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Muere una diputada laborista al ser tiroteada y apuñalada en el norte de Inglaterra

Un testigo afirma que el atacante de Jo Cox ha gritado "Gran Bretaña primero"

BEGOÑA ARCE / LONDRES

La diputada Jo Cox.

La diputada Jo Cox. / Richard Gardner Rex Shutterstock

La bandera del Parlamento británico ondea media asta. La campaña del referéndum se ha teñido este jueve de  sangre, con el primer asesinato de un diputado desde 1990. La laborista Jo Cox, una antigua trabajadora de la  oengé Oxfam,  fue asesinada de varios disparos y puñaladas, a primera hora de la tarde, cuando se hallaba en la tranquila localidad de Bristall, cerca de Leeds, en el norte de Inglaterra. Iba a reunirse en la biblioteca con sus electores, en los encuentros habituales que formaban parte de su trabajo parlamentario. El agresor, un hombre de 52 años, llamado según los vecinos, Tommy Mair, fue detenido poco después del ataque. Varios testigos aseguran haberle oído gritar “Britain First” (“Gran Bretaña Primero”), el nombre de un grupúsculo de la extrema derecha, slogan también habitual también de los grupos de esa ideología. De acuerdo con varios testimonios, Cox, de 41 años, recibió un primer disparo, y ya en suelo, otros dos, uno de ellos en la cabeza. Además el agresor la apuñaló, antes de marcharse caminando tranquilamente. "Salía de la biblioteca con su asistente y (el atacante) la estaba esperando. Primero le apuñaló y un hombre trató de detenerle, luego le disparó", relató a los medios Terry Flynn-Edwards. Un hombre de 77 años que trató de intervenir recibió varias heridas leves.  “Me quedé petrificado cuando vi a una lady como Jo Cox, tan encantadora, tirada en el suelo con la cabeza caída. Estaba con vida, porque movía el brazo izquierdo”, contaba otro de los presentes. Evacuada en un helicóptero y conducida al hospital de Leeds General Infirmary, cuarenta y cinco minutos más tarde fallecía, sin que los médicos hubieran podido salvar su vida.

La policía no ha querido especular sobre el móvil del crimen. Algunos residentes describían a Mair como un solitario, desempleado al parecer, que colaboraba con una organización de ayuda a personas con problemas mentales. Él solía ofrecerse a cuidar los jardines de los vecinos en Batley, una localidad próxima al lugar del crimen. Decía que cultivar flores era la mejor terapia. Su vivienda está siendo exhaustivamente registrada por un equipo de investigadores forenses.

Jo estaba casada con Brendan Cox, un antiguo colaborador del ex primer ministro laborista, Gordon Brown, madre de dos hijos pequeños, la familia vivía en una barcaza en el Támesis. Había ingresado en el parlamento el pasado año, como diputada por el distrito de Batley and Spen, en West Yorkshire. Estaba considerada como una de las mejores y más prometedoras figuras del joven laborismo. Una estrella en ascenso, con luz propia. “Por primera vez en muchísimos años teníamos una diputada interesada en Bristall, interesada en la gente y en los negocios de aquí”, se lamentaba entre lágrimas una de las residentes en la localidad, tras conocer la trágica noticia. Cox se había licenciado en la Universidad de Cambridge y no sólo estaba interesada en asuntos locales. Seguía muy de cerca la política internacional, especialmente la situación en Siria, una herencia de su trabajo en Oxfam. Su esposo Brendan también había trabajado con Save the Children. Pocas horas después de perder a su esposa en un comunicado pidió “unidad frente al odio que la ha matado”. “Jo creía en un mundo mejor y luchó por él cada día”.

La campaña del referéndum quedó suspendida y quizás tampoco se reanude el viernes. Los mensajes de condolencia y homenaje a la desaparecida llegaron de todas partes del espectro político, profundamente conmocionado como el resto del país. “Era una diputada muy comprometida. Se interesaba mucho por cómo podías ayudar a los refugiados sirios. Era una persona con un gran corazón”, declaró desde Gibraltar David Cameron, donde le pilló la luctuosa noticia. “La familia laborista y el conjunto del país están conmocionados y entristecidos por la horrible muerte de Cox”, declaro el líder laborista Jeremy Corbyn. Nigel Farage del UKIP también dijo sentirse “muy entristecido”. 

La violencia contra un diputado, es un suceso muy raro en la política británica, pero hay precedentes. En el año 2010  un antiguo secretario de estado, Stephen Timms, fue apuñalado por un estudiante que había pedido cita, en la consulta habitual con los electores. El agresor fue condenado a cadena perpetua. En el año 2000, un antiguo diputado liberal demócrata, Nigel Jones, fue atacado con una espada de samurái, también cuando pasaba consulta. Su ayudante, Andrew Pennington, murió al trata de protegerle.