOS FUNCIONARIOS DEL ESTADO

Los millones de 'biudzhetniki' con que cuenta Rusia, palabra con la que se designa en idioma ruso a los trabajadores que dependen del presupuesto estatal, tales como médicos, enfermerasprofesores o funcionarios de las diferentes administraciones, son los más expuestos a eventuales presiones durante las elecciones desde las respectivas direcciones de sus hospitales, escuelas u oficinas. El portal de noticias Kainska.net de la ciudad siberiana de Kuibishev  denunció, en agosto del pasado año, que recibía quejas de numerosos trabajadores estatales, conminados por sus superiores, no solo a ir a votar, sino también a fotografiar con sus teléfonos móviles su papeleta de voto con la casilla de Rusia Unida marcada.

En las elecciones parlmentarias del 2011 y las presidenciales del 2012, según denuncia una mujer que prefiere no revelar su identidad, los directores de las escuelas de enseñanza primaria y secundaria  "recomendaron" al profesorado acudir a votar en el colegio donde trabajaban en vez de hacerlo en su lugar de residencia, una medida que les permitía controlar la asistencia a las urnas de sus subalternos e incluso falsificar algunos sufragios emitidos. Hubo incluso amenazas de despido para alguna voz díscola que se negó a participar en el proceso.

El clima de abulia que preside la cita electoral del próximo domingo en Rusia ha desatado una cierta inquietud entre la élite rusa ante la posibilidad de que los colegios electorales vayan quedándose cada vez más vacíos. Algunos diputados de la Duma saliente, como Nikolai Gonchar, secretario de la sección de Moscú del partido Rusia Unida, han aireado la posibilidad de hacer de nuevo el voto obligatorio, tal y como sucedía durante  los años de existencia de la Unión Soviética. La propuesta podría materializarse en una "marca en el pasaporte" que indicaría si un ciudadano "había votado o no", tal y como adelantó el propio Gonchar en declaraciones recogidas por Interfax. No obstante, insistió en que todo debería hacerse "de acuerdo con la Constitución".