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Un nuevo atentado en Ankara deja al menos 34 muertos

Más de un centenar de personas han resultados heridas en el ataque que fuentes gubernamentales atribuyen "al PKK o grupos afines"

Javier Triana

Equipos de emergencia atienden a los heridos en el lugar del atentado.

Equipos de emergencia atienden a los heridos en el lugar del atentado. / AP

Al menos 34 personas han muerto y 125 han resultado heridas, 19 de las cuales se encuentran graves, en un nuevo atentado en la capital turca, informó la Oficina de Gobernación de Ankara a través de un comunicado. Según la fuente, 23 murieron a consecuencia de la explosión, causada por un coche bomba, mientras que otras 4 perecieron de camino al hospital.

La explosión tuvo lugar a las 18.45 hora local (una hora menos en España) junto al parque de Güven, en el céntrico distrito capitalino de Kizilay. Este lugar es un concurrido nudo de transporte en la ciudad (con minibuses, autobuses y estación de metro) y una zona comercial y de recreo que se suele llenar de gente los fines de semana.

El estallido dejó varios vehículos en llamas e incluso alguno totalmente calcinado. Camiones de bomberos y ambulancias se presentaron rápidamente en el lugar del suceso. Éstas trasladaron a los numerosas heridos a hospitales de la ciudad. Las fuerzas de seguridad se apresuraron a evacuar y acordonar la zona por miedo a un segundo ataque.

Fuentes gubernamentales turcas aseguraron a la agencia de noticias Reuters que "los primeros indicios apuntan a que el ataque ha sido realizado o por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) o por grupos afines". Sin embargo, los objetivos del PKK suelen ser miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, mientras que en este caso las víctimas han sido civiles en su mayoría.

VÍDEOS DE SEGURIDAD

No obstante, el ataque sí presenta características similares al que se produjo el pasado 17 de febrero también en Ankara a apenas un kilómetro del atentado de este domingo. En esa ocasión, un coche bomba conducido por un suicida mató a 29 personas e hirió a 81. El Ejecutivo culpó entonces a la grupo armado kurdo-sirio de las Unidades de Protección Popular (YPG) en colaboración con el PKK, mientras que los radicales kurdo-turcos de los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK) reivindicaron la autoría. Por el momento, ningún grupo se ha atribuido el ataque.

Tampoco se sabe aún con certeza si esta vez se ha tratado de un coche bomba o de un vehículo con explosivos conducido por un terrorista suicida, aunque los vídeos de seguridad que circularon por la redes sociales a los pocos minutos de incidente señalan hacia la segunda hipótesis.

A los pocos minutos de la explosión, Turquía puso en marcha la censura de imágenes en la prensa y a través de redes sociales, una medida ya tradicional en el país eurasiático en este tipo de ocasiones. Las imágenes disponibles muestran un escenario ajetreado entre policías corriendo, ambulancias socorriendo a heridos, camiones de bomberos y sirenas que no paran de sonar.

El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, presidió un reunión de seguridad de urgencia sobre lo ocurrido en Ankara. Por su parte, el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, en Estambul en el momento del atentado, fue informado del asunto por el ministro turco del Interior, Efkan Ala, por vía telefónica.

El pasado viernes, la Embajada de EEUU en Ankara alertó a sus ciudadanos de un posible ataque terrorista a través de un comunicado. “Hay información relativa a un potencial ataque a edificios gubernamentales turcos y alojamientos en la zona de Bahçelievler, en Ankara. Los ciudadanos estadounidenses deberían evitar ese área”, pedía el texto. “Recomendamos a los estadounidenses que revisen sus planes personales de seguridad –proseguía el documento–, permanezcan alerta, sigan las noticias y hagan caso de las instrucciones de las autoridades locales”.

RITMO VERTIGINOSO

Se trata del tercer gran atentado que tiene lugar en Ankara desde el pasado 10 de octubre. En esa fecha, varias explosiones durante una marcha por la paz acabaron con la vida de 103 personas, en un ataque que el Gobierno turco atribuyó al Estado Islámico. El segundo fue el citado suceso del 17 de febrero.

Este es también el tercer gran atentado en igual número de meses en Turquía. Antes del acontecido el 17 de febrero en Ankara, un supuesto yihadista suicida del Estado Islámico se inmoló en el turístico distrito estambulí de Sultanahmet, provocando la muerte de 12 turistas el 12 de enero.

Desde la ruptura de las negociaciones de paz, el pasado mes de julio, entre el PKK y el Gobierno turco, la situación de seguridad en Turquía se ha deteriorado a un ritmo vertiginoso. Las Fuerzas Armadas turcas han mantenido varias localidades del sureste de Turquía, poblado eminentemente por kurdos, bajo toque de queda durante semanas so pretexto antiterrorista. Cientos de personas de ambos bandos han muerto desde entonces en estos enfrentamientos, que también han desplazado a centenares de miles de civiles de sus hogares y colocado a algunos puntos en delicada situación humanitaria. Se trata de una guerra no declarada sobre la que reina la censura informativa.

Además, el doble juego que el Ejecutivo de Ankara ha estado practicando respecto al Estado Islámico (no combatiéndolo de manera abierta y no sellando las fronteras ni controlando su circulación por territorio turco de forma efectiva) también le estaría pasando factura, con la formación de células yihadistas en Turquía y captadores de posibles reclutas y hasta ataques como el de Suruç del pasado 20 de julio, con 33 muertos.

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