Derechos humanos en Argentina

Macri reabre las heridas de la dictadura argentina con ofensas a las víctimas

El presidente argentino afirma que "no tiene sentido" discutir sobre el número de muertos de la represión

El dirigente llama "desquiciada" a Heve de Bonafini, una de las líderes de Madres de Plaza de Mayo

Integrantes de las Madres de Plaza de Mayo y simpatizantes durante la ronda 2000, el jueves en Buenos Aires.

Integrantes de las Madres de Plaza de Mayo y simpatizantes durante la ronda 2000, el jueves en Buenos Aires. / EFE / ALBERTO ORTIZ

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ABEL GILBERT / BUENOS AIRES

A los problemas derivados del tarifazo, la inflación anual del 46% y el crecimiento de la pobreza,  Mauricio Macri ha reabierto una herida  en Argentina al revisar con inesperada liviandad la tragedia de los años 70. La ronda 2000 de las Madres de Plaza de Mayo puso en escena el fuerte malestar de los organismos defensores de derechos humanos con el presidente. El número de vueltas alrededor del mástil colonial que se encuentra a metros de la sede de Gobierno  -2.000- no deja de impresionar: encierra un drama histórico de efectos inagotables. Lo que comenzó un 30 de abril de 1977, cuando un grupo de mujeres salieron a la calle a pedir por sus hijos desaparecidos, se proyecta todavía en el presente. “El enemigo está de nuevo en la Casa de Gobierno. Vamos a tener que llenar muchas plazas para la reivindicación”, dijo la presidenta de una de las líneas en las que se dividieron las Madres, Hebe de Bonafini, ante la multitud que fue a la Plaza.

La situación judicial que precisamente enfrenta De Bonafini en el marco de una causa por desvío de dinero público así como recientes declaraciones del mandatario, han tensado las relaciones de los organismos con el Gobierno de derechas. “No tengo idea”, dijo Macri al portal 'Buzzfeed', cuando le preguntaron sobre la cantidad de personas desaparecidas durante la última dictadura militar (1976-83). “Es un debate en el que no voy a entrar, si son 9.000 o 30.000, si son los que están anotados en un muro (el Parque de la Memoria, frente al Río de la Plata, donde eran arrojadas las víctimas desde un avión) o si son más”. Además, el jefe de Estado calificó a De Bonafini de “desquiciada”. Hace 39 años, los militares llamaban “locas” a esas mismas Madres.“Metimos la pata”, reconoció un importante funcionario del Gobierno al diario 'La Nación'. 

GRITOS DEL PASADO

Frente a Macri, la expresidente Cristina Fernández de Kirchner  no perdió la oportunidad de ir a visitar a De Bonafini antes de la manifestación y alabar su actitud ejemplar durante la dictadura. “Me acordaba de que en aquella época tan dura no se animó nadie más que ellas, porque todos teníamos miedo, otros serían cómplices o no sé”, dijo.

El enojo de los organismos humanitarios con el Gobierno tiene múltiples raíces. Desde 2016, más de 50 militares condenados por hechos aberrantes han sido autorizados a cumplir lo que les resta de sus condenas en sus casas. Pero otro hecho ha encendido las alarmas. Macri exhumó palabras impronunciables desde hace años en Argentina a la hora de hablar de lo ocurrido en los años setenta. El mandatario volvió a hablar de una “guerra sucia”.

"A MI MAMÁ LA TIRARON DE UN AVIÓN"

Tati Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, no se demoró en responderle: “No hubo una guerra ni sucia ni limpia, hubo terrorismo de Estado". La diputada Victoria Donda le exigió al presidente que condene a esos militares "que empujaron a mi mamá de arriba de un avión y me regalaron”. Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, aseguró que el presidente “involuciona” al abordar de esa manera la tragedia y llamar al Memorial por los Desaparecidos “muro” de manera peyorativa.

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El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel le recomendó “tomar clases de derechos humanos y dignidad: aquí no hubo una guerra, hubo una represión brutal contra sectores sociales, religiosos, sindicalistas, estudiantes y bebés”. Hasta los aliados políticos de Macri se han sentido incómodos.“No se puede establecer equivalencias entre la guerrilla y el terrorismo de Estado”, dijo Ricardo Alfonsín. Fue su padre, Raúl Alfonsín, el que ordenó en 1984 el juicio a los comandantes de la Junta Militar.

El secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, trató de calmar los ánimos y corregir al mandatario: “Repudiamos y condenamos hoy y siempre el terrorismo de Estado desplegado y a sus perpetradores. 30.000 es la cifra que marcó el camino de la lucha de la sociedad argentina por esa memoria, verdad y justicia. Pero cada vida que se perdió es irremplazable y el dolor es inmenso”.