Ir a contenido

EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN

Los tripulantes del 'Astral', al rescate de refugiados a la deriva en el Mediterráneo

El barco de Proactiva Open Arms ya ha salvado la vida de más de 3.000 inmigrantes en los primeros 15 días de su misión en alta mar

Martí Benach

Operación de rescate en el Mediterráneo, con el Astral al fondo / PROACTIVA OPEN ARMS

Operación de rescate en el Mediterráneo, con el Astral al fondo
Lancha de Proactiva con algunos de sus tripulantes, en aguas de Libia. De izquierda a derecha, y de arriba a abajo: Iñaki Rul·lan, Òscar Camps, Joaquín, Andreu Rul·lan y Guillermo Cañardo.
Rescate de refugiados en alta mar de la tripulación del Astral, en aguas exteriores de Libia, el 19 de julio.
Refugiados e inmigrantes rescatados por la tripulación del Astral, a unas 18 millas al norte de Libia, el 21 de julio.
Los médicos Rafael Bethencourt y Guillermo Cañardo (derecha) en el camarote médico del Astral.
Gerard Canals, excoordinador de acciones en Lesbos de Proactiva Open Arms.
Refugiados e inmigrantes subsaharianos esperan en una barca neumática atiborrada a ser rescatados por el Astral, el 19 de julio, a 24 millas al norte de Sabratha (Libia).

/

La tripulación del 'Astral', el nuevo barco medicalizado con el que la oenegé Proactiva Open Arms ha extendido su labor de vigilancia y rescate en el Mediterráneo central, lleva 15 días en alta mar y ya ha rescatado a más de 3.000 inmigrantes frente a las costas de Libia. Estos son algunos de sus tripulantes, entre los que hay el capitán del barco, médicos y socorristas, entre otros profesionales que se han incorporado voluntariamente a este nuevo proyecto altruista.

ÒSCAR CAMPS (Barcelona, 1963), empresario y socorrista

El director de Proactiva Open Arms es el ‘alma mater’ de la nueva misión de su oenegé en el Mediterráneo central. Desde Lesbos, en diciembre, ya intuyó que el drástico cierre de la ruta del Egeo no haría más que desviarla hacia el sur de Europa, desde Túnez, Egipto, Argelia o Libia. Al frente del ‘Astral’, cuya tripulación se turna cada 15 días, lo ha comprobado desde el primer día, cuando rescataron a 1.400 personas. “Subimos a bordo a casi 200 mientras más de un millar flotaban en pateras a nuestro alrededor. No pudimos ayudarles hasta que llegó un barco de la Marina italiana”, recuerda. En alta mar ha vivido el récord de 4.600 rescates en una sola jornada. “Es impresionante ver llegar tanta gente. Tenemos pocos recursos, pero el balance es positivo. La tripulación se siente muy útil y satisfecha, aunque sufre un alto grado de estrés. Nadie está exento de un posible naufragio”, explica. El ‘Astral’, apunta Camps, mantendrá su misión hasta mediados de octubre: “Es una cuestión de derechos humanos. No podemos permitir que siga muriendo gente en el mar, completamente abandonada, a pocas millas de nuestras costas”.

ANDREU RUL·LAN  (Vitoria, 1966), patrón de salvamento marítimo

El capitán del ‘Astral’ conoció a Camps en Grecia mientras trabajaba para Médicos sin Fronteras en la isla de Leros. Al caer la noche, comentaban las respectivas operaciones de salvamento desarrolladas a lo largo del día. Ya entonces le plantearon la posibilidad de embarcarse en verano hacia Libia. No lo dudó, y tomó el timón desde el principio. “Estamos muy cansados, pero a la vez muy motivados”, explica des del barco, por teléfono vía satélite. Para Rul·lan, los rescates acometidos “confirman que nuestra presencia aquí era necesaria, pero no debemos olvidar que la batalla hay que darla en el norte”. “Debemos presionar a nuestros gobiernos para que actúen contra las guerras e injusticias de las que huye tanta gente desesperada. Si no, esto no acabará nunca”, asevera. En el mar ha conocido historias heroicas. “Ayer [por el miércoles] rescatamos de un barco a 1.030 personas, de las que 600 estaban encerradas en las bodegas. Si se hubiera hundido, habría sido su muerte segura”. Entre ellos había 750 eritreos, deshidratados y exhaustos. Habían caminado juntos desde Eritrea hasta Libia. Y de allí, al mar, hacia lo desconocido. “Ningún europeo tendrá nunca su determinación ni su capacidad de sufrimiento”.

