30 mar 2020

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Obama transfiere nueve presos de Guantánamo a Arabia Saudí

Los reclusos del penal quedan reducidos a 80, la cifra más baja en 14 años

Ricardo Mir de Francia

Un recluso de Guantánamo, escoltado por dos guardias en el penal, junto a otros dos presos en sus celdas.

Un recluso de Guantánamo, escoltado por dos guardias en el penal, junto a otros dos presos en sus celdas. / AP / TOMAS VAN HOUTRYVE

Estados Unidos envió el sábado a nueve presos yemenís de Guantánamo a Arabia Saudí, solo unos días antes de que el presidente Barack Obama visite el reino de los Saud. Todos los detenidos tenían estrechos vínculos familiares con la monarquía árabe, según las autoridades estadounidenses, y serán sometidos a un programa de “reeducación de yihadistas” en su país de acogida.  Con este transferencia, la población del penal queda reducida a 80 reclusos, la cifra más baja desde que acogiera a los primeros grupos de detenidos hace 14 años.

Entre los liberados está Tareq Ba Odah, un preso que, según sus abogados, llevaba cerca de ocho años en huelga de hambre, alimentado a la fuerza mediante un tubo insertado por la nariz que bajaba hasta el estómago. A sus 37 años, Ba Odah pesaba tan solo 34 kilos y estaba en un estado de salud crítico. Como muchos otros detenidos, no había sido acusado formalmente de nada por falta de pruebas y, desde 2009, tenía permiso de las distintas agencias de seguridad estadounidenses para abandonar Guantánamo.

En febrero del 2002

Cuando EL PERIÓDICO visitó el penal el mes pasado, los médicos al frente de la clínica no quisieron dar detalles sobre su estado de salud ni respondieron a la pregunta de si corría el riesgo de morir encerrado. Ba Odah fue uno de los primeros detenidos en llegar a la prisión en febrero del 2002, días después de que lo abriera la Administración de George Bush.

El pasado mes de febrero Obama presentó un plan para cerrar Guantánamo. Su objetivo es transferir a terceros países a los 26 detenidos que cuentan actualmente con permiso de las agencias de seguridad para ser liberados y trasladar al resto a cárceles en territorio estadounidense. De estos últimos, a 22 se les considera “demasiado peligrosos” para ser liberados aunque no han sido acusados por falta de pruebas o porque sus supuestas confesiones incriminatorias fueron obtenidas por medio de la tortura. Otros 32 han sido procesados o están siendo juzgados en los tribunales militares.