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Europa, bajo presión

La crisis de los refugiados y el terrorismo ponen a prueba a los Veintiocho

Estados Unidos finiquitará la era Obama con la elección de su sucesor

Marta López

Un grupo de refugiados llega a la isla griega de Kos, el pasado agosto.

Un grupo de refugiados llega a la isla griega de Kos, el pasado agosto. / AP / ALEXANDER ZEMLIANICHENKO

En una primera mirada, dos grandes círculos en rojo destacan en el calendario del año: las elecciones estadounidenses que se celebrarán el 8 de noviembre –espectáculo mediático global por excelencia– y el más que probable referéndum sobre la permanencia británica en la Unión Europea que David Cameron querría celebrar entre junio y julio. Pero sin restar excepcionalidad a estos acontecimientos, dos fenómenos que han llegado para quedarse –la crisis de refugiados y el terrorismo–, van a marcar la agenda y a imprimir un sello decisivo en la construcción y configuración de una Europa ya tocada por la crisis del euro y las huellas y la profunda división que esta que ha dejado.


Más de 60 millones de personas han recibido el 2016 alejadas forzosamente de sus casas por las guerras, la violencia, la persecución política y por las violaciones de los derechos humanos, sin que nada haga  pensar que se pueda invertir un éxodo que se ha disparado en el 2015 con récord absoluto de desplazamientos, la mayor parte con origen en Siria. Y esa tendencia no se frenará mientras dure la guerra en ese país, que en marzo va cumplir cinco años. Por lo tanto, Europa deberá prepararse para lidiar con nuevas llegadas cuando aún no ha solucionado la acogida del millón de personas que en el 2015 pisaron suelo europeo.  

Respuesta pobre e insuficiente

El compromiso sellado hasta ahora es solo para reubicar a 160.000 de estas personas en dos años; apenas unas decenas han sido trasladadas ya. A la vista de una respuesta claramente pobre e insuficiente, la UE deberá aportar nuevas soluciones a una crisis de consecuencias humanamente dramáticas, que constituye un desafío incluso mayor que la crisis económica que en los últimos años ha golpeado el continente. Para antes del verano se espera que entre en funcionamiento un inédito cuerpo de guardias fronterizos de despliegue rápido.

¿Abrir más las puertas o levantar nuevos muros? Ese seguirá siendo el debate, junto a otro que regresa con fuerza: ¿Seguridad a costa de libertad? Tras los brutales zarpazos terroristas del 2015 y la intensificación de los bombardeos contra el Estado Islamico (EI) en sus feudos, la amenaza yihadista pende con más fuerza que nunca sobre una Europa en estado de psicosis y preparada para recibir nuevos golpes de un Estado Islámico que ha demostrado tener una fuerza letal atroz. 

Los atentados de noviembre en París dejaron al descubierto fallos de seguridad que imponen ahora una mejor coordinación europea para hacer frente a una amenaza que va a permanecer en el tiempo. Atacar las fuentes de financiación del terrorismo es el otro reto, mientras los estados robustecen su aparato policial y de seguridad. Tras años de oposición, el Parlamento Europeo se dispone a dar luz verde a la creación de un registro de datos de pasajeros, medida a la que los eurodiputados habían opuesto férrea resistencia por considerar que era una violación del derecho a la privacidad de los ciudadanos.

Caen los tabús 

Caído este tabú, nuevas presiones se dirigirán hacia el espacio Schengen. La combinación de la llegada masiva de refugiados con la infiltración en Europa de yihadistas provenientes de Siria e Irak ha puesto en el punto de mira la libre circulación de personas de la que disfrutan los europeos. Austria ha prometido levantar una valla fronteriza con Eslovenia, una más en Europa, pero la primera entre dos países del espacio Schengen, uno de los símbolos del proyecto de integración europea. Un proyecto amenazado también por el referéndum que prepara Cameron, para decidir si mantiene o no a su país en la UE.

El dirigente ha salido fortalecido del último consejo europeo, en el que planteó sus exigencias a sus socios, que pasan por frenar la entrada en el Reino Unido de personas de otros países europeos. Solo así, el primer ministro hará campaña a favor de la permanencia. Los veintisiete se han dado de plazo hasta febrero para llegar a un acuerdo con Londres. Habrá que esperar hasta entonces para ver si están dispuestos a asestar otro golpe mortal a una de las grandes conquistas de la Unión. No será la primera vez que se atiende la excepcionalidad británica.

En febrero empieza también el gran espectáculo americano. Iowa abrirá el ciclo de primarias y caúcuses en los que una docena de candidatos republicanos y tres demócratas se disputarán la nominación para convertirse presidente de Estados Unidos en sustitución de Barack Obama. Dos nombres brillan a estas alturas con luz propia: el extravagante magnate Donald Trump, gran favorito contra todo pronóstico entre los republicanos, y Hillary Clinton, en los demócratas. 

Si así se mantiene el duelo final en noviembre, es altamente probable que una mujer sea elegida por primera vez presidenta de Estados Unidos. Ocho años después que un negro le ganara el pulso y llegara por primera vez a la Casa Blanca, Clinton sí puede ahora.

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