GUILLERMO CAÑARDO (Barcelona, 1973), médico navegante

Aficionado a navegar, Guillermo acababa de cruzar el Atlántico en solitario cuando vio por televisión una entrevista con Òscar Camps y su labor humanitaria en Lesbos. Las imágenes de los refugiados sirios, desamparados y desesperados, intentando alcanzar las costas europeas le dejaron impresionado, y rápidamente se ofreció a Proactiva. Igual de rápido le aceptaron, y empezó a colaborar en Lesbos en febrero. Su perfil encajaba inevitablemente para la nueva misión. En tierra trabaja en Alforja (Tarragona), como médico de emergencias, pero el mar es su medio ‘natural’. En el ‘Astral’ dirige la asistencia sanitaria y lleva el equipo médico completo, “una especie de ambulancia móvil en contacto permanente con el Hospital Vall d’Hebron, por si necesitamos ayuda en casos extremos”, afirma. A bordo, tranquiliza a los rescatados y asiste a los enfermos. “Llegan deshidratados, agotados, apretados como sardinas. Llevan días sin agua, bajo el sol, al límite de sus fuerzas…”, explica. Ha tratado casos de desmayos, quemaduras solares o de gasoil, asfixia, hipotermia, infecciones, sarna e incluso tuberculosis. “Veníamos sobre aviso, pero hay días que nos vemos superados con tanta gente a la deriva. Es inconcebible que esto pueda suceder en el siglo XXI”.

GERARD CANALS (Barcelona, 1981), socorrista

Gerard Canals se incorporó a Proactiva el 2009 como coordinador y en septiembre ayudó a fundar Proactiva Open Arms. Fue coordinador de acción de la oenegé en Lesbos y se implicó en las tareas de vigilancia y rescate hasta el punto de llegar a instalarse en la isla griega con su familia. Han vivido allí hasta hace tres semanas. Regresó para incorporarse a la nueva misión, en la que se embarcó el 17 de julio. Su mujer y su hija, asegura, le seguirán otra vez hasta Malta, donde el ‘Astral’ tiene su base operativa. En pocos días en el Mediterráneo central, a diferencia del Egeo, le han sorprendido las dimensiones de las pateras y el estado físico de sus ocupantes: “Estamos localizando barcas mucho más grandes y sobrecargadas. Suelen llevar entre 130 y 150 personas, con unas condiciones físicas deplorables”. Según Canals, se lanzan al mar con el combustible justo para superar las 12 millas desde Libia, sin saber si podrán ser rescatados o localizados. Cuando eso pasa, están todavía a cientos de millas de la costa europea más próxima. “No quiero ni imaginar lo que deben haber sufrido para arriesgar de esta manera su vida”, reflexiona.

IÑAKI RUL·LAN (Palma de Mallorca, 1967), piloto de helicóptero

Hermano de Andreu, el capitán del ‘Astral’, Iñaki Rul·lan estuvo dos veces en Lesbos montando lanchas de salvamento antes de intentar crear una oenegé similar en Turquía. Desistieron del proyecto, explica, ante las dificultades por la politización de la crisis de los refugiados, y optaron por crecer hacia el Mediterráneo central. En Lesbos, donde Proactiva ya cuenta con tres lanchas y un equipo estable, ejercía como patrón de una de ellas. Lo mismo ha hecho en su estancia temporal en el ‘Astral’. “Ha sido una experiencia brutal, enriquecedora y maravillosa, pero también muy triste”, declara desde Barcelona este piloto de 49 años. “En Lesbos, los refugiados parecían contentos de pisar tierra firme; aquí, en cambio, tienen la mirada perdida en el infinito, son conscientes de no haber terminado su odisea”. La mayoría, además, muestran signos de un “terrible agotamiento físico y mental”. Da la sensación, añade, de haber sido “víctimas de un brutal comercio de carne”. “Lo que han pasado les ha anulado mental y físicamente”.

RAFAEL BETHENCOURT (Santa Cruz de Tenerife, 1978), médico de emergencias

Con experiencia previa como cooperante en Mauritania, Cuba y Haití, Rafael –que trabaja en Barcelona como médico asistencial en una uci móvil y en un helicóptero medicalizado- se apuntó a la tripulación del ‘Astral’ tras proponérselo su compañero Iñaki un día de guardia. Su perfil encajaba (le encanta la náutica) y el proyecto le pareció “ilusionante”. Se ha embarcado durante 15 días y en septiembre volverá a hacerlo. Junto con Guillermo, se ha encargado de organizar el camarote médico y de conseguir todo el material necesario. “Ha sido una experiencia increíble, vital y médicamente, y muy gratificante”, explica. “Con pocos medios se está haciendo mucho, estamos salvando vidas de personas que si no estuviéramos allí morirían ahogadas”. Contusiones, desnutrición, deshidratación, heridas por agresiones, patologías cutáneas, sarna… han sido las principales afecciones que ha debido atender. Tan solo una vez temió por un caso de apendicitis, que requirió una evacuación de urgencia. “Ver de frente a tantas personas constantemente te hace ser consciente de la magnitud del problema. Prefieren jugarse la vida antes que regresar a su país”.