09 jul 2020

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Secuelas de la represión en Argentina

Argentina encuentra al nieto 119

Abuelas de Plaza de Mayo localizan a Mario Bravo, que actualmente tiene 38 años

Su madre, que no fue asesinada después del parto vive todavía

ABEL GILBERT / BUENOS AIRES

 Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, abraza a Mario Bravo, ayer en Buenos Aires.

 Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, abraza a Mario Bravo, ayer en Buenos Aires. / REUTERS / MARCOS BRINDICCI

En cada historia de un nieto recuperado se despliega una forma diferente del dolor. Las circunstancias de su apropiación durante la última dictadura militar (1976-83) y del encuentro con la verdad son por lo general distintas. A los 38 años,  Mario Bravo no solo ha descubierto quién es realmente. También sabe que su madre es una de las escasas excepciones a la regla del horror: ella no fue asesinada, siempre lo esperó y cuenta las horas que faltan para abrazarlo. “La verdad es que nunca pensé que iba a encontrarla”, dijo. Su caso es atípico pero no el único. Hubo otros cinco hijos que recuperaron su identidad robada por el terrorismo de Estado y se reencontraron con sus padres biológicos.

Bravo, el nieto 119 hallado por las Abuelas de Plaza de Mayo, vive en la ciudad de Las Rosas, en la provincia de Santa Fe, a unos 600 kilómetros de la capital argentina. Su madre, en cambio, nunca salió de Tucumán, la provincia norteña donde la represión tuvo inenarrables ribetes de crueldad: allí funcionó el primer centro de detención y tortura. Él fue arrancado de sus brazos apenas nació. Los militares ni siquiera le permitieron saber a la madre si su hijo era nena o varón.

El banco de datos genéticos

“Le pusieron una capucha y no me vio”, reveló Bravo. Esa duda la acompañó por décadas. El rompecabezas pudo armarse después del trabajo realizado por las Abuelas junto con el Banco Nacional de Datos Genéticos y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), dos instituciones cuya continuidad no está garantizada desde el 10 de diciembre cuando asuma el Gobierno de derechas.

Treinta y ocho años más tarde, Mario “sabe” que, tras el secuestro de su madre y posterior encarcelamiento por siete años, los que duró la dictadura, sus hermanas mayores corrieron distinta suerte. “A una la crió una vecina y la otra fue a un orfanato”. La madre rehizo su vida al salir de la prisión y tuvo otros cuatro hijos. “Me ha contado que vivió amenazada después de recuperar la libertad. La obligaron a mantener silencio sobre lo que había ocurrido”.

Hace ocho años, la madre reunió el coraje suficiente para despojarse del temor e inició la búsqueda. Primero fue a la sede de las Abuelas. Luego donó su sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos. La Conadi pudo abrir una investigación compleja, de resultados estremecedores. En agosto pasado, Bravo recibió un llamado. Le contaron que su apellido conducía a la Tucumán castigada. Hubo pruebas y contra pruebas. Y así se pudo llegar a la verdad. Bravo la sabe hace menos de dos semanas. Ha tenido días vertiginosos, inolvidables. Todavía se eriza al evocar el momento en que recibió las primeras fotos de ella. Dice que sus padres adoptivos “también fueron engañados” por los militares al adoptarlo. “Ellos jamás imaginarían esto”. 

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