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Momentos clave (y surrealistas) de la extraordinaria campaña en EEUU

Idoya Noain

Donald Trump insultando a los mexicanos en uno de sus mítines de campaña.

El duelo por la presidencia de Estados Unidos entre Donald Trump y Hillary Clinton parece ya garantizado, con los dos candidatos habiéndose hecho, de facto, con las nominaciones de sus respectivos partidos, el millonario empresario hace dos semanas y la exsecretaria de Estado, exsenadora y exprimera dama este lunes. Hasta que el próximo 8 de noviembre los estadounidenses acudan a las urnas y elijan al sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca se pueden augurar cinco meses de una de las batallas electorales más duras e impredecibles en la memoria reciente, al menos si se toma como referencia la campaña hasta ahora, más de un año plagado de momentos extraordinarios y, en muchos casos, surrealistas. Este es un repaso de algunos de ellos.

UN ANUNCIO QUE MARCÓ EL TONO

El 16 de junio de 2015 Donald Trump bajó acompañado de su esposa Melania las escaleras mecánicas de la torre que lleva su nombre en la Quinta Avenida de Nueva York, se colocó ante la prensa y dio el paso con el que hasta ese momento solo había tonteado: anunció formalmente su candidatura a la nominación republicana. Los 50 minutos que habló el magnate inmobiliario y estrella de la televisión realidad fueron la carta de presentación del discurso y el tono que ha mantenido desde entonces, una retahíla de insultospropuestas descabelladas, escasos datos y apelaciones a recuperar "la grandeza de América". Así ha marcado desde entonces la campaña republicana y estadounidense y ha conseguido, también, conectar con una parte importante de la ciudadanía, hastiada del sistema y de los políticos tradicionales.

LOS INSULTOS

Las primeras semanas de campaña de Trump demostraron que las provocaciones del anuncio de su candidatura no eran flor de un día y empezaron a dejar de manifiesto también su capacidad para dominar la conversación política y mediática y para sobrevivir lo que a otros les habría costado la carrera. Osó, por ejemplo, insultar a John McCain, cuestionando que el senador que fue prisionero de guerra en Vietnam fuera calificado por ello de héroe, y aunque todo el mundo se le echó encima para entonces era evidente que en el poblado campo republicano, donde ha llegado a haber 17 aspirantes a la nominación, se había bajado el listón de lo admisible. Hasta Obama dijo ante los exabruptos que "sería ridículo si no fuera tan triste".    

EL REY DE LOS DEBATES

En agosto del 2015 tuvo lugar el primero de una docena de debates entre los candidatos republicanos y desde el principio quedaron marcados por Trump y su estilo, más dominados por ataques personales que por propuestas políticas pero convertidos también, eso sí, en éxitos de audiencia. Fue en el primero de esos debates donde Trump protagonizó un encuentro cargado de machismo con la moderadora, Megyn Kelly, a la que luego insultaría haciendo referencia a su menstruación.

IRREFRENABLE

La campaña seguía y se iban haciendo hueco gracias a buenas actuaciones en los debates otros candidatos como Carly Fiorina, Marco Rubio, Jeb Bush, Ted Cruz y John Kasich, pero tanto Trump como el neurocirujano Ben Carson, otro outsider de la política, seguían en ascenso. Y eso que Trump se mostraba irrefrenable. Lo mismo se mofaba de un periodista discapacitado en un mitin que prometía expulsar a los refugiados sirios en EEUU si llega a la Casa Blanca, una de las primeras muestras de una islamofobia que se extendió entre los candidatos republicanos y que el propio Trump llevaría al extremo al proponer en diciembre el veto a la entrada en EEUU de todos los musulmanes.

GUERRA A TRES BANDAS (Y KASICH)

Para cuando empezó el 2016 y se estaba a las puertas de los primeros caucus y primarias estaba ya claro que Trump era un candidato que había que tomar en serio y cuando las urnas empezaron a hablar fue perfilándose que la pelea republicana iba a ser cosa de tres (Trump, Cruz y Rubio), aunque luego se haría un espacio entre tanto extremo el conservadurismo moderado de John Kasich. Y conforme se intensificaba la guerra intestina, subían también de tono los insultos de Trump, que lo mismo se mofaba de la "baja energía" de Jeb Bush que llamaba a Cruz incesantemente "mentiroso" o cosas peores o denigraba a Rubio llamándole "pequeño Marco" o riéndose de él.

¿NUNCA TRUMP?

En el Partido Republicano aumentaba el temor ante el auge de un candidato que les estaba dinamitando y cobraba fuerza el movimiento "nunca Trump", con inéditos ataques como el que lanzó contra el favorito Mitt Romney, que llegó a llamarle "farsante". Las urnas, no obstante, seguían respaldándole y sus rivales, cometiendo errores.

Y el nivel del discurso político seguía degradándose. 

VIOLENCIA

La campaña está viviendo también unos niveles de tensión y violencia sin precedentes. Un mitin de Trump en Chicago tuvo que suspenderse y el propio Trump, que dijo que sus votantes seguirían apoyándole aunque disparara a alguien en la calle, ha sido acusado de incitar a la violencia.

En otro de sus mítines, cuando se llevaban a un hombre que estaba protestando contra él, el magnate inmobiliario dijo que le gustaría "darle un puñetazo en la cara".

Entre algunos de los seguidores de Trump, que ha mantenido viva la teoría conspirativa que pone en duda que el presidente Obama naciera en EEUU, fluye también un aire innegable de racismo y el candidato no lo ha disipado con gestos como mostrarse reticente a rechazar el apoyo de supremacistas blancos y el Ku Klux Klan.

SANDERS Y CLINTON, TENSIÓN CRECIENTE

En el campo demócrata la pelea intestina por la nominación ha seguido coordenadas más tradicionales pero no ha estado tampoco exenta de momentos tensos, especialmente conforme se iba haciendo más reñido el duelo entre Hillary Clinton y Bernie Sanders.

Esa tensión se ha podido ver en varios de los debates. 

También ha llevado a Clinton a perder los nervios en algún encuentro con seguidores de su rival.

Y la campaña demócrata tampoco se ha librado de sus polémicas, como cuando en un acto de apoyo a Hillary Clinton la exsecretaria de Estado Madeleine Albright aseguró que "hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no apoyan a otras mujeres".