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CONTROVERSIA EN EL SUR DE ITALIA

Nápoles se alza contra la Iglesia por el tesoro de San Gennaro

Un polémico decreto dispara las protestas ciudadanas contra el supuesto intento del clero de 'apropiarse' del patrono local

Rossend Domènech

Protesta ciudadana ante la catedral de Nápoles, el 5 de marzo. / AFP / MARIO LAPORTA

Protesta ciudadana ante la catedral de Nápoles, el 5 de marzo.
Pañuelos blancos en la puerta de la capilla de San Gennaro, en Nápoles.
Cartel con la inscripción ’El tesoro no se toca’, sostenido por un manifestante, en Nápoles, el 5 de marzo.
Concentración de personas en la capilla de San Gennaro, durante la protesta ciudadana, el 5 de marzo.

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“Quitad las manos de San Gennaro”. Como en las más convulsas épocas de la historia de Nápoles, los nobles de la ciudad, junto con el pueblo otrora calificado como de 'lazzaroni' -lazarillos-, se han levantado en armas, esta vez con las de unos pañuelos blancos, contra la iglesia local y el Vaticano para defender la laicidad del santo protector de la ciudad.

El motivo de la discordia es un decreto de Interior que apunta a transformar y trasladar la “propiedad” del santo a una Diputación (consejo) en la que por primera vez entrarían también los representantes del clero local, que hasta hoy estaban excluidos porque el Santo, por santo que sea, era considerado una propiedad laica, externa a la Iglesia.

“¿Nos quieren quitar a nuestro santo?”, preguntan en estos días los 'lazzaroni' al abad de la capilla, Vincenzo De Gregorio, que intenta poner paz. Responde que “el cardenal no piensa apoderarse del Santo” y que lo que pide Interior es solo “un nuevo estatuto que adopte criterios modernos para el nombramiento de los miembros de la Diputación”.

MÁS VALIOSO QUE EL DE LA CORONA BRITÁNICA

No se trata de una rancia batalla legal entre clericales y anticlericales, sino de algo más, ya que el santo no es solo una imagen sagrada, sino también una capilla y a su lado el llamado “tesoro de Sangennaro”, que los napolitanos pronuncian todo junto. “Un tesoro que vale más que el de la Corona británica”, informa el canal SkyNews.

Es un conjunto de objetos y joyas acumulados en los siglos, desde que en 1527 comenzó la devoción al Santo, invocado frente a las contínuas guerras, carestías y erupciones del Vesubio. Nobles y pueblo prometieron levantar un capilla al Santo y así se hizo frente a tres notarios. Firmaron los representantes de los nobles, del pueblo... y, no se sabe cómo, del mismo Santo. Compraron un terrreno al lado de la catedral ciudadana y construyeron la llamada “capilla del tesoro de San Gennaro”.

LICUEFACCIÓN DE SU SANGRE

El Santo agradece la devoción ofreciendo una licuefacción de su sangre supuestamente recogida cuando fue decapitado y conservado en un relicario. Cada 19 de septiembre el cardenal de la ciudad espera, junto al alcalde, nobles, población y televisiones, el espectáculo de la sangre que pasa de sólida a líquida. El milagro -en apariencia incomprensible- es anunciado al enorme gentío que invade el lugar y las calles adyacentes, agitando un gran pañuelo blanco. Si el proceso no se produce es considerado como un vaticinio de desgracias, pero la licuefacción también puede producirse en ocasión de acontecimientos extraordinarios, como un terremoto por llegar.

Tal es la devoción que ni siquiera durante la ocupación francesa del siglo XIX los galos se atrevieron a tocar el Santo, defendiendo el fervor con los fusiles y favoreciendo así el apoyo popular contra los expulsados Borbones. Bajo la amenaza de los fusiles, los franceses consiguieron incluso -lo relata Dumas- una licuefacción para ellos, lo que ha planteado algunos interrogantes sobre el mecanismo del “milagro”.

PROTESTA ESPONTÁNEA

“Presentaremos una denuncia”, ha reaccionado Riccardo Imperiali di Francavilla, “diputado” de San Gennaro, ilustrando que la pacífica protesta del pueblo ha sido “espontánea”. “¡Quietas las manos!”, manda decir el alcalde por los progresistas, Luigi De Magistris, invitando a que “Roma permanezca lejana de Nápoles, evitando operaciones que el pueblo no entendería”.

Fueran austríacos, franceses, ingleses, aragoneses, españoles o italianos, el pueblo napolitano se ha cobijado siempre en el “laico” Sangennaro como pararrayos de quien gobernaba. “El Santo protege a la ciudad  y a sus habitantes no porque sean buenos cristianos o fieles merecedores, sino porque son napolitanos y nada más”, escribe Roberto Saviano. “’Ha da passà ‘a nuttata” (en traducción libre: 'mañana será otro día'), recitaba el gran actor Edoardo de Filippo.