03 jul 2020

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CANDIDATO EN APUROS

Las acusaciones de "fraude" persiguen a la Universidad Trump

Varios exempleados aseguran que el negocio del candidato republicano era una "completa mentira"

Ricardo Mir de Francia

Trump en un mitin a pie de avión en Sacramento (California) el miércoles.

Trump en un mitin a pie de avión en Sacramento (California) el miércoles. / AFP / JOSH EDELSON

Como no podía ser de otra forma, la bautizó como la Universidad Trump y la anunció con sensacionales reclamos publicitarios que auguraban éxito y riqueza en solo unos meses. “Solo tienes que copiar exactamente lo que yo hice para hacerte rico” o “Puedo convertir a cualquiera en un inversor inmobiliario de éxito”.

Los cursos prometían enseñar a los estudiantes las técnicas de Donald Trump para invertir en el mercado inmobiliario y presentaban como único aval el nombre del magnate. “Es el emprendedor más celebrado de la Tierra –decían--. Ha ganado en un día más que la mayoría de la gente en toda una vida”. Con semejantes anzuelos, miles de personas picaron y se endeudaron hasta las cejas. Muchos salieron escamados.

Durante la década que permaneció activa aquella ‘universidad’ sin sede ni licencia para operar como institución educativa, Trump se embolsó cerca de 40 millones de dólares de más de 5.000 estudiantes, según consta en la demanda civil presentada hace tres años contra el magnate por el estado de Nueva York.

DEMANDAS COLECTIVAS

Tiene pendientes otras dos demandas colectivas en California, litigios que están dominando la conversación en los últimos días y esclareciendo la ética que aplica en sus negocios.

Tres exempleados de su ‘universidad”, que aparecen como testigos en una de las demandas, la han descrito como “una absoluta mentira”, una “trama fraudulenta” que “buscaba presas entre los ancianos y la gente sin educación para separarles de su dinero”.

Algo así como la estafa de las preferentes en versión Trump, el hombre que peleará en noviembre por la presidencia de EEUU. Para atraer clientes, la ‘universidad’ ofrecía cursos gratuitos de 90 minutos, celebrados generalmente en hoteles de todo el país.

Pero la intención no era otra que “tratar de venderles a los consumidores el próximo curso utilizando tácticas muy agresivas de mercadotecnia”, según ha testificado Corrine Sommer, que ejerció de manager de los eventos en 2007.

El próximo paso era un seminario de tres días a un coste de 1.495 dólares y el siguiente un programa de un año por el que se pagaban entre 10.000 y 35.000 dólares por el acceso a materiales de estudio y la supervisión de un mentor.

Como instructores, la ‘universidad’ prometía expertos “directamente seleccionados” por Trump, pero según la fiscalía de Nueva York, muchos de los profesores no habían trabajado nunca en el sector o se habían declarado en quiebra tras dedicarse una temporada al ladrillo. “Ninguno de ellos”, además, había sido directamente seleccionado por Trump.

“Algunos de los clientes que se presentaron eran indigentes sin dinero para pagar los seminarios, pero recuerdo haber oído a los representantes de la Universidad Trump decirles que no se preocuparan y que echaran mano de la tarjeta de crédito”, declaró Sommer.

COMENTARIOS RACISTAS

El candidato republicano ha negado las acusaciones de fraude, sosteniendo que docenas de estudiantes expresaron por escrito su satisfacción con los cursos. Y mientras tanto está tratando de desprestigiar a la prensa que ha investigado el caso y al juez federal que ha hecho público los testimonios de una de las demandas de California con insultos personales.

De ese juez, Gonzalo Curiel, ha dicho que es “tendencioso” y le odia, que es una “desgracia total”. Pero también ha utilizado contra él racismo larvado que impregna su discurso. “Y resulta además que creo que es mexicano”, dijo esta semana. Curiel nació en Indiana y es plenamente estadounidense.

Aunque es bastante común que los políticos estadounidenses expresen su disconformidad con las decisiones judiciales, mucho menos habitual es que les insulten personalmente como hace Trump, lo que ha llevado a varios juristas a expresar su preocupación por el desprecio del magnate a la independencia judicial, un comportamiento profundamente antidemocrático.