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Una exguerrillera con carácter, discreta y con capacidad de liderazgo

Durante la dictadura militar, Rousseff fue víctima de la tortura y la cárcel y su carrera política la hizo de la mano del expresidente Lula da Silva

Dilma Rousseff y Michel Temer en el 2015.

Dilma Rousseff y Michel Temer en el 2015. / EFE / FERNANDO BIZERRA Jr

Del 77 % a tan solo 10% de popularidad. Dilma Rousseff ha visto a lo largo de sus dos mandatos como su popularidad se ha ido derrumbando hasta ser víctima de lo que califica de un "golpe de Estado parlamentario".

La carrera política de Rousseff,  una economista nacida en la ciudad de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, hace 68 años, está estrechamente ligada a su antecesor en la presidencia, Luiz Inácio Lula da Silva

Hasta lograr convertirse en el 2011 en la primera presidenta en la historia de Brasil, Rousseff ocupó el cargo de ministra de Energía y Minas y el Ministerio de Presidencia, el más influyente, bajo la presidencia de Lula, su gran mentor.

Hija de un inmigrante húngaro y de una maestra brasileña, Rousseff abrazó de muy joven el marxismo y se unió a dos grupos armados  que combatían a la dictadura militar, que rigió los destinos de Brasil de 1964 a 1985.

TORTURADA Y EN PRISIÓN

En realidad tuvo un papel más de agitadora que de guerrillera, aunque fue detenida en 1970, turturada y encarcelada durante dos años. El tribunal militar que la juzgó la tildó de "papisa de la subversión". 

Conocida por ser una mujer de carácter fuerte y con fama de autoritaria -no se reprimía a la hora de corregir a sus ministros en público- se ha distinguido por su capacidad de liderazgo, a pesar de carecer de carisma.

"Lo que es difícil no es mi temperamento, sino mi función", de defendió un día. "Debo resolver problemas y conflictos. Sin descanso. No me critican por ser dura, sino por ser mujer", añadió.

Fuera del ámbito político, Rousseff, una ávida lectora y seguidora de la serie Juegos de Tronos, se ha distinguido por su discreción. Ha guardado con celo su vida privada.