CUMBRE DEL G-20 EN ASIA

La seguridad excesiva en China

Fotografia cedida por la Fundacion Gabarron que muestra la escultura monumental  El Sueño de China, del escultor espanol Cristobal Gabarron, que forma parte de un grupo de diez obras que forman una exposicion permanente en Hangzhou inaugurada con mot

Fotografia cedida por la Fundacion Gabarron que muestra la escultura monumental El Sueño de China, del escultor espanol Cristobal Gabarron, que forma parte de un grupo de diez obras que forman una exposicion permanente en Hangzhou inaugurada con mot / periodico

ADRIÁN FONCILLAS / HANGZHOU

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Del cuello de la quincena de fieles que atienden una misa en la coqueta iglesia del barrio viejo de Gulou cuelga un distintivo con su nombre, número de identidad, profesión y domicilio. El registro es obligatorio, recuerdan los tres agentes frente al detector de metales de la entrada. Dentro esperan otros cuatro. La proporción de un agente por dos religiosos da una medida de la seguridad en Hangzhou durante la cumbre del G20.

No caben más detectores de metal en la ciudad y el registro preceptivo incluye un sorbo a las bebidas como los catadores romanos que prevenían contra el veneno. Los hay en estaciones de trenes y metro, hoteles o centros comerciales, ralentizando hasta la desesperación cualquier tránsito.

Los pocos habitantes que han resistido los empujones oficiales a largarse de la apacible Hangzhou descubren estos días que la vida puede ser muy áspera si se juntan un puñado de líderes globales. Los que habitaban frente al centro de convención han sido expulsados por el temor a francotiradores y sus lustrosas viviendas han sido selladas. También han emigrado los disidentesactivistas y otros sujetos incómodos.

La variedad cromática de la vestimenta en las calles de Hangzhou se ha reducido. Oscila entre el azul cielo de los voluntarios y el azul marino de los policías. China no ha informado esta vez del número de agentes de seguridad. Estos se concentran en las intersecciones, abriendo y cerrando avenidas sin un criterio identificable más allá del celo extremo. Restaurantes y otros establecimientos han cerrado porque los camiones de suministro no llegan. El almacén de 7.500 metros cuadrados que guarda las 900 toneladas de comida para la cumbre es vigilado y las autoridades han asegurado que no entrará “ni un grano de arroz ni una gota de aceite inseguros” en las cocinas para el banquete de los líderes. Esa exquisita deferencia al invitado ha irritado a una sociedad desquiciada por las cíclicas crisis alimentarias.

MEDIDAS EXTREMAS DE SEGURIDAD

No hay eventos internacionales sin medidas extremas de seguridad porque el principal deber del anfitrión es proteger a sus huéspedes y la amenaza terrorista se ha multiplicado. Estados Unidos movió en 2012 la cumbre del G8 de Chicago a Maryland por el temor a las manifestaciones. Brisbane invirtió 75 millones de dólares en la operación del G20 en 2014, diseñó el mayor despliegue policial en tiempos de paz, también cortó calles y prohibió incluso las tablas de surf. Pero China y seguridad forman un binomio imbatible en la prensa global porque la exhibición de un uniforme permite recordar la naturaleza autoritaria de Pekín.

A los países en vías de desarrollo se les plantea un incómodo dilema. Son criticados si falta la seguridad y se suceden los problemas como en los Juegos Olímpicos de Río y también si sobra como en cualquiera de los eventos organizados por China.

El gigante asiático es un país relativamente seguro. Confluye el refinado control social de un Gobierno alérgico a cualquier turbulencia y una rama local del terrorismo islamista de similares intenciones que el ISIS o Al Qaeda pero con medios más pedestresLos uigures, la etnia musulmana de la provincia oriental de Xinjiang, ejecutan atentados artesanales como acuchillamientoscoches empotrados contra la multitud o rudimentarias bombas caseras. Todos los hoteles de la provincia están obligados a comunicar la llegada de uigures y estos han tenido que cerrar los restaurantes donde sirven sus célebres pinchitos de carne a la brasa.