05 jun 2020

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ANÁLISIS

No es sólo Europa

Montserrat Radigales

Se ha escrito hasta la saciedad y comparto la crítica. La reacción de la mayoría de países de la Unión Europea ante la crisis de los refugiados es vergonzosa e intolerable. Las imágenes de hombres, mujeres y niños ahogándose en el mar o embarcándose en largas marchas a pie mientras los países cierran fronteras y erigen vallas para impedir su tránsito, o las deportaciones por el Ártico son indigeribles para cualquier persona de bien e ilustran el fracaso de una Europa que dice sustentarse en los valores. Se han cruzado en esta crisis muchas líneas rojas y pocas hacen sonrojar tanto como la decisión de Dinamarca de confiscar bienes a los refugiados, por las reminiscencias históricas que evoca.

Dicho todo esto deberíamos ampliar el foco. Porque la mayor crisis de refugiados desde la segunda guerra mundial no es sólo un problema europeo; es un problema global. Y conviene apuntar también hacia otros lugares. Estados Unidos no puede seguir amparándose en el argumento de la seguridad para mantener cerradas las puertas a los refugiados sirios. No llegan ni a 5.000 los que han encontrado asilo en aquel país, tradicionalmente tierra de refugio. El presidente Barack Obama se ha comprometido a aceptar 10.000 en el plazo de un año. Sigue siendo muy poco y aún así levanta ampollas. Se cuentan por decenas los gobernadores de estados de EEUU que han afirmado que no los quieren en su territorio.

¿Y qué decir de las ricas monarquías del Golfo, bañadas en petrodólares y tan dispuestas a financiar a grupos armados en Siria pero que se niegan a aceptar a un solo refugiadoaunque se trate de sus ‘hermanos árabes’?

Tampoco deberíamos exonerar a Rusia, el mayor aliado del presidente sirio, Bashar el Asad, y, como tal, uno de los grandes responsables de la tragedia. No olvidemos que el conflicto armado comenzó por la brutal represión a sangre y fuego con la que, en el 2011, el régimen de Asad se dispuso a aplastar las protestas, inicialmente pacíficas, surgidas al amparo de la denominada ‘primavera árabe’. Y que fue la ayuda rusa e iraní la que ha permitó a Asad sobrevivir, todo ellos mucho antes de que la irrupción del Estado Islámico elevara el infierno sirio a una nueva dimensión. Pero Moscú se lava las manos ante la crisis de los refugiados y rechaza incluso a aquellos que Noruega pretende devolverle porque habían entrado a través de su frontera.

Todo ello es sabido pero se dice menos. Conviene recordarlo.