La guerra fría 2.0

Rusia y la OTAN refuerzan sus dispositivos militares y aproximan sus fuerzas en el Báltico y el mar Negro

La cumbre de la Alianza Atlántica de Varsovia certificará el clima de enfrentamiento entre Moscú y las potencias occidentales

Varios policías caminan hacia el estadio nacional donde se celebrará la cumbre.

Varios policías caminan hacia el estadio nacional donde se celebrará la cumbre. / EFE / RADEK PIETRUSZKA

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MARC MARGINEDAS / MOSCÚ

Pasaron muy cerca del buque, en algún caso incluso a nueve metros de distancia, poniendo a prueba la templanza de la tripulación, y obligando a detener el repostaje de un helicóptero polaco. En abril, dos aviones rusos Sukhói-24 sin armas, realizaron repetidos vuelos rasantesrepetidos vuelos rasantes sobre el destructor 'USS Donald Cook' cuando navegaba por aguas internacionales del mar Báltico, a 110 kilómetros del puerto ruso de Kaliningrado. El incidente, además de propiciar una dura reprobación por parte de EEUU, fue calificado por los expertos como una de las “más agresivas interacciones militares que se recuerdan entre los antiguos enemigos de la guerra fría, enfrentados de nuevo a raíz de la crisis ucraniana y la guerra en Siria.

Moscú se defendió entonces asegurando que sus pilotos respetaron el protocolo de seguridad que rige el comportamiento de dos ejércitos operando en las proximidades, al tiempo que destacó que el barco navegaba muy cerca de la sede de la flota rusa del Báltico.

El percance, uno de los innumerables episodios de tensión protagonizados por aviones y buques rusos y de la Alianza Atlántica en los últimos dos años, ilustra con meridiana claridad el clima que preside en la actualidad las relaciones entre Occidente y Moscú. Tal y como constataba un reciente informe del comité de Defensa del Parlamento británico informe comité de Defensa del Parlamento británico, a raíz de la guerra en Ucrania, Rusia ha dejando de ser un socio, para convertirse en una amenaza y un “competidor estratégico”.

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN que se inicia en Varsovia solo certificará lo que en muchos círculos militares y académicos se conoce como “Nueva Guerra Fría” o “Guerra Fría 2.0”,  acordando el despliegue, en las tres repúblicas bálticas y Polonia, de una fuerza multinacional de 4.000 hombres. Algunos académicos, sin embargo, se resisten aún a desempolvar vocabulario y terminología del siglo pasado, y resaltan las diferencias entre ambos periodos históricos. “El mundo era entonces bipolar, ahora es multipolar; se enfrentaron dos bloques militares con sistemas políticos antagónicos, capitalismo y comunismo; ahora tal rivalidad ideológica no existe”, destaca telefónicamente Natalia Egorova, del Centro de Estudios de la Guerra Fría de la Academia de Ciencias Rusa.     

Debates terminológicos aparte, la región del Báltico y las aguas y los países ribereños del mar Negro constituyen los dos escenarios de fricción de esta actualizada versión de un conflicto geopolítico que, durante décadas, generó gravísimos episodios de tensión. En estos dos escenarios, ambos bandos –la OTAN y Rusia- refuerzan posiciones, incrementan sus capacidades militares y aproximan fuerzas, posibilitando incidentes como el de la primavera en el Báltico.

VULNERABILIDAD DE ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA

En el cuartel general de la OTAN inquieta especialmente la vulnerabilidad de las tres pequeñas repúblicas bálticas, miembros desde el 2004 y unidas al resto de la alianza por la denominada ‘brecha Suwalki’brecha Suwalki, una pequeña franja de territorio de unos 100 kilómetros, que ‘de facto’ las convierte en un maxi-enclave rodeado de territorio hostil e imposible de defender en caso de invasión, una moderna versión de lo que fue Berlín Occidental durante la Guerra Fría.  “Temo que  (tal movimiento) requerirá una acción de respuesta”, ha declarado Andréi Kelin, a la cabeza del Departamento de Cooperación Europea del Ministerio ruso de Exteriores, al ser preguntado acerca del inminente despliegue de la OTAN en el Báltico.

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Pese a que las tropas aliadas rotarán, intentando respetar el compromiso aliado de no estacionar tropas de forma permanente en territorio del antiguo Pacto de Varsovia contenido en el Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997, Moscú ya ha dicho que, antes de fin de año, enviará dos divisiones adicionales de 10.000 hombres cada una a la región colindante al otro lado de la frontera.  

Al sur, la anexión de Crimea en el 2014 ha trastocado por completo el equilibrio de fuerzas en el mar Negro. El Kremlin reforzará, a corto plazo, con varias fragatas y submarinos diésel, a su flota con base en Sevastopol. Para contrarrestar al poderío naval de Rusia, barcos de la OTAN se turnan para patrullar dichas aguas, al tiempo que se han incrementado las patrullas con aviones de observación AWACS. “La militarización de las relaciones políticas en el mar Negro es un hecho”, constata Dimitar BechevDimitar Bechev, de la prestigiosa London School of  Economics (LSE)     

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