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La Unión Europea, prisionera de Erdogan

Ni Bruselas ni la OTAN han alzado la voz ante la purga de miles de personas llevada a cabo por el presidente turco tras el fallido golpe militar

Eliseo Oliveras

Un seguidor de Erdogan sostiene una bandera con una imagen del presidente turco, en una marcha progubernamental, en Ankara, el 20 de julio.

Un seguidor de Erdogan sostiene una bandera con una imagen del presidente turco, en una marcha progubernamental, en Ankara, el 20 de julio. / REUTERS / BAZ RATNER

La tibieza de la Unión Europea (UE) ante el nuevo salto cualitativo del autoritarismo en Turquía contrasta con la intensidad de la depuración emprendida por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con la excusa del fallido golpe militar. Alrededor de 60.000 funcionarios, profesores, jueces, periodistas, policías y militares han sido depuestos y las personas detenidas y bajo arresto superan las 10.000.

Aunque la ministra europea de Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, y el comisario europeo responsable de las negociaciones de ampliación de la UE, Johannes Hahn, han elevado el tono al calificar de "inaceptable" la depuración masiva emprendida en el sistema judicial, la enseñanza y los medios de comunicación, los líderes de los principales países europeos se han limitado a efectuar los habituales llamamientos a "respetar las reglas democráticas", como la cancillera alemana, Angela Merkel.

La UE sigue prisionera política de Erdogan a causa de la crisis no resuelta de los refugiados y su dependencia de la buena voluntad del presidente turco de continuar bloqueando la llegada de refugiados a las islas griegas. Merkel precisamente ha defendido la importancia de mantener el acuerdo con Turquía sobre los refugiados, pese a la insinuación de Erdogan de restablecer la pena de muerte y a la represión emprendida contra los críticos y disidentes.

La UE ya había cerrado los ojos ante las violaciones de los derechos y libertades en Turquía y la persecución de periodistas, profesores y diputados antes de la intentona militar, y así como sobre la colaboración de Erdogan con los extremistas islámicos en Siria. Pese a ello, la UE reactivó las negociaciones de adhesión de Turquía a la UE, porque la prioridad para los presidentes la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y de la a UE, Donald Tusk, la cancillera Merkel y los demás líderes europeos era obtener la colaboración de Ankara para detener la llegada de refugiados.

INFORME SOSPECHOSAMENTE RETRASADO

Curiosamente, la ola masiva de refugiados procedentes de Turquía a Grecia se desencadenó justo después de que el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan sufriera un revés electoral y perdiera la mayoría absoluta del Parlamento en las elecciones del 7 de junio del 2015. La desestabilización que creó en la UE la ola de refugiados, por la negativa de los gobiernos a aceptar un reparto equilibrado, generó un acercamiento político a Ankara, con visitas de Merkel a Erdogan en plena campaña de las nuevas elecciones del 1 noviembre y el retraso hasta después de esos comicios de la publicación del informe de la Comisión Europea sobre las graves carencias democráticas del régimen.

Europa quiere preservar el acuerdo con Turquía sobre los refugiados pese a que Ankara no cumple -y aún cumplirá menos con la actual purga de disidentes- las condiciones para obtener la contrapartida exigida por su colaboración: la supresión del visado a los ciudadanos turcos para entrar en la UE. Para ello, Turquía debería reformar su legislación antiterrorista para que deje de utilizarse para amparar la persecución de periodistas, opositores y personas críticas con el régimen.

ESTADO ISLAMISTA AUTORITARIO

La UE ha dejado desarrollar un estado islamista autoritario en su vecina Turquía sin adoptar ninguna medida efectiva y sostenida de apoyo a la sociedad civil proeuropea, democrática y laica. Erdogan, desde su llegada al poder en el 2003, se ha dedicado a eliminar de forma metódica el secularismo (instaurado por Mustafa Kemal Ataturk de 1924 a 1934 para modernizar Turquía) y a imponer un islamismo conservador en el sistema educativo y en la vida política y pública del país.

Las muestras públicas de religiosidad musulmana garantizan contratos gubernamentales, empleos, promociones y acceso al poder en la Turquía de Erdogan, resalta el historiador y analista Soner Cagaptay del Washington Institute For Near East Policy. La forma más segura de obtener un empleo en la Administración o un lucrativo contrato público es que la esposa lleve el pañuelo islámico, señala Cagptay.

La pertenencia de Turquía a la OTAN no es ninguna garantía frente a la consolidación del régimen autoritario presidencialista que planea Erdogan, ya que la Alianza Atlántica no se ha distinguido por exigir el respeto de los principios democráticos y las libertades públicas a sus miembros. El régimen autoritario portugués de Antonio de Oliveira de Salazar fue uno de los estados fundadores de la OTAN. Grecia durante la dictadura de los coroneles (1967-1974) siguió como un miembro de pleno derecho y la Alianza Atlántica no hizo nada para detener la represión. Lo mismo ocurrió con Turquía en sus sucesivos golpes de Estado de 1960, 1971, 1980 y 1997, sin que la pertenencia a la OTAN mitigara en lo más mínimo la brutal represión del golpe de 1980, con 658.000 detenidos, 30.000 exiliados, miles de desaparecidos y centenares de muertos en prisión y bajo tortura.  

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