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Cicatrices golpistas en Ankara

En la capital turca, los restos del fallido golpe de Estado son aún visibles

Coches calcinados, nuevas medidas de seguridad y metralla en algunas fachadas dan fe de la asonada

Javier Triana

Restos de ataques en el asfalto de Ankara.

Restos de ataques en el asfalto de Ankara. / JAVIER TRIANA

Dos hombres sacan al jardín los hierros de lo que un día fueron los marcos de puertas y ventanas. La montaña de escombros es considerable. A su alrededor, árboles tronchados y farolas decapitadas. Y boquetes provocados por la metralla en el mármol del edificio que da acceso a la Gran Asamblea Nacional de Turquía. Hay cristales rotos y agujeros de bala como un sarpullido. Cicatrices de la intentona golpista que, pasada más de una semana desde su fracaso, siguen presentes en la capital turca.

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También, sus remedios: el acceso al Parlamento se ha unificado en una sola entrada, protegida por un mayor número de policías fuertemente armados. Por si las verjas metálicas no fueran suficientes para parar otro asedio inédito como el acontecido el pasado 15 de julio, las autoridades han estimado conveniente parapetar las entradas cruzando viejos autobuses de color azul. Hay cuatro de ellos imposibilitando el acceso. La entrada a otros edificios públicos ha sido bloqueada con camiones.

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Las fotografías del interior del Parlamento facilitadas por una fuente de Presidencia muestran la oficina del primer ministro, Binali Yildirim, con abundantes destrozos de mobiliario. Aunque ligeramente torcido, el cuadro de rigor con la imagen de Mustafa Kemal Atatürk resiste en la pared.

EDIFICIOS AMETRALLADOS

Peor paradas parecen las dependencias centrales de la Policía en Ankara, con cristales por el suelo y paredes y columnas arañadas por la munición. “Todo el edificio fue ametrallado por helicópteros”, asegura la fuente. El acceso al interior es denegado por los agentes que guardan el edificio, que ya desde fuera muestra un gran nivel de destrucción. Muchas de las letras que rezan “Dirección de Seguridad de Ankara” están medio descolgadas de la fachada, arrasada por el fuego de helicópteros. El paso elevado sobre la carretera aledaña esta arrasado y hay varios vehículos calcinados. Los viandantes no paran de retratarse junto a estas reliquias de una noche interminable en la que todo pudo pasar.

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A unos minutos en coche de allí está el Palacio Presidencial, un recinto tan grande como polémico, y en el que reside el el jefe del Estado turco, Recep Tayyip Erdogan. El acceso rodado está cortado por decenas de camiones de obra, que se apartarán dependiendo del vehículo que quiera acceder a palacio. Sí se puede entrar a pie, y así lo hacen cientos de personas con una bandera de Turquía en ristre. En el césped junto a la verja hay incluso gente acampada con pancartas que proclaman su amor a la patria y a Erdogan.

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Un socavón en la calzada da fe de que allí cayó munición, y la verja que rodea el recinto lo corrobora con importantes boquetes en el forjado, mármol descolgado y arañazos de bala. Estos últimos también son visibles en la fachada del cercano edificio de la Gendarmería.

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Pero sin duda, el lugar peor parado de entre los visitados es la Academia de Policía de Gölbasi, a las afueras de la capital. Los guardias cuentan que fue asediado desde el aire por fuego de aviones y helicópteros. El patio de entrada presenta edificios reventados y una torreta de vigilancia por los suelos. Varios vehículos de obra trabajan para borrar cuanto antes los restos de la fallida asonada. Un hombre reza junto al acceso. Más de 40 policías murieron allí.

Temas: Ankara Turquía

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