La escalada entre Arabia Saudí e Irán incendia el polvorín de Oriente Próximo

La religión juega un papel central en el enfrentamiento entre Riad y Teherán

Protestas en Teherán contra la ejecución del clérigo chií Al Nimr.

Protestas en Teherán contra la ejecución del clérigo chií Al Nimr. / REUTERS / RAHEB HOMAVANDI

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MATEO TORRES / JERUSALÉN

La ruptura de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán tiene un precedente. Los dos países ya cerraron sus respectivas embajadas entre 1987 y 1991 a causa de los graves incidentes de La Meca entre peregrinos iranís y las fuerzas de seguridad saudís. En esta ocasión, sin embargo, la situación general de Oriente Próximo es mucho peor que entonces. Ahora sencillamente es espantosa.

Riad y Teherán están inmersas en un gran número de conflictos por la hegemonía regional, empezando por Yemen y acabando por Siria, pero pasando también por Irak, Baréin, que también ha roto las relaciones con Teherán, y Líbano. Cada uno de estos trances se desarrolla bajo el fondo de la religión: los saudís defienden a sus aliados sunís mientras que los iranís defienden a sus aliados chiís.

Enemistad remota

Mientras no se resuelva el problema endémico de la religión, los conflictos continuarán. La crisis de estos días sería diferente si la religión no jugara un papel tan central. La enemistad entre sunís y chiís se remonta al principio del islam. Los sectores sunís más conservadores y reaccionarios, con Arabia Saudí a la cabeza, sienten una tremenda aversión hacia los chiís que se plasma no solamente en la política exterior, sino también en la discriminación que sufre la minoría chií dentro del reino.

Los chiís son aproximadamente un tercio de la población de Arabia Saudí. Viven en la zona oriental pero están en buena parte excluidos del sistema de gobierno y sufren una segregación general que no experimenta la minoría suní que reside en Irán. Este hecho señala una gran diferencia entre los regímenes de los dos países y pone en evidencia la discriminación que practican los saudís.

En las últimas 48 horas, Riad y Teherán se han cruzado acusaciones de terrorismo. Los saudís se han referido implícitamente a Hizbulá y Hamás, y además han mencionado explícitamente el supuesto apoyo de Teherán a Al Qaeda. El respaldo iraní a Hizbolá y Hamás está fuera de toda duda, pero la acusación de Al Qaeda carece de base.

Arabia Saudí, en cambio, tiene mucha responsabilidad en el terrorismo que hay en la región, y sin duda también en el que de tanto en tanto azota Occidente, empezando por el 11 de septiembre. Teherán lo ha recordado y señalado que el terrorsmo takfiri, el más extremista, viene a ser un subproducto del régimen saudí, “que busca la solución a sus problemas internos exportándolos a la región” por medio del terrorismo.

El Ministerio de Exteriores saudí ha señalado que “Irán es el último país que puede acusar de terrorismo a nadie”. Sin embargo, el “terrorismo chií” y el “terrorismo sunní” son completamente distintos y tienen unos objetivos muy diversos. El chií ni siquiera puede calificarse propiamente de “terrorismo” y es más bien una lucha por la justicia, mientras que el suní que ha apoyado y sigue apoyando Riad pretende implantar un régimen basado en la sharia sobre todos los habitantes de cualquier país. 

El rey, sin consultar

Un hecho significativo es que el rey Salmán haya decidido la ruptura sin considerar la opinión de Estados Unidos. Es significativo porque abunda en la idea de que el nuevo monarca, coronado el año pasado, adopta sus decisiones por libre, al menos en gran parte, y parece haber resuelto que nadie va a defender sus intereses mejor que él mismo, y esto le ha conducido a llevar una política más agresiva en la región.

El potencial económico de los saudís es enorme, aunque la fuerte caída del precio del crudo en los últimos meses ha representado un revés importante para la economía del país, y se ya se habla de reducciones significativas en las ayudas y subvenciones que recibe el conjunto de la población. Según algunos expertos, las reservas de divisas saudís garantizan la estabilidad del reino durante los próximos ocho años.

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Irán, el poder regional chií,  y Arabia Saudí, suní, disputan una carrera histórica por extender su influencia en Oriente Medio, que se ha acelerado en los últimos años. Las guerras en Irak y en Siria y las primaveras árabes han abierto las puertas a cambios en el statu quo regional y ambos potencias rivalen han visto la oportunidad de extender su hegemonía. 

No ha habido conflicto en la región últimamente en que Arabia Saudí e Irán no hayan estado presentes en posiciones en enfrentadas. Cuando estallaron protestas chiís en Baréin, Arabia Saudí enivó tropas en apoyo de la monarquía suní. En Siria, Irán apoya al régimen de Bashar al Asad mientras Riad armó y apoyó a los rebeldes que buscan derrocarlo. En Yemen, Riad lidera la campaña de bombadeos contra los rebeldes hutís (chiís).