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LA NUEVA IZQUIERDA EN ITALIA

El Gobierno italiano afronta un test crucial en las próximas municipales

Renzi admite que los comicios locales y las reformas constitucionales marcarán el futuro de su mandato

Un referéndum popular decidirá la transformación del Senado y la drástica reducción de dos tercios de sus escaños

Rossend Domènech

Vista general del Senado italiano, en Roma, en una imagen de archivo. / EFE / CLAUDIO ONORATI

Vista general del Senado italiano, en Roma, en una imagen de archivo.
Matteo Renzi mira al móvil mientras espera la llegada del presidente de la Comisión Europea, en verano del 2014, en Roma.

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“Me juego la cara, el tipo, el puesto”. Matteo Renzi no se anda con remilgos frente a las dos citas más importantes de su Gobierno, nacido sin elecciones en el 2013 y que debería llegar hasta el 2018, término natural de la legislatura.

Se trata de citas electorales de distinto valor, pero con un denominador común, que marcará el ascenso o descenso, inutilidad o eficacia de la generación cuarentañera de Renzi y la de los movimientos de indignados surgidos paralelamente a los partidos en estos años de crisis. Una protesta a la que “las élites políticas no han dado aún respuestas”, como ha escrito el analista conservador Angelo Panebianco.

El 5 de junio habrá elecciones municipales parciales que afectarán a Roma, Milán, Turín, Bolonia, Nápoles y a otras grandes ciudades. En la capital, los progresistas están divididos entre los 'limpios' y quienes pactaron con lo que se conoce como Mafia Capitale, por lo que los indignados son favoritos. En las demás ciudades, los progresistas están también divididos entre lo que llaman “la deriva” plebiscitaria y socialdemócrata de Renzi y un partido anclado en lo que siguen llamando izquierda o socialismo,  sin que nadie haya explicado desde la caída del Muro de Berlín y el fin del comunismo en qué consiste ahora la izquierda.

La segunda de las citas, sobre algunas reformas constitucionales, comportaría para Italia una superación del trauma causado por el fascismo de Mussolini, pasando parcialmente página a los compromisos, pactos y en fondo a la inmobilidad que ha reinado desde entonces por el miedo a que exista un primer ministro, un líder nacional. La Constitución vigente no prevé dicho cargo, ni tampoco la de un jefe del Gobierno, sino solo un “presidente del Consejo de Ministros”. Una especie de simple intermediario que a lo sumo puede, parafraseando el 'Gattopardo' de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “cambiarlo todo para que todo siga igual”.

REGENERACIÓN SOCIAL

Si Renzi y su partido vencen las citas, quizás la vieja izquierda consiga regenerarse en algo socialmente útil para la actualidad, aunque sea de la mano de un exdemocratacristiano. Si avanza el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, parcialmente equivalente en España a Podemos, tal vez los indignados decidan de poner finalmente en juego su virginidad política para aprender lo que el católico Emmanuel Mounier llamaba “el arte de saberse ensuciar las manos”.

En octubre se celebrará un referéndum para confirmar definitivamente al menos una reforma constitucional, ya aprobada por el Congreso y el Senado, que no obtuvo la mayoría requerida,  por lo que exige una consulta de los electores. Entre los cambios figura la reducción de algunas competencias autonómicas, la trasformación del Senado en Cámara territorial, la reducción de 319 a 100 senadores y la supresión definitiva de las diputaciones. Las reformas conllevarán un cambio de ley electoral sobre cuyo proyecto también se echan los platos los partidarios del 'Gattopardo' y los aprendices de Mounier.