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Dimite el jefe de campaña de Trump

Manafort renuncia después de que el magnate remodelara su equipo y tras verse salpicado por su presunta vinculación a Rusia

Idoya Noain

Paul Manafort, el entonces jefe de campaña del candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

Paul Manafort, el entonces jefe de campaña del candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump. / JUSTIN LANE / EFE

La campaña de Donald Trump se está confirmando tan volátil como el propio candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. Este viernes ha presentado su dimisión Paul Manafort, el veterano asesor político que durante dos meses ha estado al frente de los esfuerzos de Trump, primero por asegurarse la nominación del partido conservador y luego por intentar tener éxito en su duelo con Hillary Clinton. Su adiós llega en la misma semana en que se ha intensificado el escrutinio sobre las relaciones de Manafort con el partido prorruso del expresidente ucranio Viktor Yanukóvich y sobre posibles ilegalidades, incluyendo pagos de 12,7 millones de dólares en negro o la canalización no declarada de dos millones de dólares a lobis en Washington. Pero la dimisión llega también solo dos días después de que el propio Trump rehiciera su equipo, restando peso en él a Manafort, el asesor que prometió que el candidato podía ser "más presidencial" pero no logró demostrarlo.

No es, ni mucho menos, el primer terremoto en la inestable campaña del empresario. De hecho Manafort había sido contratado a finales de marzo y llevaba al frente de la operación presidencial solo desde el 20 junio, cuando Trump despidió a su primer jefe de campaña, Corey Lewandowski, más proclive que Manafort a "dejar a Trump ser Trump". Y aunque Manafort triunfó en su primera misión, garantizando la nominación, ha flaqueado en varios aspectos: desde una convención que palideció al ser comparada con la demócrata hasta la desorganización de la campaña sobre el terreno en estados bisagra y, sobre todo, en el control del candidato, que ha pasado dos semanas de controversia en controversia, incluyendo una por insultar a los padres de un soldado muerto en Irak.

Aun así, personas cercanas a Trump aseguran que este se ha sentido "encajonado" y "controlado" por gente que no le conoce ni entiende. Miembros de su círculo más cercano, como su yerno Jared Kushner, han mirado con recelo a Manafort, contribuyendo a que Trump tomara la decisión de reorganizar su equipo. Y con la nueva jefatura puesta en manos de Stephen Bannon, que desde la web ultraconservadora Breitbart se ha convertido en uno de los principales agitadores de la derecha más extrema en Estados Unidos, la onda sismica podría devolver a Trump a ese universo donde lo habitual es verlo desatado.

Las primeras señales que envía, no obstante, son contradictorias. El jueves ofreció el tercer discurso de la semana leído de un teleprompter e incluyó un acto de contrición. "A veces en un debate acalorado y hablando de multitud de temas no eliges las palabras adecuadas o dices algo equivocado. A mí me ha pasado", dijo, antes de pasar a una disculpa, aunque sin especificar ni a quién iba destinada ni por qué. "Lo siento, lo siento, particularmente cuando puedo haber causado dolor personal".

Podría parecer que Trump se modera pero ayer estrenó también su primer anuncio de campaña. En principio iba a abordar temas de economía pero en el último momento decidió emitirse otro. ¿El foco? Un duro ataque a los inmigrantes.