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CRISIS HUMANITARIA EN EUROPA

La enfermera catalana en Idomeni: "Quizá ya no haya hospital"

Voluntarios y miembros de oenegés explican sus experiencias en el campamento de refugiados que ha empezado a ser desalojado

Javier Triana Kim Amor

La enfermera Gemma Poca atiende a unos niños en el Baby Hamam. / VIOLETA PALAZÓN.

La enfermera Gemma Poca atiende a unos niños en el Baby Hamam.
Mensaje de voz de la enfermera Gemma Poca desde Idomeni.

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“La policía no nos deja acercarnos a Idomeni. No podemos ver nada”, explica Nuria Font, una voluntaria que trabaja para la oenegé ‘Amb les Teves Mans’. “Vemos salir autobuses escoltados por la policía y a veces por ambulancias”, añade.

En el momento del inicio del desalojo, Font se encontraba en Hara, situado a unos 300 metros de Idomeni, donde hay también un pequeño campamento. “La gente aquí está asustada y preocupada porque entienden que luego les tocará a ellos ser evacuados. Es triste”, se lamenta.

“Hay mucho desgaste en muchas familias. Creo que se ha usado una política de desgaste”, apunta. "Hasta ahora, lo más llamativo ha sido que nos desalojaran ayer [en referencia a este lunes] a los voluntarios por la noche, alrededor de la medianoche. Pero fue muy amablemente".

Font llevaba en el campamento tan solo una semana y le queda otra como voluntaria, una labor a la que se suman muchos jóvenes. En su caso, su principal labor era repartir leche para los niños por la mañana y por las tardes frutas y verduras.

MUJERES Y NIÑOS

Precisamente para atender a mujeres y niños es que la enfermera catalana Gemma Poca participó en la puesta en marcha de un hospital de campaña y un espacio adyacente a Idomeni. Poca, que forma parte de la oenegé Bomberos en Acción, denunció este lunes la violencia de la policía contra los refugiados en un audio que se hizo pronto viral en las redes sociales y que hacía referencia a unos hechos ocurridos al final de la semana pasada.

La enfermera describía el uso de gases lacrimógenos contra las personas del campo de refugiados. “Europa es asesina, está gaseando a quien huye de la guerra”, exclamaba sin poder controlar al llanto ante la indignación. Este martes, Poca intentaba entrar en el campamento. "Nos han dicho que han desmantelado la tienda de Bomberos en Acción y que los medicamentos están por el suelo. Es peligroso porque hay niños. Queremos confirmar esa información pero quizá ya no haya hospital", dice.

En el hospital de campaña,  conocido como 'Baby Hamam', trabajó como voluntario August Blázquez, quien viajó a Idomeni el pasado mes de marzo como fotógrafo, aunque acabó dejando de lado la cámara para dedicarse durante los 15 días que estuvo ahí a su verdadera profesión, la enfermería.

“La situación me superó”, reconoce ahora Blázquez, que estuvo ayudando en el hospital de campaña durante dos semanas.

Blázquez, un leridano de 33 años que trabaja en el Hospital Clínic de Barcelona, nunca había vivido una situación como la que ha experimentado en el campo de refugiados de Idomeni. “La gente ahí estaba muy cansada, exhausta”, recuerda. Entre los refugiados abundan las infecciones por falta de higiene, gastroenteritis, conjuntivitis, sarna o afecciones respiratorias. "También tos crónica derivada de la inhalación de sustancias por la quema que hacen de cualquier cosas para calentarse", dice. 

DESIDIA DE EUROPA

“Una de las cosas que más me ha impresionado es la desidia de los gobiernos europeos”, se lamenta. “Eso funciona gracias a las oenegés y al voluntariado internacional. Cuando estás ahí piensas que podríamos ser nosotros los refugiados”.

Su deseo de desplazarse hasta Idomeni le vino por la necesidad de ser testigo directo de lo que todos los medios de comunicación hablaban día tras día. Pero la realidad superó todas sus expectativas.

Algo parecido le ha ocurrido a Violeta Palazón, una fotógrafa 'freelance' que también ha vivido una intensa experiencia en Grecia. No solo ha estado en Idomeni, sino también en el campo militarizado de Katsikas, en el norte del país, junto a la frontera con Albania y que acoge a más de 1.200 refugiados sirios, afganos e iraquís.

“Una cosa es lo que ves por la televisión o las fotografías en los diarios y otra bien diferente es cuando pisas el terreno”, afirma Palazón, que estuvo en los campamentos el pasado mes de mayo. “Lo que las cámaras no captan son los olores, los ruidos, el barro o el calor de las fogatas”, recuerda.

Palazón, nacida hace 38 años en Castellar del Vallès, echó también una mano en labores de voluntariado, aunque se dedicó principalmente a captar imágenes. Es una manera de “dar a conocer lo que pasa”. Cuando se le pregunta con qué recuerdo se queda, no duda: "La mirada perdida de las familias cada noche alrededor de las hogueras".

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