El 'sistema Juncker' de evasión fiscal

El actual presidente de la Comisión Europea, en su época como primer ministro de Luxemburgo, desarrolló el papel de su país como paraíso fiscal

Jean-Claude Juncker.

Jean-Claude Juncker. / EFE / OLIVIER HOSLET

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ELISEO OLIVERAS

El presidente de la Comisión Europea, el conservador Jean-Claude Juncker, se distinguió en su anterior cargo como primer ministro y ministro de Finanzas de Luxemburgo por desarrollar el papel de su país como paraíso fiscal con 7,7 billones de euros en activos financieros propiedad de extranjeros. Al mismo tiempo, obstaculizó durante años la adopción de medidas eficaces para combatir la evasión fiscal en la Unión Europea (UE).

Juncker fue primer ministro luxemburgués desde 1995 hasta finales del 2013. Tuvo que dimitir por el descontrol de los servicios secretos del país, bajo su responsabilidad directa y que se dedicaban a actividades delictivas. Juncker era desde 1989 ministro de Finanzas, responsabilidad que simultaneó con la de primer ministro hasta el 2009.

Luxemburgo, al igual que Bélgica y Holanda, creó un esquema para facilitar la evasión fiscal de las multinacionales mediante la gestión artificial de patentes, cánones, licencias y préstamos entre filiales, que reducían drásticamente los beneficios oficiales y la tributación. Luxemburgo, Holanda y Bélgica bloquean desde hace años las quejas de Alemania, Francia, Italia y otros países en los comités del Consejo de Ministros de la UE, impidiendo que se cuestionen esos sistemas. 

PALOS EN LAS RUEDAS

Luxemburgo también se distinguió como uno de los principales opositores (junto a Bélgica y Austria) a crear una norma europea sobre la fiscalidad del ahorro tras la liberalización de los movimientos de capitales de 1988. Una directiva de mínimos fue adoptada finalmente en el 2003 cuando Luxemburgo quedó aislado y fue insostenible mantener su veto por más tiempo.

La normativa entró vigor en el 2005, pero como solo afectaba a las cuentas bancarias personales fue fácilmente sorteada transfiriendo los fondos a una sociedad pantalla, a un trust o a una fundación o transformando los depósitos en seguros u otras formas de inversión. La reforma para subsanar esos agujeros también chocó con la oposición y las maniobras dilatorias de Luxemburgo y no se adoptó hasta diciembre del 2014, cuando Juncker ya presidía la Comisión Europea.

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Al filtrarse en noviembre del 2014 los documentos del Luxleaks, Juncker aseguró que "nunca había dado instrucciones" para los acuerdos secretos negociados por su Gobierno con más de 350 multinacionales y que privan a los otros países de la UE de los impuestos que les corresponden. En el 2005, sin embargo, Juncker había alardeado de las "más de 200 horas de negociación" que requirió captar a la norteamericana AOL y se había vanagloriado del "ventajoso entorno fiscal" que había construido en Luxemburgo. Un exdirectivo de Amazon también reveló que Juncker le había ofrecido personalmente a ayudarle a crear una base fiscal ventajosa para la firma, centralizando el pago de los impuestos por sus ventas europeas en Luxemburgo.

Con Juncker como presidente y negando que hubiera conflicto de intereses, la Comisión Europea desestimó prohibir ese tipo de acuerdos y se limitó a proponer en el 2015 que se hicieran públicos. Pero esa obligación no se aplicará hasta el 2017 y solo afectará a los pactos posteriores al 1 de enero del 2012, cuando la gran mayoría son anteriores. Ante el alud de críticas por el Luxleaks, la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, comenzó a investigar y cuestionar alguno de esos acuerdos.