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Gente corriente

"No recibimos ninguna oferta de Lufthansa"

Núria Navarro

El 2015 será imposible de borrar. Su único hijo, Robert, de 36 años, fue uno de los 149 pasajeros del vuelo 9525 de Germanwings que Andreas Lubitz estrelló en los Alpes. A Robert Oliver (Nueva York, 1942), profesor de inglés jubilado, y Maribel Calvo (Carcasona, 1943) les queda el consuelo de la fe. Son testigos de Jehová y tienen esperanza de volver a verle cuando venga el reino de Dios.

-M.C. Siempre pensé que perder un hijo era lo peor que podía pasar. Y lo hemos pasado.

-R.O. Cuando recibí la noticia participaba en nuestra labor educativa, de casa en casa, animando a personas que pasaban por trances duros. Cuando Maribel me llamó, la animé a confiar en las promesas bíblicas de su resurrección. Y me invadió la paz de Dios.

-¿Piensan encontrarle en la otra vida?

-R.O. No, en la Tierra. Los testigos de Jehová creemos que cuando venga el reino de Dios los muertos resucitarán.

-¿No flaquean nunca?

-R.O. No nos recreamos en los últimos 8 o 10 minutos de su vida, del choque final. Preferimos pensar en los 36 años que hemos disfrutado de él. Su viuda dijo públicamente que le habían sabido a poco los 11 años de casados y que era un padre ejemplar. Ella también comparte nuestra esperanza.

-Fue el acto de un loco.

-R.O. El fiscal Brice Robin nos dijo que aceleró al acercarse a las montañas. Iba a 645 millas por hora. Un asesinato premeditado.

-Según su fe, ¿le guió el maligno?

-R.O. No directamente. El copiloto forma parte de una sociedad humana alejada de Dios. En el principio Dios era el soberano del universo, pero hubo un ángel que se volvió imperfecto y animó a Adán y Eva a independizarse de Dios. Desde que los hombres se han autogobernado las cosas van peor. Pero muy pronto no existirá lamento ni dolor.

-¿Perdonan ustedes a Lubitz?

-M.C. El juez será nuestro creador. Nos compadecemos de sus padres, por haber tenido un hijo que ha matado a 149 personas. No podemos imaginarnos cómo se sienten.

-En junio llegó el avión con los restos.

-R.O. Desde París nos informaron de que los 149 pasajeros quedaron reducidos a 30.000 restos humanos. Los de nuestro hijo vinieron en una caja de zinc que guardamos en casa. Nos aseguraron que eran los suyos.

-¿Se han sentido cuidados?

-R.O. No nos ha llamado nadie. En una entrevista que el presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, dio a la CNN el pasado junio dijo que estaban al tanto del estado psicológico de sus pilotos. Eso no encaja con la información del fiscal: el copiloto había acudido a un total de 41 médicos generalistas, oftalmólogos, psiquiatras... También dijo que se ocuparía de los familiares.

-¿Y no ha sido así?

-R.O. Ni mi nuera ni nosotros hemos recibido ninguna oferta de indemnización. A todos nos dieron un avance de 50.000 euros para pagar el entierro.

-¿Se comprometieron a más?

-R.O. Los representantes de Lufthansa hablaron de 140.000 euros, incluso de 318.000. En Alemania han ofrecido 25.000 por fallecido y 10.000 para el heredero, y lo han rechazado por parecerles un insulto. Aún no hay ninguna decisión judicial sobre la responsabilidad de Lufthansa. En todo caso, el dinero es para el futuro de sus hijos. Nosotros tenemos la esperanza.

-Es envidiable disponer del apoyo de la fe.

-M.C. Tenemos nuestros momentos... Nos mantiene estar ocupados en la obra educativa y la esperanza de verle. El otro día mi nuera recuperó el anillo de Robert, bastante doblado. «Lo llevaré a arreglar para dárselo cuando vuelva», dijo.

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