Un Brasil 'made in China'

El resultado de la Cumbre del G20 en China decidirá el futuro del gigante sudamericano

El giro neoliberal del presidente Michel Temer incluirá recortes y privatizaciones masivas

El presidente de Brasil y su esposa.

El presidente de Brasil y su esposa.

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Edu Sotos
Edu Sotos

Periodista

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El nuevo y flamante presidente de la República de BrasilMichel Temer, ya está en China. Acompañado de un séquito compuesto por los cuatro ministros clave de su Gobierno (Exteriores, Economía, Agricultura y Transportes) el mandatario de la mayor economía de América Latina se plantará en la ciudad de Hangzhou donde se celebrará, entre los días 4 y 5 de septiembre, la Cumbre del G20.

En su debut en la primera división de las relaciones internacionales, Temer dejará claro el giro de 180º grados que imprimirá a su Cancillería respecto al gobierno de Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores (PT). De hecho, el principal objetivo de Temer en Hangzhou no será otro que el presidente americano Barack Obama, un encuentro que vendrá facilitado por la excelente relación personal entre el brasileño y el vicepresidente Joe Biden.

Otro tanto ocurrirá con el presidente chino Xi Jinping con quien ya tiene una cita confirmada el próximo viernes. El encaje del nuevo Brasil en el bloque BRICS y la continuidad de las multimillonarias inversiones chinas en el sector de los ferrocarriles e hidroeléctrico del gigante sudamericano centrarán las conversaciones. Ni que decir tiene, ya que China es el mayor socio comercial de Brasil desde 2009, que del éxito de la reunión dependerá en gran medida el milagro de la recuperación económica vaticinado por Temer.

"ES HORA DE APRETARSE EL CINTURÓN"

“La incertidumbre llegó al fin, es hora de unir al país y anteponer los intereses nacionales sobre los intereses particulares”, declaró el líder del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) en su primer discurso oficial emitido por la televisión nacional en la noche del miércoles. En el mismo quedó claro que había llegado la hora de apretarse el cinturón. “Es urgente que reformemos nuestro sistema de pensiones y modernicemos el mercado laboral”, dijo en una frase sacada del manual del neoliberalismo.

La excusa de los 12 millones de parados y una déficit acumulado de 46.784 millones de euros en el ejercicio 2016 no tardó en emerger para justificar unas medidas que “colocarán a Brasil de vuelta al buen camino” y, de paso, acabarán de un plumazo con el incipiente sistema del bienestar construido en los últimos 13 años. Y es que el ‘tijeretazo’ que se viene en Brasil pone los pelos de punta.

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Con la inminente aprobación de la PEC 241, propuesta de enmienda constitucional, se limitará el gasto público a la recaudación del año anterior más la inflación, es decir, se congelará las inversiones en sanidad, educación y pensiones para los próximos 20 años. Mientras tanto, existen fuertes rumores de que el nuevo gobierno estudia elevar la edad de jubilación de los 65 a los 75 años, para los hombres, y de 60 a 70 años, para las mujeres. Con una esperanza de vida de 75,2 años, que se sitúa por debajo de los 70 años en las regiones más pobres, los brasileños morirán trabajando. 

Pero la joya de la corona del nuevo Brasil será el llamado ‘Plan Temer’: un programa de privatizaciones de empresas públicas y concesiones público-privadas sin precedentes con el que se espera recaudar cerca de 8.300 millones de euros. A nadie se le escapa que el maletín de Temer en China estará lleno de aeropuertos, puertos, líneas de ferrocarril. hidroeléctricas y las enormes reservas petrolíferas del 'pré-sal' a precio de ganga con el que las grandes multinacionales, algunas de ellas españolas, harán su agosto en medio de la peor crisis económica que atraviesa el país en los últimos 25 años. El Brasil de la era post-Rousseff será literalmente un 'made in China'.

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