LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA

El FBI no recomendará cargos contra Clinton en el asunto de los 'e-mails'

La agencia critica su "negligencia", pero carece de pruebas de que lo hiciera de forma intencionada

Hillary Clinton, en un discurso en Cleveland, el 13 de junio.

Hillary Clinton, en un discurso en Cleveland, el 13 de junio. / AP / TONY DEJAK

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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Hillary Clinton puede respirar tranquila. Casi con toda seguridad no será procesada por la gestión que hizo de sus correos electrónicos durante su etapa de secretaria de Estado, cuando optó por alojar sus comunicaciones en varios servidores privados. El FBI, la agencia que ha investigado las posibles connotaciones legales del asunto, ha concluido que no recomendará cargos contra la candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Esa decisión debe ser ahora refrendada por el Departamento de Justicia, pero todo hace indicar que los obstáculos legales que Clinton enfrentaba para competir por la Casa Blanca han quedado despejados.

El director del FBI, James Comey, ha asegurado que 110 correos enviados o recibidos por Clinton contenían información clasificada y ocho de ellos 'Top Secret'. Comey no ha descartado que espías o piratas informáticos hostiles a EEUU hayan podido apropiarse de esos 'e-mails' y ha acusado a la exsecretaria de Estado y sus ayudantes de manejar la información sensible de “extraordinariamente negligente”.

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Pero también ha precisado que no se han encontrado suficientes pruebas que demuestren que la imprudencia fuera intencionada o que Clinton borrara algunos correos para protegerlos del escrutinio público, delitos que pueden acarrear una pena de cárcel. "Aunque hay pruebas de violaciones potenciales de los estatutos que regulan el manejo de la información clasificada, creemos que ningún fiscal razonable abriría un caso así", ha dicho Comey para explicar por qué no recomendará cargos.

Sus conclusiones se producen solo unos días después de que Clinton fuera interrogada durante tres horas y media en la sede del FBI en Washington. La fiscal general del Estado, Loretta Lynch, había declarado que aceptaría las recomendaciones del FBI, sugiriendo que si la agencia apostaba por acusarla, el ministerio público tomaría medidas para sentarla en el banquillo. Pero con esta decisión, el camino de la exsecretaria de Estado parece despejado. Ha salido indemne de la polémica de Bengasi (Libia) y ahora de la de los 'e-mails'. Otra cosa es el daño que ambos casos hayan podido hacer a su reputación. Tanto el uno como el otro han servido a los republicanos para reforzar la impresión en parte del electorado de que los Clinton juegan con sus propias reglas.