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ENTREVISTA

Mark Singer: "Trump tiene muchos de los rasgos de la sociopatía"

El veterano periodista del 'New Yorker', autor de un nuevo libro sobre el magnate, analiza el ascenso del candidato republicano

Ricardo Mir de Francia

Donald Trump habla en pantalla en el segundo día de la Convención Republicana, en Cleveland, el 19 de julio.

Donald Trump habla en pantalla en el segundo día de la Convención Republicana, en Cleveland, el 19 de julio. / AFP / JIM WATSON

Mucho antes de que nadie se tomara en serio sus ambiciones políticas, el veterano periodista del 'New Yorker' Mark Singer se pasó seis meses siguiendo a Donald Trump para escribir un perfil en la revista. El resultado fue el retrato de “un hombre vacío, que es todo fachada y superficialidad, un hombre 'que no tiene un alma'”, recuerda en una conversación por Skype. Aquel artículo de 1997 lo ha completado ahora con una segunda parte para componer ‘El show de Trump’ (Debate), un reportaje ácido e irreverente sobre el magnate que podría comandar los destinos de Estados Unidos. Tumbado en la cama a las tres de la tarde, comiéndose un yogur con frutas, Singer atiende a EL PERIÓDICO en una entrevista.

-¿Hay diferencias entre el Trump que siguió a finales de los noventa y el que compite por la presidencia?

-Hay alguna diferencia pero es la misma personalidad, la misma megalomanía, narcisismo, necesidad de atención e indiferencia hacia la verdad. Yo escribí de él antes de ‘El Aprendiz’ ('reality show') y aquello ayudó a convertirlo en el monstruo que es. Por entonces, no le consideraba peligroso ni tampoco advertí su racismo. No sé por qué se me pasó. Supongo que no se manifestó en ninguna circunstancia. Pero tampoco imaginaba que se acabaría presentándose a las elecciones. Las cosas cambiaron con el 'birtherism' (el movimiento que puso en duda que Obama hubiera nacido en Hawái y que Trump lideró). Siempre fue desagradable, vulgar y materialista y, aunque no pensé entonces en su salud mental, ahora estoy convencido de que es muy inestable.

-¿Cree que tiene problemas mentales?

-Todo el mundo habla de su narcisismo, pero su crueldad añade otra dimensión y le acerca a la sociopatía. Un mes después de que declarara su candidatura, David Remnick (director del 'New Yorker') me preguntó qué pensaba y le dije que no comprendía como nadie estaba discutiendo que fuera un sociópata. La gente se quedó chocada. Luego empezó a decir cosas sobre los mexicanos, los musulmanes, se mofó de un reportero discapacitado del 'New York Times'… Si le añades que es un mentiroso compulsivo, la indiferencia hacia el dolor de otros y la autojustificación, tienes muchos de los rasgos de la sociopatía. 

-¿Por qué cree que decidió presentarse? ¿Hubo un momento decisivo como la humillación que sufrió de Obama en la Cena de Corresponsales?

-Siempre he pensado que esa es una teoría plausible, pero nunca se sabe con este personaje. Es un hombre impulsivo, pero lo había planeado desde hace tiempo. En mi último artículo cito a la exdirectora de comunicaciones de su SuperPac. No hace mucho contó como en marzo del 2015, Trump dijo en una reunión que no quería ganar sino quedar segundo. Yo creo que solo buscaba cultivar la marca Trump. Subestimé su capacidad para leer el electorado, especialmente al de derechas. Pero no fui el único que lo hizo: lo mismo le pasó al 100% de los comentaristas políticos.

-El fracaso de la prensa para predecir su ascenso ha sido colosal.

-No conozco ningún país donde las campañas duren tanto tiempo. Tenemos este sistema disparatado para elegir a los candidatos. Lo único que tenía que hacer la prensa era escribir sobre la Universidad Trump, sobre su trayectoria en los negocios, sobre las demandas, sobre su opinion sobre las mujeres. Todo eso llevaba años ahí. Pero la cagaron. Especialmente la CNN y todas las televisions por cable, le dieron una cobertura inmensa.

-En el libro cuenta como los capos inmobiliarios de Nueva York describían a Trump como un “operador de casinos de Nueva Jersey”. Otros artículos han hablado de cómo los ricos de Palm Beach (Florida) nunca le aceptaron. ¿Cree que su populismo y sus ataques a las élites son una reacción a ese rechazo?

-Trump siempre ha tenido tirón populista. Sabe cómo conectar con la gente de la calle y la clase media, quizás porque sus casinos son la fantasía de muchas personas. Pero el mensaje antielitista es nuevo, aparece en la campaña. Yo no creo que Trump notara que se le rechazaba en Nueva York porque le invitaban a todos sitios. No se le veía como un hortera. La gente en Nueva York respeta el dinero.

-¿Cómo es Trump en las distancias cortas?

-A mí no me trató como un capullo. Nunca me insultó, a pesar de que me mentía constantemente, no lo puede evitar. Resultaba interesante porque es un personaje más grande que la vida. Además no tenía ningún interés por mí, lo que está muy bien, porque yo quería ser invisible. Pasamos tiempo juntos y básicamente lo que hizo fue hablar de sí mismo.

-¿Confía en otros para tomar las decisiones?

-Trump no tiene amigos, solo se tiene a sí mismo. Sus hijos son su decorado. No estuvo cerca cuando crecieron porque tiene que estar en la cima todo el tiempo. Los chicos son increíblemente estúpidos, gente de ‘sí, señor’; Ivanka, en cambio, es inteligente. Yo creo que confía en la hija y el marido (Jared Kushner) y alguno de los asesores, pero poco más.

-Hay quien le ha comparado con Mussolini. ¿Cree que es un neofascista?

-Trump no tiene ideología, pero es un autoritario porque tiene esa egomanía asentada en una extraña inseguridad. No tiene información, no quiere saber cosas. Si comprendiera los matices de cómo funcionan las cosas, no diría las cosas que dice sobre la tortura o los bombardeos indiscriminados. Yo tengo la teoría de que ni siquiera quiere ser presidente. Se ha metido en esto y le ha superado.

-Si tiene tantos defectos como usted dice, ¿cómo ha logrado atraer a tanta gente?

-Los americanos no saben de nada y el resto del mundo les importa una mierda, así que, en ese sentido, Trump es su candidato porque es un ignorante y eso resuena. Tiene el mensaje populista y venía precedido de la fama. Además arrastra el mito de que es un gran hombre de negocios cuando solo en los 90 los bancos le perdonaron cerca de 800 millones de dólares tras declararse en quiebra. No sé cuántas historias hay que escribir para que la gente deje de creerlo. Ha sabido usar su nombre y esa ha sido su gran creación. En eso consiste su genio.


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