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La carrera hacia la Casa Blanca

Candidata Clinton

La Convención Demócrata la elige para optar a la presidencia, mientras la mejora de Trump en los sondeos aumenta la incertidumbre

Idoya Noain

 Hillary Clinton se dirige, vía vídeo desde Nueva York, a los asistentes a la convención demócrata, este martes. / REUTERS / MARK KAUZLARICH

 Hillary Clinton se dirige, vía vídeo desde Nueva York, a los asistentes a la convención demócrata, este martes.
Seguidores de Clinton celebran la nominación de la exsecretaria de Estado como primera mujer candidata a la Casa Blanca.

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Hillary Clinton ya solo le separan de la historia con mayúsculas Donald Trump y lo que decidan el 8 de noviembre los estadounidenses. Este martes, en la Convención Demócrata en el Wells Fargo Center de Filadelfia, se oficializó la nominación de la exprimera dama, exsenadora y exsecretaria de Estado como primera mujer que aspira a la presidencia de Estados Unidos por uno de los dos grandes partidos, una candidatura que aceptará formalmente en un discurso el jueves. Nunca el techo de cristal que lleva 240 años separando a las mujeres del Despacho Oval se había visto tan frágil.

La fuerza con que Clinton llegue a darle el golpe final definitivo depende de que consiga unificar a su partido y superar a Donald Trump en las presidenciales. Lo segundo es uno de los mayores interrogantes de la historia estadounidense reciente ante la impredecible capacidad de Trump de romper toda lógica política. Y lo primero es un reto, pero uno que le ha ayudado a reducir considerablemente el que ha sido en primarias su rival político, el senador de Vermont Bernie Sanders.

GESTO GENEROSO Y CALCULADO

El lunes Sanders ya había apoyado contundentemente a Clinton, provocando las lágrimas entre muchos de sus seguidores. Pero ayer, en un gesto de generosidad y milimetrado cálculo político, no sin riesgos para garantizar la fidelidad de los 13 millones de votantes que se sumaron a su “revolución”, fue más allá. Sanders tomó la palabra al final del roll call, el proceso en que los estados, uno a uno y por orden alfabético, van anunciando el número de delegados para cada nominado. Y entonces, como hiciera Clinton en 2008 en la convención de Denver cuando la derrotada fue ella en una cruenta lucha con Barack Obama, pidió que se suspendieran las normas y se eligiera a Clinton nominada por aclamación. El Wells Fargo estalló en un clamor y la apasionada ovación enterró incluso algún “no” de protesta, acallando los ecos de división que habían dejado dura huella el lunes, aunque sin aplacarlos totalmente. 

Sanders no dijo, como hizo Clinton en 2008, que emprendía su moción “con la vista puesta en el futuro, espíritu de unidad y la victoria como meta”. Pero las palabras eran lo de menos y el gesto del mensaje, negociado entre las campañas de Sanders y Clinton hasta el último momento y coreografiado para que los 1.846 delegados del senador pudieran expresarle a él su apoyo, era exactamente el mismo: Las divisiones internas deben enterrarse. 

No caló del todo y varias docenas de los delegados de Sanders abandonaron el recinto, fueron a unas carpas donde trabaja la prensa protestando la nominación de Clinton y reclamando reunirse con el Comité Nacional Demócrata, y después se marcharon de la convención. Y el episodio era un recordatorio de que Clinton aún tiene mucho trabajo pendiente para cicatrizar una herida por la que no se puede permitir seguir sangrando. Es una de las candidatas más impopulares de la historia (con permiso de Trump) y  despierta desconfianza en siete de cada diez estadounidenses, según una encuesta publicada este mismo lunes.

Por eso su campaña pone ahora todos sus esfuerzos en tratar de suavizar su imagen, incluso redibujarla para aquellos que la ven con más oscuros que claros tras tres décadas en la vida pública. Y a esa meta se dirigía el resto de la jornada del martes en la convención, donde se había preparado una procesión de oradores que pretendía poner el foco en el historial de la candidata y, sobre todo, en su “núcleo de valores”. “Es la persona más famosa y menos conocida del país”, decía horas antes de que arrancara la sesión  Jennifer Palmieri, la jefa de comunicaciones de la campaña.

Las "madres del movimiento", que han perdido a hijos e hijas negros a manos de la policía, explicaban que Clinton "no tiene miedo decir que las vidas de negros importan", el nombre del movimiento (Black Lives Matter) que los republicanos han intentado contrarrestar con el "todas las vidas importan". Madeleine Albright, una de sus predecesoras en el Departamento de Estado, subrayaba las capacidades de Clinton en política exterior. La presidenta de Planned Parenthood, la organización que presta atención sanitaria a mujeres y que está en la diana de los conservadores por practicar abortos, recordaba el compromiso de Clinton con su defensa...

Pero no había nadie más cualificado para intentar el empeño por humanizar la figura de Clinton que el expresidente Bill Clinton, el orador estrella de la jornada, que se confirmó preparado para convertirse en el “primer caballero”. En un discurso que arrancó con un relato de intimidad, volvió a recorrer la conocida historia de los inicios de su relación y de su romance. La presentó, con especial enfasis, como madre ("la mejor del mundo"), pero también como una mujer y una política fuerte y comprometida, alguien que "consigue cambios y nunca está satisfecha con el statu quo". Y aseguró que el retrato de una mujer movida solo por sus ambiciones políticas y corrupta que han trazado Donald Trump y los republicanos es "una invención, una caricatura". "Habéis elegido a la auténtica", dijo provocando una ovación.

"UNA DE VOSOTRAS ES LA PRÓXIMA"

Era, supuestamente, el plato fuerte. Pero en un día tan definitivo, y con el espectáculo preparado hasta el último detalle, no podía faltar una guinda más. Tras una actuación de Alicia Keys y una intervención de Meryl Streep, en la pantalla gigante empezaron a aparecer los retratos de los 44 hombres que han presidido Estados Unidos. Y al acabar el recorrido y colocarlos todos en un mosaico, un efecto especial representó el estallido de un cristal. Entonces apareció, en una conexión en directo desde Nueva York la propia candidata.

Habló, como no, de la grieta en el techo de cristal. Y se refirió a las nuevas generaciones. "Si hay alguna niña que se haya quedado despierta hasta tarde para ver esto dejadme deciros que yo puedo convertirme en la primera mujer presidenta, pero una de vosotras es la próxima".