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Òscar Camps: socorrismo sin fronteras

Un empresario catalán que se moja, de manera literal, para salvar vidas de refugiados en el Egeo

Javier Triana

Òscar Camps, durante una operación de rescate de refugiados, cerca de las costas de Lesbos, el 25 de octubre del 2015.

Òscar Camps, durante una operación de rescate de refugiados, cerca de las costas de Lesbos, el 25 de octubre del 2015. / AP / SANTI PALACIOS

Cuando Òscar Camps (Barcelona, 1963) vio la foto de Aylan Kurdi, la rabia le empujó a la acción. El niño ahogado, boca abajo en la arena de una playa turca el pasado mes de septiembre, fue el detonante que le llevó a fundar Proactiva Open Arms, una oenegé de socorristas que desde hace más de medio año vigila las costas de la isla griega de Lesbos y rescata y asiste en la llegada de pateras de refugiados que buscan una vida más segura en la Unión Europea.

“Por nuestras manos han pasado al menos 135.000 refugiados”, relataba Camps a finales del mes pasado durante una entrevista con este diario. Más de 135.000 personas a las que Proactiva ha ayudado (y en muchos casos, salvado literalmente de la muerte por ahogamiento en el mar Egeo) en su breve andadura como organización sin ánimo de lucro.

Camps se quita méritos: “Sí, bueno... yo vine aquí el primero, pero esto es un trabajo en equipo. ¿Qué habría hecho yo aquí solo? Nada. Somos un equipo y este trabajo es solo posible en equipo. Por aquí han pasado muchas personas”.

CENTRO DE OPERACIONES

El equipo son 14 personas que rotan cada 15 días y se alojan en To Kyma, una pensión-restaurante de la costa norte de Lesbos que habitualmente abría en verano para atender al turismo, una importante fuente de ingresos para la isla. Ahora To Kyma es su centro de operaciones. “La Marca España es esto: montar un centro de operaciones en un bar y que funcione”, bromea Camps.

Los socorristas de Proactiva se organizan por turnos y pasan gran parte del día patrullando en los caminos del norte de Lesbos. Es la zona en la que más personas mueren ahogadas ahora mismo en todo el planeta. Los voluntarios siguen los avisos de seguridad y tratan de avistar pateras que se aproximen. Actúan cuando es necesario. Duermen poco y trabajan mucho. Además, el factor emocional resulta agotador. Son muchas sensaciones, muchas vivencias al límite, difíciles de gestionar. Pero su labor y su profesionalidad les ha hecho ganarse el reconocimiento de las autoridades griegas, quienes no dudan en contar con ellos en situaciones de emergencia.

LÓGICA APLASTANTE

El director de Proactiva es un hombre con la cabeza bien amueblada. Habla con lógica aplastante. “Si un grupo de voluntarios casi sin recursos como nosotros hemos sido capaces de hacer esto, imagina lo que podrían haber hecho las administraciones públicas. No entiendo por qué montan tanto drama ahora”, arremete.

“El salvamento es lo menos rentable que hay en el mundo. Lo hago por pura vocación”, afirma Camps, cuya familia cuenta con varias empresas. Su compañía de socorrismo está presente en cuatro comunidades autónomas españolas y el personal de la oenegé son los propios empleados, que acuden en sus días de vacaciones.

EMBARCACIÓN EN LIBIA

Para el futuro, Camps está negociando la cesión de una embarcación de salvamento para operar frente a las costas de Libia, donde ahora está repuntando el tráfico de personas con destino a Italia debido al mayor control que el acuerdo entre Bruselas Ankara ha llevado al Egeo. Las travesías son más largas y más peligrosas en ese trayecto.

Sin embargo, To Kyma seguirá como base para Proactiva, que pretende mantener siempre un equipo allí mientras siga habiendo recursos. Porque, según Camps, la desesperación hará que los refugiados sigan intentando cruzar a Europa sin importar cuántos recursos se inviertan en frenarlos.

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