Los derechos humanos en Argentina

Líder histórica de las Madres de Plaza de Mayo se resiste a un arresto policial

Un juez declaró en rebeldía a Hebe de Bonafini por negarse a declarar en una causa por desvío de fondos públicos

La figura de De Bonafini divide aguas: unos la consideran la gran heroína de la lucha contra los militares, otros la asocian con casos de corrupción del kirchnerismo

La presidenta de la asociación argentina Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, junto a cientos de seguidores ayer en Buenos Aires.

La presidenta de la asociación argentina Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, junto a cientos de seguidores ayer en Buenos Aires. / EFE / ALBERTO ORTIZ

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ABEL GILBERT / BUENOS AIRES

“Quieren hacernos desaparecer, pero les va a costar un poco”. Un juez federal argentino, Marcelo Martínez de Giorgi, intentó arrestar a la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, en la misma plaza por la que dan vueltas desde 1977, pero un escudo humano evitó ese hecho sin precedentes.

Cerca de cumplir los 90 años, De Bonafini es una figura que como pocas divide aguas en este país. Su negativa a declarar ante el juez en una causa en la que que se investigan escandalosos desvíos de fondos públicos no hizo más que acrecentar la admiración y el encono que provoca a la vez.

Martínez Giorgi ordenó su detención el pasado jueves, en medio de una de las jornadas que vienen realizando desde hace casi 39 años frente a la sede presidencial. El operativo, que incluyó hasta un helicóptero policial, terminó en papel mojado porque Hebe, como la llaman simpatizantes y detractores, no acató la orden y subió a una camioneta que esquivó el cordón policial.

“No sé hasta dónde son capaces de ir, pero con la misma intensidad de nuestros hijos, así nos vamos a enfrentar a esta justicia corrupta”, dijo y responsabilizó de lo sucedido al presidente Mauricio Macri.

CUARENTA ANIVERSARIO

Las Madres cumplen este año 40 años de existencia. La dictadura las llamó las "locas de Plaza de Mayo" por el pertinaz reclamo de “aparición con vida” de los desaparecidos. En 1983 se convirtieron en un símbolo inequívoco de la lucha contra los militares y la impunidad.

De Bonafini representó el ala más radical del movimiento de defensa de los derechos humanos: se negó en un principio a las exhumaciones y a la reparación económica por parte del Estado. A mediados de la década de los noventa, las Madres se dividieron, entre otras cosas por el fuerte personalismo de una Bonafini que, por esos años, resolvió además cobijar a Sergio Shoklender, un joven que en 1980 había asesinado a sus padres junto con su hermano.

La empatía entre la madre emblemática de dos desaparecidos y un parricida que había girado a la izquierda en la cárcel sorprendió a propios y extraños. Durante el kirchnerismo, y en virtud de la reapertura de los juicios contra los represores, por primera vez Bonafini expresó fuerte adhesión a un Gobierno desde el retorno de la democracia.

La Fundación Madres de Plaza de Mayo enfrenta una causa por el supuesto desvío de fondos del programa 'Sueños Compartidos', un plan de construcción de viviendas que se financiaba desde el Estado. A raíz del escándalo, De Bonafini se enfrentó duramente con Shoklender, a quien responsabiliza del desfalco.

Para los defensores de ese sector de las Madres, la justicia no busca investigar realmente lo ocurrido sino degradar un símbolo político y cultural en momentos que el Gobierno acepta la prisión domiciliaria de 50 militares condenados por hechos aberrantes cometidos entre 1976 y 1983.

SE CONDENA A ANCIANAS DE 90 AÑOS

Antes de la orden de detención, los abogados de Bonafini presentaron un escrito ante el juez Martínez de Giorgi, donde la titular de Madres se declaró víctima de una persecución política. “Desde el año 1977, más precisamente el día 8 de febrero de ese año, vengo padeciendo las agresiones de la mal llamada justicia, implementada por jueces de la Nación", dijo.

"En ese momento empezó mi calvario, hice 168 presentaciones por mi hijo Jorge, luego por mi otro hijo Raúl, que desapareció en diciembre del mismo año", contó. "Luego, en mayo de 1978", escribió, "desapareció también mi nuera María Elena, nada cambió". "Siempre la misma ignominia, la misma indiferencia, yo sentía como la denominada justicia era cómplice de los asesinos militares y marinos. Una justicia sin solidaridad, sin sentir por los otros, sin sufrir por ellos", afirmó en el escrito.

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Sobre el desvío de fondos De Bonafini, añadió: “Las Madres con gran esfuerzo aportamos voluntariamente 60 cajas con pruebas, primero al juez Oyarbide y después a ud. (Martínez de Giorgi), que ni siquiera leyeron algo de lo aportado", y continuó: "Asistimos cuantas veces nos llamaron a declarar, siempre a disposición por la verdad. Y otra vez sufrimos en carne propia la burla, que nos castiga a todas, ancianas de 85 a 90 años, y nos condena a pagar las deudas, injustas y ajenas”.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña instó a De Bonafini a “aprender a respetar a la justicia”. Horas antes, Macri había recibido al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, quien entregó el primer grupo de documentos de desclasificados relacionados con la última dictadura militar y que el presidente Barack Obama había prometido enviar a Buenos Aires.

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