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Elecciones en Perú

Keiko Fujimori se medirá en la segunda vuelta con el exbanquero Kuzcynski

La hija del expresidente encarcelado pide la reconciliación de la sociedad mientras su rival aspira a vencerla reuniendo a todo el antifujimorismo

Abel Gilbert

 Keiko Fujimori (izquierda) y Pedro Pablo Kuczynski, candidatos a la presidencia de Perú.

 Keiko Fujimori (izquierda) y Pedro Pablo Kuczynski, candidatos a la presidencia de Perú. / REUTERS / MARIANA BAZO

“Que sea una segunda vuelta con propuestas, ideas y altura. El país quiere reconciliación y no peleas”, dijo Keiko Fujimori, amplia ganadora de los comicios del domingo en Perú, con el 39% de los votos. Escrutado más del 40% del padrón electoral, todo indica que la hija del autócrata encarcelado Alberto Fujimori competirá por la presidencia con Pedro Pablo Kuzcynski (Peruanos por el Kambio, PPK), quien obtuvo casi el 25% de las adhesiones. Y como el exministro de Economía de Alejandro Toledo, el primer presidente democrático de la era posfujimorista (2001-2006), la candidata de Fuerza Popular llamó a quienes no la votaron a harcelo el 7 de junio y también, de esta manera, elegir “por el cambio”, aunque sin “K”, y “por el futuro”.

Keiko tenía una ilusión: esperaba participar de la segunda vuelta con la joven congresista Verónika Mendoza (Frente Amplio, de centroizquierda), quien quedó a casi ocho puntos de distancia de Kuzcynski. Una elección contra Mendoza, suponían en su entorno, le permitiría capitalizar parte de los apoyos centristas de Kuzcynski. El miedo al retorno de un Fujimori al poder debió asustar a ciertos votantes tradicionales de la izquierda, que prefirieron ir a lo seguro y se decidieron por PPK. Mendoza quedó por debajo de las encuestas y Gregorio Santos, el otro candidato de ese sector, apenas alcanzó el 0,7%. Ahora es PPK quien se ha instalado en el centro político y no Keiko, lo que, sostienen los analistas políticos, complica las aspiraciones de un Fujimori de retornar al Palacio Pizarro.

“Representamos a esa voz de peruanos que reclaman la presencia del Estado”, dijo no obstante ella, para quien la campaña con miras al segundo turno se inició en la misma noche del domingo. Y, para eso, eligió hablar del tema que mejor ubica a su padre en la memoria de buena parte del electorado: la derrota de Sendero Luminoso en los años 90. De manera llamativa, un remanente de ese grupo armado atacó en la madrugada del sábado a un contingente militar en la región. Murieron ocho uniformados y dos civiles. “Expreso a las familias de los militares fallecidos [en la emboscada] mis condolencias. De llegar a ser Gobierno devolveremos paz y tranquilidad. Sabemos que tenemos que mejorar las oportunidades de educación; queremos paz”, dijo.

POR AHORA NO HAY ALIANZAS

Kuzcynski esperó que su rival hablara para fijar su posición. “Quiero agradecer a los que votaron por mí y por los otros. Porque la democracia es escuchar”, dijo, y prometió formar un Gobierno que incluya a “lo mejor” de los otros sectores políticos “para tener un equipo de primer nivel”. El candidato de PPK sabe que necesita tanto los votos de Mendoza como de otras agrupaciones dispersas, entre ellas el APRA, para cerrarle el camino a Fujimori. Sin embargo, fue cauteloso al momento de referirse a posibles pactos electorales. “Estas se hacen en el Congreso, pero obviamente conversaremos con los que creen en la democracia. Vamos a hablar, pero no estamos en condiciones de hacer alianzas ahora”. Kuzcynski se preocupó especialmente en hablarle al electorado socialmente más castigado, donde se encuentra el voto duro del fujimorismo. “Lo importante es que en los próximos 5, 10, 15 años, Perú surja. Para los que están abandonados, para los excluidos en la sierra, los más marginales, que haya progreso”.

De acuerdo con el primer recuento rápido, Fuerza Popular obtuvo 60 escaños en el Congreso, PPK, 25, y el Frente Amplio, 22. El que fuera dos veces presidente peruano Alan García (APRA) apenas obtuvo el 6% de los votos. El recuerdo de la sociedad no le jugó una buena pasada. “Los convoco a pensar en el largo plazo”, dijo igual, a modo de autoconsuelo. A Toledo le fue peor: ni siquiera llegó al 1%.