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Guerra de religiones en la República Centroafricana

Los enfrentamientos entre la milicia musulmana Sélekas y la antibalaka cristina sumen al país africano en una orgía de violencia

Montse Martínez

Niños esperan la llegada del Papa Francisco en un campo de refugiados en Bangui controlados por soldados de Naciones Unidas.

Niños esperan la llegada del Papa Francisco en un campo de refugiados en Bangui controlados por soldados de Naciones Unidas. / AFP / GIUSEPPE CACACE

Aunque cueste creerlo, viendo la incesable violencia atroz entre milicias rivales, la República Centroafricana atraviesa, sobre el papel, un proceso de paz. Sobre el terreno, sin embargo, la sangre, ya sea cristina o musulmana, corre a raudales fruto de un enfrentamiento con poso religioso. El país africano, considerado como separador entre el norte del continente negro, musulmán, y el sur, cristiano, sigue en guerraAsesinatos sumarios, violencia desgarradora y más de un millón de población desplazada lo constatan.

Igualmente, dentro de sus fronteras, el norte del país es feudo musulmán -los musulmanes constituyen el 10% de la población- y el sur, cristiano. Bangui, la capital, reflejo de la división del país, está dominada por las fuerzas gubernamentales cristianas pero tiene un barrio, el PK5, convertido en un gueto musulmán que hace las veces de prisión al aire libre ya que sus vecinos no pueden salir a riesgo de ser asesinados.

En marzo del 2013, un grupo armado de mayoría musulmana conocido como Sélekas perpetró un golpe de Estado que sacó del poder al presidente François Bozize con el argumento de estar incumpliendo los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra civil (2004-2007). A finales del mismo año, nacían las milicias antibalaka, que no son otra cosa que milicianos cristianos dispuestos a recuperar el poder.

Ambos bandos han dado rienda suelta, por igual, a toda serie de atrocidades durante tres años. Los muertos se cuentan por miles y el 20% de la población, cifrada en 4,5 millones de personas, ha tenido que dejar sus casas a riesgo de perder la vida.

POBRE Y VIOLENTO

Hace poco más de medio año, en mayo del 2015, se firmaba un acuerdo de paz que llevaba implícito el desarme de milicianos de ambos bandos y su integración en distintos cuerpos de seguridad. Pero la sangre sigue derramándose en la República Centroafricana, uno de los países más pobres y violentos del planeta a pesar de poseer recursos naturales como orodiamantes y uranio.

En este contexto, la comunidad internacional está representada por una operación de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas (MINUSCA). Soldados españoles forman parte de esta representación.