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SOSPECHAS EN EEUU

Washington investiga la posible interferencia rusa en su proceso electoral

La inteligencia instruye a los estados a tomar medidas para proteger sus sistemas de cara a las elecciones de noviembre

Ricardo Mir de Francia

Varias agencias de seguridad estadounidenses están investigando lo que a sus ojos sería una campaña concertada de Moscú para sembrar desconfianza entre la opinión pública mundial hacia el proceso electoral en Estados Unidos y sus instituciones, según publica 'The Washington Post'. Esa campaña incluiría ataques informáticos para filtrar información comprometedora y acciones propaganda para desprestigiar la democracia estadounidense y socavar su influencia en el mundo, especialmente en las republicas exsoviéticas. Fuentes del diario sostienen que “no hay pruebas definitivas” al respecto, aunque se están tomando medidas para prevenir intrusiones que puedan alterar las elecciones de noviembre.

No hay duda de que en los últimos años la política exterior de Vladímir Putin ha adoptado un cariz más agresivo, beligerante e intervencionista. Ahí están la anexión de Crimea o las guerras en Ucrania Siria para demostrarlo. Desde las cancillerías occidentales se ha acusado además a Moscú de financiar clandestinamente a los populistas eurófobos en la Unión Europea y de sembrar divisiones entre los miembros de la OTAN. Pero como recordaba recientemente el periodista Glenn Greenwald, quien publicó buena parte de las filtraciones de Edward Snowden sobre el espionaje planetario de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, “los gobiernos se espían entre ellos y tratan de influenciar los acontecimientos en otros países”. Washington tienen un currículum casi imbatible al respecto, que va desde las operaciones encubiertas de la CIA en Italia para prevenir la llegada al poder de los comunistas en 1948 al golpe de Estado en Honduras del 2009.

Las sospechas estadounidenses se desbocaron a raíz del robo informático y posterior filtración a través de Wikileaks de 20.000 correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata (DNC) que, entre otras cosas, demostraban cómo la cúpula del partido había conspirado para socavar la campaña de Bernie Sanders durante las primarias que le enfrentaron a Hillary Clinton. Esas revelaciones desencadenaron la dimisión de la presidenta del DNC, Debbie Wasserman Schultz. Clinton y varios altos funcionarios de la inteligencia acusaron a Rusia de estar detrás del ciberataque, aunque el Gobierno estadounidense no lo ha confirmado de forma tajante.

PARANOIA DEL KREMLIN

Hace poco más de un mes, el director de la Inteligencia Nacional de EEUU aseguró que los intentos de Rusia de interferir en la política estadounidense serían una respuesta a la “paranoia” del Kremlin, que cree que Washington estaría haciendo lo propio en su territorio. “Ellos creen que nosotros estamos tratando de influenciar los acontecimientos políticos en Rusia, tratando de promover un cambio, de modo que su respuesta natural es contratacar haciendo lo mismo que ellos creen que estamos haciendo”.

Desde la campaña de Clinton se ha propagado la teoría de que Putin está tratando de sabotear las elecciones de noviembre para que Donald Trump conquiste la Casa Blanca. Desde un punto de vista geoestratégico, tendría sentido para el Kremlin. Más allá de los piropos que Trump y Putin han intercambiado en alguna ocasión, el republicano ha mostrado poco entusiasmo en defender a Ucrania y ha dicho estar dispuesto a abandonar a los socios estadounidenses de la OTAN si no cumplen con sus contribuciones a la Alianza Atlántica.

INTERESES RUSOS

Los motivos de la sintonía de Trump con los intereses rusos en un país como EEUU donde renace la rusofobia de la guerra fría no están del todo claros, aunque en el 2008, su hijo, Donald Jr., declaró al 'Washington Post' que “la representación rusa en nuestros activos es bastante desproporcionada”. O dicho de otra forma: “Vemos que nos está lloviendo mucho dinero desde Rusia”.

Si bien es perfectamente plausible que Moscú esté jugando sucio en EEUU, muchos actores en Washington ven oportunidades de negocio en el nuevo clima de enfrentamiento entre Occidente y los herederos del “imperio del mal”. Según publicó el mes pasado 'The Intercept', su industria armamentística está ensalzando la amenaza rusa para empujar a los miembros de la OTAN a elevar su gasto en defensa, a la vez que presiona al Congreso para que facilite la venta de armas a los aliados estadounidenses.